Sucesos que echan luz sobre el contexto internacional y argentino de nuestros tiempos.


En el plano geopolítico, vamos a hablar de las tierras raras y los tres vectores que en tiempo y espacio hicieron que fueran un tema en boca de todos. 

Por otro lado, la actualidad nacional nos sorprende con un viejo lenguaje colonial que volvió a ponerse de moda entre los progresistas y neoliberales. 

Última, en honor al arquitecto Julio De Vido, que sufre la cárcel injustamente y en un trato deshumano frente a su enfermedad de diabetes, científicos argentinos descubren tratamiento para los insulinodependientes.  


#1 - Las tierras raras

Uno de los puntos centrales del acuerdo alcanzado entre el presidente norteamericano y el chino fue sobre el suministro de los minerales críticos o, como se los conoce popularmente, las tierras raras. 

La negociación entre las dos potencias tuvo una sede anfitriona, donde se encontraron a lo largo de varios meses enviados de ambos mandatarios. 

El tercer país elegido para las negociaciones fue, casualmente, el mismo que sirvió de tutor comercial y financiero para el despliegue chino en los últimos 50 años, y que a su vez mantiene su alianza militar con Estados Unidos. Sí, las negociaciones se hicieron en Londres.

¿Qué son estas tierras raras o minerales críticos?

Se trata de minerales que se encuentran en determinadas geografías de la Tierra, es difícil encontrarlos en estado puro y su extracción supone procesos más complejos que los de la minería tradicional. 

Los minerales críticos son fundamentales para el desarrollo tecnológico de nuestra Era: la computación cuántica, la robótica y la inteligencia artificial, y a su vez son claves para la denominada “transición energética”, pues se usan para las baterías, chips o imanes. 

Estos minerales son 17 elementos químicamente similares: escandio (Sc),  itrio (Y), lantano (La), cerio (Ce), praseodimio (Pr), neodimio (Nd), prometio (Pm), samario (Sm), europio (Eu), gadolinio (Gd), terbio (Tb), disprosio (Dy), holmio (Ho), erbio (Er), tulio (Tm), iterbio (Yb) y lutecio (Lu). Parece la familia de Cletus. 

¿Por qué hablamos de esto ahora?

El asunto de las tierras raras tiene larga data: el desarrollo de la computación y la electrónica forma parte del ecosistema de la producción desde el siglo pasado. 

Ahora bien, desde hace unos años están en boca de todos. 

Es hoy la principal materia de negociación internacional, de igual modo que lo supo ser el combustible fósil, los biocombustibles o el litio hasta hace un tiempo, cuando cada uno era “el futuro de la humanidad”. 

En los últimos años, tres vectores se unieron en tiempo y espacio para que todos las agencias de información incorporaran las tierras raras como parte de sus noticias. 

Esos tres vectores son: 

I) la guerra comercial iniciada entre Estados Unidos y China; 

II) la escasez de oferta de las tierras raras y su concentración en China; 

III) la burbuja financiera y el marketing alrededor de la Inteligencia Artificial y la transición energética; 

I) La guerra comercial

En cuanto al primer punto, Estados Unidos y China iniciaron una confrontación comercial pacífica a fin de determinar cuál de las potencias se impondrá en las próximas décadas como modelo de desarrollo. 

Debemos agradecer que el campo de batalla elegido fuera el comercial: un sector de la clase dirigente norteamericana, ligado al sector industrial, se alejó del paradigma globalista que servía a los intereses chinos e ingleses, y se propuso reconstruir el aparato productivo norteamericano. 

El asunto entre Oriente y Occidente es difícil de conciliar en los términos de la globalización erigida en los 70’. 

India y China tienen una población de más de 3 mil millones de personas, tres veces más que la población de toda América. 

Al mismo tiempo, el sistema global de división internacional del trabajo pretendía que el conjunto de los pueblos pusiera a disposición de las cadenas globales de suministro sus recursos naturales para alimentar y servir a la industria de los pueblos más poblados. 

El colonialismo y la dependencia económica se suma a la injusta tesitura de suponer que el conjunto de nuestros pueblos deben servir al abastecimiento de 3 mil millones de personas, cuando en nuestro caso, los argentinos, somos sólo 50 millones, 60 veces menos. 

En estos esquemas globales, el empobrecimiento de las mayorías populares de Occidente estaba asegurado, mientras que unos pocos podían asegurar sus privilegios mediante la intermediación financiera y tecnológica en las cadenas globales.  

Por suerte, en Estados Unidos emergió un yanki más interesado por el porvenir de sus trabajadores que por abastecer la demanda china y las tasas de interés de Wall Street y Londres, grandes aspiradoras de los fondos de inversión del lejano oriente.

