Un golpe con olor a litio | Contexto semanal 06.24 V.3

los presentes sucesos son un compilado arbitrario y caótico de los tiempos que se vienen.

Hoy en Geopolítica y Actualidad Nacional escriben Marco Stiuso y Ariel Duarte. 

1 | Gato por liebre

2 | Contra la chapa china

3 | Salvar a la banca

4 | Los esquemas de salida

5 | Corazones argentinos


1 | Gato por liebre

La semana pasada, la mirada geopolítica apuntó a la cumbre por Ucrania realizada en Suiza, donde Occidente realizó, economizando los esfuerzos, un gesto simbólico y muy acotado a Zelenski.

Ahora, el foco se corre hacia Putin y su visita a Corea del Norte y Vietnam. Queda claro que el mundo no termina en los espacios institucionales diseñados por el viejo occidente, y resulta ilógico creer en un real aislamiento de Rusia, que tiene varias puertas abiertas en lo geopolítico y comercial.

La visita del presidente ruso a Pyongyang es la primera desde el año 2000, y ocurre justo después de la reunión del G7 y la cumbre en Suiza. En medio de paseos y obsequios de autos de lujo, Putin anunció que las relaciones entre el Kremlin y el régimen de Kim Jong-un alcanzaron un nivel “sin precedentes”, mientras que el coreano celebró esta “visita de especial relevancia”.

Materializando el acercamiento, se firmó un acuerdo entre ambos países que incluye el compromiso de defensa mutua en caso de agresión hacia cualquiera de ellos. Esto, siguiendo los dichos del propio Putin, se enmarca en un “acuerdo de asociación integral”.


Este hecho hizo sonar varias alertas. Una de ellas sonó en Corea del Sur, donde el Ministro de Defensa criticó el acercamiento, amenazó con enviar armas a Ucrania y sumó tensión al informar que el Kremlin había recibido casi 10.000 contenedores de material bélico norcoreano. Esta información fue respaldada por la Agencia de Inteligencia de Defensa de Washington, que aclaró que se trataban de misiles balísticos y proyectiles de artillería. Por su parte, el Directorio de Inteligencia de Ucrania agregó que al menos la mitad del armamento era defectuoso.

Instantáneamente, se sumó Japón a la escena, y junto con Corea del Sur y Estados Unidos publicaron un comunicado oficial condenando “en los términos más enérgicos” el acuerdo entre Rusia y Corea del Norte, destacando “las continuas transferencias de armas a Rusia que prolongan el sufrimiento del pueblo ucraniano, violan múltiples Resoluciones del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas y amenazan la estabilidad tanto en el noreste de Asia como en Europa”. 

Finalmente, los tres países ratificaron la “intención de fortalecer aún más su cooperación diplomática y de seguridad para contrarrestar las amenazas que representa Corea del Norte a la seguridad regional y global”. Por fuera de este comunicado, el viceministro de relaciones exteriores de Corea del Sur afirmó que “en respuesta a las amenazas de Corea del Norte, hemos acordado fortalecer la sólida alianza entre Corea del Sur y Estados Unidos y la cooperación en materia de seguridad”. 

A las promesas de alianzas defensivas se suma el otro gran hecho geopolítico de la semana. El portaaviones estadounidense USS Theodore Roosevelt llegó a las costas de Corea del Sur para participar de maniobras militares tripartitas, de las que también formará parte Japón.


Hasta aquí, así como en la gran mayoría de los medios internacionales, no se ha nombrado al principal perdedor de esta situación: China. Inestabilidad política, máxima tensión y un portaaviones yankee en las costas del Mar Amarillo se suman al historial de Taiwán. 

Por otro lado, China vió una demostración de cómo Kim Jong-un, que se ha presentado relativamente cercano a Pekín, comienza a priorizar a Moscú. Quizás sea por los beneficios que ofrece el Kremlin, o quizás sea también por entender la verdadera disputa de nuestros tiempos, que es contra China. De lo que sí tenemos certeza es que, aunque China sea el mayor socio comercial de Rusia y Corea del Norte, siempre ha bregado siempre por la estabilidad en la península de Corea, cosa que hoy parece lejos.

En este marco, Putin siguió su viaje con rumbo a Vietnam, país al que Moscú ha provisto de armamento durante décadas, desde los estrechos vínculos de la Unión Soviética con el Partido Comunista de Vietnam. La relación comercial bélica sigue siendo la principal para el país del Sudeste Asiático.