El camino elegido por Occidente para resolver esta contradicción demográfica y económica podría haber sido otro si ganaban los demócratas, siempre más alineados a la Corona: violencia, exterminio, guerras proxy, sabotaje, hambrunas, epidemias, matanzas y control de la natalidad. 

El destino de este conflicto se resolverá mediante la confrontación comercial, y ambas potencias deberán mostrar si son capaces de construir un sistema de producción y distribución sustentable y conveniente para el conjunto de la humanidad.  

II) Escasez y concentración de Tierras raras

Esto que parece una cuestión novedosa de nuestros tiempos, en realidad fue anticipado por Deng Xiaoping en 1987: “Oriente Próximo tiene petróleo. China tiene tierras raras”.

Entre 2020 y 2025 se duplicó el mercado de minerales críticos y hoy  alcanza los 320 mil millones de dólares, estiman que para 2030 se duplicará.

La concentración de estos minerales está en algunas partes del mundo, muchos de ellos están en el territorio chino. 

La producción de las tierras raras está controlada en un 70% por China, abarcando la extracción y refinado, y cuenta con el 80% de la capacidad mundial de procesamiento. En el caso de la industria de los imanes, el control chino alcanza el 90%.

De este modo, China suministra la mayoría de los minerales críticos. A raíz de los aranceles y la guerra comercial, suspendió exportaciones de los minerales críticos tanto a Japón como a Estados Unidos, y aplicó medidas arancelarias y paraarancelarias a fin de controlar las mismas. 

Pero no todos los minerales están en China. 

Otros minerales que son denominados críticos pero se los exceptúa de los 17, como el cobalto, se encuentra mayormente en la República Democrática del Congo. El níquel se halla en Indonesia, el litio en Australia, Bolivia, Argentina y Chile, y el cobre es acaparado principalmente por Chile, aunque luego el 44% de su refinado está en manos de China. 

La República Democrática del Congo posee el 70% de la extracción de Cobalto, pero luego se procesa en China. A partir del acuerdo promovido por Estados Unidos entre la RDC y Ruanda, ahora la potencia norteamericana buscará hacerse de derechos mineros. 

En el caso de Australia, Estados Unidos negoció una inversión conjunta de 3 mil millones de dólares para la explotación de minerales críticos. Luego de firmar, Trump dijo: “dentro de un año tendremos tantos minerales críticos y tierras raras que no sabremos qué hacer con ellos”.

Lo mismo hizo con Japón, a fin de desarrollar conjuntamente la minería de tierras raras en las aguas de la isla Minamitori. 

El Níquel es producido por Indonesia, Filipinas y Rusia, con dos tercios del mercado. El 90% de la producción de Litio está en manos de Australia, Chile y China. 

En 2023, la empresa minera estatal sueca LKAB anunció yacimientos de tierras raras en el extremo norte del país, que contribuirá a terminar con la dependencia europea de China, aunque estiman de 10 a 15 años para comenzar la extracción. 

El otro gran competidor era Ucrania, aunque sus actividades mineras mermaron a raíz del conflicto con Rusia, otro de los proveedores mundiales de titanio, níquel y platino. 

Las sanciones anglosajonas contra Rusia terminaron por afectar a Estados Unidos, que ahora requiere más aún de China en el suministro de tales minerales. 

Frente a esto, entre las negociaciones por la Paz de Ucrania, Estados Unidos exigió a Zelenski que cediera el 50% de sus tierras raras a cambio de continuar con la asistencia y como forma de devolución de los 500 mil millones de dólares que le dieron de ayuda financiera. 

Ucrania se encuentra entre los diez principales proveedores de minerales del mundo, y concentra alrededor del 5% de las reservas globales. En su territorio existen cerca de 20 mil yacimientos pertenecientes a 117 tipos de minerales distintos. De ese total, 147 son depósitos de minerales metálicos y 4.676 corresponden a minerales no metálicos.

Según el senador yanki Lindsey Grahan, Zelenski le contó que el verdadero motivo de Rusia en la invasión de Ucrania era el dominio de las tierras raras, estimadas en 10 mil millones de dólares. 

Frente a ello, Putin advirtió que ellos ya cuentan con tierras raras para ofrecer a Estados Unidos… le quitó el arma de negociación a Zelenski. 

Ucrania es un potencial proveedor de minerales como titanio, litio, berilio, manganeso, galio, uranio, circonio, grafito, apatita, fluorita y níquel. Sin embargo, el 70% de los minerales ucranianos están en regiones ocupadas por Rusia, como Donetsk, Dnipropetrovsk y Luhansk.

Cuenta con el 7% de las reservas mundiales de Titanio, crucial para la industria aeroespacial, militar, médica, automotriz y naval; reservas de litio en 500 mil toneladas, clave para las baterías; es el quinto productor mundial de galio, utilizado para semiconductores y LED; explica el 90% del suministro de neón purificado, necesario para la industria de los chips. 

Por otro lado, tiene yacimientos de berilio, esencial para la energía nuclear y las industrias aeroespacial, militar, acústica y electrónica, de igual modo que luce grandes yacimientos de uranio, circonio y apatita, para la energía nuclear. También tiene reservas de hierro y manganeso, usados para el acero verde, por lo cual suministró el 43% de las importaciones de chapa de acero de la Unión Europea en el año 2021. 

En Ucrania yacen reservas de metales no ferrosos como cobre, plomo, zinc y plata. Sus reservas de Níquel ascienden a 215 mil toneladas y de cobalto a 8, 8 mil toneladas. De todos los recursos minerales de grafito en el mundo, el 20% están en Ucrania. También se encuentra en el top 10 mundial de bromo, magnesio, turba, arrabio, caolín, y otras más. 

La resolución del conflicto entre Rusia y Ucrania tiene a las tierras raras como moneda de negociación, de igual modo que el inicio de otros conflictos novedosos a partir de la presidencia de Trump: Groenlandia. 

Detrás del América para los Americanos, que incluye la retirada de los daneses de Groenlandia, subyace también el interés norteamericano por las reservas de uranio y la ruta marítima del Ártico que ofrece esta tierra gélida. Hoy la ruta del Ártico se encuentra dominada por Rusia y China. 

Trump y Lula se reunieron a fin de alcanzar un acuerdo comercial, a la par del acuerdo marco celebrado con Argentina, El Salvador y Guatemala, entre los cuales las Tierras raras tienen protagonismo en las negociaciones. 

En cuanto a la política doméstica, el gobierno norteamericano pagó casi 9 mil millones de dólares para hacerse de la participación del 10% de Intel, fabricante de chips, y a través del Pentágono compró el 15% de MP Materials, convirtiéndose en un accionista controlante. 

MP Materials es uno de los dos productores de tierras raras en Estados Unidos, tales como neodimio-praseodimio, utilizado en imanes. La otra empresa norteamericana que explota allá los minerales críticos es Energy Fuels. 

La producción de los imanes es todo un tema para los yankis: mientras el año pasado debió importar 7 mil toneladas, sólo la industria automotriz le demanda 42 mil toneladas al año.   

En paralelo, también Estados Unidos impuso retenciones a las exportaciones de chips y semiconductores, a fin de priorizar el abastecimiento y precio en el mercado doméstico para su propio desarrollo tecnológico.

III) Burbuja y marketing de IA y transición energética

Según Goldman Sach en un informe de marzo de 2025, para 2030 el 72% de las ventas de vehículos nuevos en la Unión Europea y el 50% en Estados Unidos serán eléctricos, por lo que la demanda de Litio se multiplicará por 21 en la UE. 

Ese es uno más de tantos ejemplos de cómo uno de los principales bancos de Wall Street instan a sus clientes a hacerse de posiciones de futuros, bonos y acciones relacionadas a los minerales críticos, las tecnológicas y las energías verdes.

En 2023, fue presentado en la Comisión Europea un proyecto de Ley de Materias Primas Críticas, a la par de haberse lanzado la Alianza Europea de Baterías y la Alianza para el Hidrógeno Verde. 

La Unión Europea fue una de las principales víctimas del verso global. Básicamente, se subieron a todos los trenes de la moda posmoderna. 

Mientras Alemania desmantelaba su producción de energía nuclear en pos de la transición verde, hoy se encuentra desabastecida porque sus paneles solares y baterías de litio no logran reemplazar el suministro de gas que ofrecía Rusia. 

Los europeos pretendían eliminar el combustible fósil y las centrales nucleares de su matriz energética, ser los líderes de la transición verde y sumarse al boom de bonos de deuda apalancados en la reducción de emisiones CO2, y hoy vuelven a la explotación e importación del Carbón, uno de los suministros energéticos más contaminantes, producto de la estafa verde en la que cayeron. 

El negocio de la transición verde consistía en promover colocaciones de deuda por parte de los bancos norteamericanos e ingleses, los denominados “Bonos verdes”, a cambio de iniciar proyectos de inversión que redujeran emisiones de CO2. 

En todas estas alquimias financieras, el apetito está en las millonarias comisiones que cobran los bancos a través de las colocaciones o las agencias calificadoras de riesgo, a la par de los fondos de inversión que luego operan con esos bonos en el mercado secundario. 