Siguiendo la misma lógica de la visita a Pyongyang, se avanzó en una “asociación estratégica integral” que prevé asistencia mutua en caso de agresión, sumado a una “cooperación técnico-militar” en el marco de un “interés mutuo en la creación de una arquitectura de seguridad confiable y adecuada en Asia-Pacífico” según el presidente ruso. Sin embargo, en este caso, el acercamiento va mucho más allá.

El resultado del encuentro entre Putin y el presidente To Lam fue una decena de acuerdos de distinta naturaleza. Incluyen cooperación en educación, ciencia y tecnología y salud, con proyectos en territorio vietnamita. Se alcanza también el plano financiero, con la firma de un acuerdo entre la gestora de activos vietnamita BVIM y el Fondo Ruso de Inversión Directa.


Sin embargo, lo más importante para la geopolítica del Nuevo Orden Internacional quizás sean los acuerdos en relación a la exploración de gas y petróleo. Se firmó un memorándum de entendimiento para la cooperación entre la empresa estatal Petrovietnam y Novatek, el mayor productor de gas natural de Rusia. Además, la compañía nuclear estatal rusa Rosatom planifica un centro para la energía y las tecnologías nucleares en Vietnam.

La implicancia geopolítica de la cooperación energética se da en el plano marítimo. La tecnología rusa que permite la exploración petrolífera en las costas de Vietnam da argumento al país en sus disputas en el Mar de China Meridional. Nuevamente, el último interés afectado es el de Pekín.

En este caso, se trata de un país con mayor diversidad en su política internacional, comparado con Corea del Norte. El año pasado, tanto Biden como Xi Jinping fueron recibidos en Hanói, la capital de Vietnam. Sin embargo, la preocupación por la visita de Putin se hizo presente en Washington, justo en el marco del viaje de Daniel Kritenbrink, el Secretario de Estado para Asia y Pacífico, que llegó a Hanói al día siguiente de la visita del presidente ruso para “subrayar el fuerte compromiso de Estados Unidos con la alianza estratégica con Vietnam y para trabajar en el fomento de una región libre y abierta”.


Previamente, la embajada yankee en Hanói había criticado al gobierno vietnamita por alojar a Putin unos días después de la cumbre en Suiza, alegando que “ningún país debería darle a Putin una plataforma donde promover su guerra ni permitirle normalizar sus atrocidades”.

Esta semana, las idas y vueltas fueron varias. Aparte de la visita del funcionario de Washington, el ministro de planificación e inversión de Vietnam viajó a Estados Unidos este lunes para abordar temas de cooperación económica. En un comunicado, el Departamento de Estado de EEUU anunció que la agenda con el ministro vietnamita abordaría la seguridad económica, el clima de negocios, la economía digital, energía y minerales. Esto se enmarca en una relación comercial entre ambos países de U$S 124 billones, siendo Vietnam el noveno socio de Washington en el intercambio de bienes.

En este caso, sin el involucramiento del vector militar ni acuerdos de defensa, Estados Unidos tiene en claro su gran misión: acorralar a China. Por eso, la visita de Putin a Corea del Norte fue el caldo de cultivo para la nueva militarización de la península, y el acercamiento con Vietnam alertó a Washington, que no quiere perder ni un centímetro de presencia en las aguas linderas al gigante asiático.

El entendimiento de la principal disputa del Nuevo Orden Internacional no debe empañarse por las tensiones coyunturales. La batalla que se presenta como “Occidente vs. Rusia” no es más que una escena secundaria de la conformación de una nueva era que se define entre Occidente y China. Que un árbol no tape el bosque.


2 | Contra los fierros chinos

El mandato de Donald Trump fue un antes y un después en la historia mundial. Los efectos del neoliberalismo y la socialdemocracia a lo largo y ancho del mundo generaron el malestar que regó el suelo para que crezcan los vectores nacionalistas e industrialistas, y el presidente yankee fue el pionero de la nueva era, poniendo fin a la globalización del consenso de Washington.

La administración Biden trajo consigo un cambio importante en la política internacional, que abrió nuevos conflictos y catalizó los existentes. Con los casos de Afganistán, Ucrania y el Valle del Jordán alcanza y sobra. 

Pero, como siempre, se debe prestar principal atención a la disputa de primer orden con China. Biden no restó importancia a lo que ya es una cuestión nacional para Estados Unidos, transversal a demócratas y republicanos. Lo que sí ocurrió fue la incorporación del elemento militar a la escena, con el fortalecimiento de la alianza AUKUS y los movimientos en aguas cercanas a China.

En materia comercial, la guerra con China continúa firme, y el estandarte para Washington es la defensa de la industria y el trabajo nacional. El fin del globalismo neoliberal se materializa con la decadencia de su máxima expresión: los acuerdos de libre comercio.

Cuando en la década del 2000 el promedio de acuerdos de libre comercio en el mundo era de trece por año, en 2023 se firmaron sólo tres. Ni Donald Trump ni Joe Biden firmaron un solo nuevo acuerdo comercial en sus mandatos.

Ahora bien, si el Nuevo Orden Internacional tiende al fomento y cuidado de cada Nación por su industria, y la gran batalla es EEUU vs China, veamos qué ocurre entre ellos con “la industria de industrias”, que es el acero.

Como ocurre con distintos rubros de su industria manufacturera, China tiene una sobreproducción de acero, y la manera de gestionar este escenario es incurrir en las prácticas del globalismo imperialista.

En este sentido, el subsidio del Estado chino a las exportaciones para la práctica del dumping a lo largo y ancho del mundo se ha vuelto un hábito en Pekín. La ecuación es fácil: el Estado amortigua las ventas a pérdida por precios ampliamente menores al de mercado en el país de destino, con un fin claro: destruir la industria nacional y lograr las ganancias en el mediano y largo plazo.

Tanto Trump como Biden lo saben, y desde la imposición de aranceles adicionales del 25% al acero chino en 2018, el cierre de fronteras a la chapa que llega desde Asia se ha mantenido.


Los efectos de la defensa de la industria norteamericana derraman sobre todo el continente. China necesita ubicar su excedente de producción a toda costa, en cualquier esquina del mundo. En ese contexto, las víctimas elegidas por Pekín son los países Latinoamericanos que aún mantienen viva su tradición industrial: México, Brasil, Argentina y, en menor medida, Chile. Los cuatro países son productores de acero, y el mismo se utiliza a gran escala tanto para la construcción como para la industria manufacturera.

Para tomar dimensión de la situación de China, en 2022 la producción de acero superó las 1.015 millones de toneladas, mientras que el consumo apenas superó las 900 millones de toneladas. La misión del estado es reubicar esa diferencia de producción. Es por ello que el gigante asiático aumentó su participación en el mercado mundial del acero de 15% a 54% en dos décadas.

La contraparte de este escenario es América Latina, donde el consumo de acero creció durante el año pasado, mientras que la producción cayó entre el 4,3% y el 7,5% según el tipo, siguiendo a la Asociación Latinoamericana del Acero (ALACERO).

Por otro lado, el dumping es un actor presente en el continente, y su principal ejecutor es China. 43 de las 66 resoluciones antidumping vigentes en Latinoamérica relacionadas al acero hasta 2022 son contra China. El año pasado, informa ALACERO, las importaciones  crecieron un récord de 44%, superando las 10 millones de toneladas cuando, dos décadas atrás, China exportaba apenas 85.000 toneladas a la región.

El dilema de nuestros tiempos es, entonces, la tensión entre la industria y el trabajo nacional vs la amenaza roja. Brasil, México y Chile han comprendido la situación.

En Brasil, las importaciones de acero chino durante el año pasado crecieron un 50% , mientras la producción local cayó 6,5% según el Instituto Aço. La situación es crítica: Gerdau, una de las mayores siderúrgicas del país, ya despidió a 700 trabajadores. 

Ante este escenario, el gobierno brasilero aplicó un impuesto de hasta el 25% a 11 productos siderúrgicos, que se cobrará a aquellas operaciones cuyo volúmen que supere el nivel de importaciones registrado en los últimos años. Si eso no ocurre, el gravámen será del 10,8%. El propio vicepresidente Geraldo Alckmin declaró que “se trata de una medida de protección del empleo”.

A fines del año pasado, el Instituto Aço de Brasil advirtió que los efectos de las importaciones ya realizadas, más las posibles futuras operaciones, llevarían a nuevas paralizaciones de plantas siderúrgicas brasileñas, con un impacto directo en el nivel de desempleo. La causa de esta situación sigue siendo principalmente China, que representó el 53.6% de las importaciones de enero a marzo de este año.

En México, la situación es similar. A fin del año pasado decidió implementar el 25% de aranceles a la importación de acero y, en el caso particular de las láminas de acero provenientes de China, el arancel se llevó al 80%, lo que ayuda a tomar dimensión de los precios subsidiados con los que llegan los chinos.