En el campo de la inteligencia artificial, es sorprendente cómo la humanidad vuelve a repetir la fantasía de internet.

El núcleo de la tecnología digital, input/output y 0/1, es la misma de hace 100 años, pero sin embargo parecería ser que se inventó la pólvora. 

Desde la propia academia de ciencias sociales, deseosas de currar con algo nuevo, surgen papers y trabajos sobre el impacto de la IA. Se suben a la misma campaña publicitaria que los propios dueños de las tecnológicas nos proponen para comprar su nuevo producto. 

Lejos de eso, la denominada inteligencia artificial no es más que un salto cuantitativo en la capacidad de almacenamiento y procesamiento de datos. 

El gran limitante siempre estuvo en el recalentamiento de los ordenadores y los centros de datos, el procesamiento tiene el límite físico de los conductores de energía, que pueden recalentar hasta explotar según el flujo de información. 

La novedad de los últimos años está en la mejora cuantitativa del procesamiento de datos, dada por la mejor refrigeración de los circuitos y la centralización y sistematización de la información digital almacenada. 

Recordamos cómo hace 10 años los indios eran famosos por haber sido contratados a distancia para hacer el trabajo de Taggear (etiquetar), fotos, objetos, personas, que les aparecían en una pantalla. Le enseñaban a la computadora a poder en un futuro leer la información que ya estaba almacenada. 

En definitiva, cuando antes le pedíamos a Google que buscara información sobre determinada palabra, el sitio nos ofrecía una cantidad determinada de páginas donde tal información se encontraba almacenada. Ahora, en vez de decirnos las páginas, es capaz de leerlas y componer oraciones a partir de la información que se encuentra en esos sitios. 

La naturaleza del proceso es la misma, lo que aumentó es la capacidad de información que se puede procesar, por lo que la transmisión y síntesis de esa información es más adecuada.

Sin embargo, desde la opinión pública se difundió este fenómeno como una revolución industrial, por lo que las acciones de las compañías se multiplicaron en sus valores de mercado bursátil. 

Esto encierra un gran peligro, en tanto no se observa un salto productivo a partir de la denominada inteligencia artificial, sino meramente una burbuja bursátil que no para de inflarse, sumado a la burbuja del mercado de futuros de minerales críticos. 

Para ponerlo en números, la valorización financiera de las siete compañías tecnológicas que cotizan en el S & P 500 de Wall Street fue 45 veces la ganancia que ofrecen en la economía real. 

Por otro lado, muchas de estas compañías se anclan en un “pasamanos de dinero”: Nvidia invierte en Intel, que a su vez le compra chips a Nvidia y luego se los alquila, generando con ello un circuito contable inflado. 

¿Por qué hicieron esto? En parte por el negocio de siempre, la intermediación financiera en la valorización de los títulos. 

Luego, la otra explicación está en la necesidad de las compañías tecnológicas de hacerse de fondos para invertir en el desarrollo de su sector y no quedar atrás en la carrera con la competencia asiática.

En apenas siete semanas, Microsoft, Amazon, Google, Meta y Oracle emitieron 120 mil millones de dólares de deuda en bonos para financiar data centers y chips.  La inversión que prevén de capital para este año alcanza los 396 mil millones, que es casi el 70% de su flujo de caja. 

En Wall Street algunos ya levantan la voz y advierten de los peligros que encierra esta burbuja, en tanto ya se sufrió con el internet el mismo problema, con la denominada crisis de las punto Com en 2001. 

El Bank of America diagnosticó este mes: “estamos ante una hipertensión tecnológica”. 

Dependencia recíproca

En la guerra comercial desplegada entre China y Estados Unidos, existe una dependencia recíproca entre ambas potencias sobre sus principales necesidades de materias primas para afrontar sus modelos de desarrollo. 

En el caso de Estados Unidos, requiere las tierras raras de China, mientras que esta última necesita de los alimentos y la energía que provee Estados Unidos.

Según afirmó Scott Bessent ante el Financial Times en el pasado mes de octubre, el dominio chino sobre los minerales críticos está llegando a su fin, que pronostica para los próximos dos años. 

Sin embargo, antes de la tregua alcanzada entre ambas potencias, China había ampliado las restricciones y amenaza con hacer explotar la burbuja. 

¿Hasta dónde llegará este asunto? 

Algunos pronostican que el final llegará a partir del desarrollo de la energía a través del Hidrógeno, otros a partir de la explosión de la burbuja financiera de las tecnológicas, otros por el triunfo de Estados Unidos sobre China en la guerra comercial dado por su abastecimiento de tierras raras en sus zonas de influencia. Veremos.  