En el caso de Chile, la crisis del sector llevó a la suspensión de operaciones en la Siderúrgica Huachipato, golpeada por la ola de acero chino que llega al país con un precio un 40% por debajo del local. Cabe destacar que la Siderúrgica Huachipato tiene 73 años de historia y  la situación puso en riesgo a más de 20.000 personas. Sin embargo, el gobierno chileno tomó cartas en el asunto y fijó derechos antidumping del 24,9% para las barras de acero y del 33,5% para las bolas de molienda. Ambas medidas fueron solicitadas por la Siderúrgica.

Nuestro caso es distinto. El predominio de Techint y Acindar se sustenta en el cierre de las fronteras para el acero chino. No obstante, el modelo de timba, especulación y renta lleva a que Acindar corra la misma suerte que sus pares latinoamericanos al suspender sus actividades por un mes por la baja de ventas en un 40%.


Para las industrias manufactureras de nuestra Patria, los altísimos costos del acero para la industria argentina, que en algunos casos supera en un 50% a los de Brasil, amenazan la competitividad de nuestras empresas. En muchos rubros, el principal verdugo no es China, sino Brasil, que para colmo devaluó su moneda un 12% esta semana.

Sumando la paralización económica general, con el marco de un gobierno que descree de la generación de valor agregado como eje central del desarrollo, la situación se agrava a tal punto que en algunos sectores se comienza a hablar en off de la necesidad de abrir la importación, teniendo una historia siderúrgica centenaria nacida al calor del gran General Savio y fuentes de energía abundante y barata como en pocas partes del mundo.

¿Cómo puede ser posible que en un país que tiene enormes yacimientos de gas natural y petróleo, y una vasta tradición siderúrgica, se estén debatiendo estas medidas? De ninguna manera puede aceptarse la destrucción de nuestra industria, ni por los altos costos de los oligopolios locales, ni mucho menos por la invasión de los productos foráneos. 

Hoy, el mundo tiende cada vez más a la reindustrialización de las naciones con historia manufacturera. Las aduanas se cierran y nadie se escandaliza en los tribunales internacionales. Es el momento para que la energía barata puesta al servicio de la industria siderúrgica local lleve a una Argentina Industrial.


3 | Salvar a la banca

Siguen las negociaciones entre el Banco Central, el Ministerio de Economía y la banca privada que opera en Argentina, con un organismo internacional que intenta mojar la medialuna: el Fondo Monetario Internacional. 

El problema es el esquema económico que se propuso desde la política económica del nuevo gobierno, que si bien en un principio fue vendido ante las entidades financieras como la posibilidad de salvar su patrimonio del desastre inflacionario, a los pocos meses de gobierno la banca ya quiere hacer las valijas y explotar la burbuja. 

Todo comenzó con el triunfo del ballotage, semana luego, quien había sido anunciado como futuro jefe económico del nuevo gobierno, Luis Toto Caputo, se reunió con los principales representantes de los bancos privados y sumó a Santiago Bausili, quien era socio de su consultora y era preanunciado como futuro presidente del Banco Central. En aquel mitin les anticiparon cómo iba a funcionar el esquema y la política que iba a implementarse tanto desde el Central como Economía, con una coordinación carnal ajena al espíritu liberal de independencia de la entidad monetaria. 

La promesa de campaña de dolarizar fue lo primero que se desterró, junto con el cierre del Banco Central. La excusa era la imposibilidad de cerrar una entidad que tenía una descomunal deuda en pesos (leliq y pases) y en dólares (lediv e importaciones), tras una década de haber acumulado endeudamiento en forma adictiva desde el aumento de las tasas de las Lebac en 2014, el boom de la bicicleta financiera desde 2016 a 2018 y la posterior escalada de tasas desatada desde 2019 hasta 2023. Tras la derrota electoral, el ex presidente del Banco Central, Miguel Pesce, había decidido convertir la deuda de 7 o 30 días a un día. Desaparecían la «bola» de las Leliq y se la reemplazaba por la «bola» de los Pases.

Cuando hablamos de suba o baja de las tasas, nos referimos en definitiva al precio del dinero, que es la «mercadería» que comercializan los bancos, sea para prestar o para tomar depósitos a plazo. Al no poder venderse la plata, lo que se comercializa es el plazo de devolución a un determinado porcentaje de interés a pagar. El problema es que los bancos en los últimos diez años dejaron de prestarle al público, es decir, a los trabajadores y las empresas, y pasaron a prestarle principalmente a otro banco, el Central, todo para evitar que la acumulación de pesos en la economía no se trasladara al mercado. 

La promesa del nuevo equipo económico era que si los bancos desistían de colocar la plata en instrumentos financieros ofrecidos por el Banco Central, desde el Tesoro Nacional, que maneja el Ministerio de Economía, les iban a ofrecer títulos de crédito para que no perdieran el negocio. 

Cumplieron los primeros meses, tal es así que los bancos fueron las principales acciones -por no decir las únicas- que obtuvieron rendimientos superiores a la inflación desde la asunción del nuevo gobierno, al igual que los bonos de deuda que comercializa el Tesoro Nacional y colocó compulsivamente en el sistema financiero. 

Ahora bien, luego de un verano de ganancias extraordinarias, todo jugador quiere retirarse o pedir garantías para que no se esfume el rendimiento obtenido. 

Este es el nuevo capítulo que le toca atravesar al Banco Central y al Ministerio de Economía. Estos en las últimas semanas mantuvieron un ida y vuelta con los bancos y con el Fondo Monetario Internacional, que de ninguna manera simpatizan con la burbuja financiera que se orquestó alrededor de la banca privada local. Ya que el único respaldo de los depósitos de los trabajadores y de las empresas son títulos de deuda de un sector público desfinanciado y sin posibilidad de endeudarse en el extranjero. 

Naturalmente, el Fondo se preocupa en tanto es el propio gobierno quien ahora pretende volver a tomar un crédito del organismo internacional. 

Por su parte, los bancos solicitaron al Tesoro y al Banco Central que se instrumenten seguros de cambio para seguir prestando el dinero de los depositantes al sector público, como posibilidad de cobertura para evitar una eventual corrida bancaria con algún tipo de devaluación. 

El FMI en una de sus revisiones pidió en forma expresa que se dejaran de emitir instrumentos atados al dólar o a la inflación, es decir, indexados, aunque el Ministerio de Economía desoyó la recomendación y ayer volvió a emitir deuda atada al dólar.

En definitiva, desde el Ministerio de Economía saben que Argentina corre más riesgo de que los bancos dejen de prestarle plata, a que el FMI le suelte la mano, lo cual significaría a su vez una crisis financiera de escala internacional. 

Pese a todo, los trabajadores y las empresas de nuestra Patria observan desde la tribuna cómo el sector financiero todavía parecería ser el único motivo posible en las decisiones de la política. 


4 | Los esquemas de salida  

Argentina se enfrenta a la salida de un ciclo económico que comenzó en 2014 y todavía intenta sobrevivir al propio desastre que se autogenera. 

Hablamos del ciclo de timba, especulación y renta en el cual nos metimos a partir de la devaluación del 20%, allá a comienzos de 2014, que obligó luego a subir la tasa de interés, aumentó el precio de la energía, de los alimentos, y dio por terminado el ciclo de producción y trabajo que se había iniciado tras la crisis de 2001. 

En este ciclo cuyas últimas páginas transitamos, en la jerga económica solo se habla del riesgo país, del precio del dólar, de la tasa de interés, de la deuda, del déficit, pero nunca de la recuperación del poder adquisitivo del salario, de la industria, de nuevas fábricas o de la creación de puestos de trabajo en el sector privado formal. 

Tras la asunción el último gobierno, se configuró una crisis administrada por la propia política económica, que buscaba pasar la deuda del Banco Central al Tesoro Nacional, bajar la inflación mediante la licuación de los ingresos populares y del recorte del gasto, aunado a una mega devaluación que posibilitara el ingreso de divisas crocantes del sector exportador. 

Sin embargo, los cálculos del timbero a cargo de la política económica salieron mal. La licuación de los ingresos, en un país cuyo mercado interno ocupa alrededor del 70% de la economía, derivó en una depresión económica, nadie vende y nadie compra, las industrias suspenden turnos o recortan personal, mientras que los jubilados optan entre alimentos y medicamentos para sobrevivir. 

En el último informe del propio Indec, se anunció el crecimiento del desempleo que poco a poco camina hacia los dos dígitos, la caída abrupta del producto bruto interno (toda los los ingresos que se generan en el país), la caída en el consumo popular y un empeoramiento de la distribución del ingreso del coeficiente GINI. Actualmente, el 10% de los hogares concentra el 27% del ingreso nacional. 

Mientras tanto, el índice que también preocupa es el de la presión sobre el mercado laboral, en tanto pasó del 26,9% al 29,5%, donde no sólo conviven desempleados, sino también personas que trabajan pero necesitan otro empleo para poder sobrevivir. 

Los agujeros, como bien saben hacer los timberos, fueron ocupados por nueva deuda, en lo que va del año el gobierno se endeudó por lo mismo que nos endeudó Mauricio Macri en los dos primeros años de su gestión, que había sido la más endeudadora de la Historia Nacional. 

A pocos días de cumplirse 200 años del primer empréstito con la Banca inglesa Baring Brothers firmado por Rivadavia, nuestro primer gran cipayo, el Ministerio de Economía hizo caso al pedido de los bancos privados que solicitaron un seguro de cambio para dejar de ser acreedores del Banco Central para pasar a serlo del Tesoro. Así es que volvió a emitirse nueva deuda atada a la cotización del dólar, denominada «Dólar Linked», una cuestión que no sólo el Fondo Monetario Internacional había pedido que no se hiciera, sino que la sana política económica debe evitar, indexar la deuda pública a variables que no manejamos. 

¿Por qué no manejamos la variable del dólar? Porque es una moneda que se imprime en Estados Unidos y es utilizada por casi todo el mundo para la transacción de bienes y servicios, y se constituye como la principal moneda de la canasta que utiliza el FMI para la regulación monetaria. Un ejemplo claro es el que asistimos desde el comienzo del año, donde el gobierno de Brasil inició una devaluación del Real que ya alcanza el 10% y amenaza toda la economía argentina. En tanto aumenta el dólar en el país vecino, que es una economía competitiva como la de Argentina, nos obliga a hacer lo mismo con nuestra moneda o sufrir las consecuencias de perder mercados externos. 

¿Cuáles son las posibilidades que tenemos hacia delante? O volvemos a un ciclo de producción y trabajo, donde lo que ordena es el bajo precio de los alimentos y la energía para posibilitar la recuperación del poder adquisitivo de los sectores populares y la generación de empleo industrial, o bien seguiremos navegando en recetas que sigan endeudando al país para sobrevivir algunos meses más, o bien los clásicos manuales de la oligarquía exportadora, que clama a gritos por otra megadevaluación y quita de retenciones, es decir, un país caro donde sólo ganan los exportadores de materias primas, con un 30% del pueblo condenado a la pobreza estructural. 


5 | Corazones argentinos

Hasta en los contextos de vaciamiento, los corazones argentinos siguen latiendo al ritmo criollo. Ahora, custodiados por la ciencia y tecnología nacional.

Científicos de la Universidad Favaloro y el CONICET desarrollaron una sistema de inteligencia artificial capaz de prevenir infartos y accidentes cerebrovasculares. 

Con un rápido procesamiento de tomografías y diagnósticos precisos, el proyecto mostró una efectividad del 95% en casi 1.200 pacientes en su fase de prototipo. Además de infartos y accidentes cerebrovasculares, el sistema IA puede detectar otros eventos vasculares.

El director del proyecto es Damián Craiem, investigador del CONICET y jefe del Laboratorio de Bioingeniería en el Instituto de Medicina Traslacional, Trasplante y Bioingeniería. Explicó qué buscaba con sus colegas cuando encararon esta gesta: “Nuestro proyecto consistió en entrenar un software para que primero aprenda a reconocer la aorta donde se forman las calcificaciones y luego busqué potenciales lesiones y decidí cuáles son verdaderas. En un par de minutos el sistema de IA entrega las mediciones de calcio”.

Sumado a ello, Craiem comentó los pasos a seguir para mejorar este gran aporte de la ciencia argentina al mundo: “En medicina lo más ético es interesarse sobre los errores del sistema y no sólo sobre sus aciertos. ¿Qué sucede con ese 5% de error? ¿Cuántos pacientes son? ¿Qué consecuencias puede provocar el error de medición sobre el diagnóstico de esas personas? Nuestro sistema fue diseñado para que, en caso de cometer un error, lo haga hacia arriba. Es decir, sobreestimando la cantidad de calcio y nunca subestimando.”

A solo unos días del mensaje del Papa al mundo sobre la necesidad del buen uso de la IA sin correr el foco del Ser Humano, Mariano Casciaro, integrante del proyecto, asegura que “el objetivo es colaborar con los profesionales de la salud”, y que el mismo “no reemplaza de ninguna forma una consulta con un médico especialista” brindando una herramienta a la comunidad. 

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