#2 - Lenguaje colonial

La destrucción del aparato productivo de los últimos dos años es evidente.

Entre noviembre de 2023 y agosto de 2025, la cantidad de trabajadores registrados descendió en 276.624 puestos, según el CEPA en base a estadísticas oficiales del Indec y la SRT. 

El empleo formal cayó 2,8%, es decir, 432 puestos de trabajo menos por día. 

En cuanto al empleo público, la reducción fue de casi 87 mil trabajadores.

En la construcción, 76 mil puestos menos; servicios de transporte y almacenamiento, casi 60 mil menos; industria manufacturera, casi 56 mil menos.  

En el plano empresarial, la cantidad de firmas se redujeron en 19 mil, 30 cierres diarios, de las cuales el 99,63% son de hasta 500 empleados. En el sector de la construcción y la industria manufacturera, perdimos casi 4 mil empresas.

La reducción de personal, sin embargo, operó en casi el 70% para las firmas con más de 500 empleados. 

La consecuencia de esto fue, principalmente, la apertura comercial en medio de una guerra comercial donde China subsidia sus exportaciones a fin de colocar masivamente sus productos en mercados extranjeros.

El boom importador nos dejó la locura de traer productos que se producen en la Argentina.

Traemos fideos de Italia, pollo y cerdo de Brasil, cebolla y tomates de Ecuador, y hasta manteca de Uruguay.

Lo que nos vendieron como una estrategia para bajar los precios, derivó en un mecanismo de supervivencia para las empresas productoras locales. 

Las mismas firmas que antes producían acá, usaron sus licencias de importación que antes eran para sus insumos, a fin de traer los mismos productos que acá realizaban.

A modo de ejemplo, en dos años carnes Swift aumentó sus importaciones en 4787% y lácteos Tonadita lo hizo en 4985%.  

Mientras el Gobierno se vende como amigo de Estados Unidos, convirtió a China en nuestro principal socio comercial a partir de septiembre. 

Toda esta destrucción del aparato productivo difícilmente podría realizarse si no fuera por un concierto liberal que fluye entre nuestros oídos hace 10 años. 

Mientras que los neoliberales nos quieren convencer de abrir la economía, desregular el mercado laboral y ajustar el sector público, los progresistas nos cuentan acerca de la necesidad de modernizar las reglas laborales a las economías de plataformas e integrarnos a China con los Brics. 

Ambos sectores impulsan un modelo de desarrollo basado en exportaciones primarias —agropecuarias, mineras y de Vaca Muerta— y buscan fortalecer las finanzas mediante el ingreso de divisas provenientes tanto del comercio exterior como de la inversión extranjera, ya sea de Estados Unidos o de China.

También coinciden en promover, junto con Brasil, la negociación de un tratado de libre comercio entre el Mercosur y la Unión Europea, aún pendiente de firma debido a la resistencia de los sectores rurales europeos.

Del mismo modo, avalan una mayor vinculación comercial con China: unos desde la lógica de mejorar la competitividad mediante insumos más baratos y otros desde una postura ideológica favorable a alinearse con el gigante asiático en su disputa con los Estados Unidos.

En definitiva, estas visiones convergen en una mayor primarización de la economía y en el abandono de un proyecto nacional orientado a la industrialización.

La jerga que se impone entre los analistas neoliberales y progresistas consiste en dos términos: competitivos y complementarios. 

De igual modo que en la década del 30’ se promovía el Pacto Roca-Runciman a fin de profundizar nuestra alianza con Gran Bretaña so pretexto de la complementariedad de nuestras economías, hoy nos plantean que es necesario profundizar la integración con China ya que con ellos somos complementarios.

¿Qué significa la complementariedad? Lo explicó el Gobernador de Buenos Aires en una entrevista con la CNN luego de las elecciones del 7 de septiembre: 

“Hay algo que está muy establecido, que es que entre la economía estadounidense y la economía argentina hay más competencia que complementariedad. Mientras, por ejemplo, con la economía china, sin hablar de posicionamientos políticos ni ideologías, hay complementariedad. Porque lo que nosotros producimos, China lo necesita, y lo que produce China, nosotros lo compramos. De hecho, es un socio comercial importante de Argentina y de buena parte de América Latina. Nosotros le exportamos alimentos, materia prima, productos primarios y luego adquirimos productos industrializados”.

Es la misma explicación que nos ofrecían allá por la década del 30’ en relación a la alianza con los ingleses, que sábiamente Perón destronó en sus primeros gobiernos. 

Es necesario volver a pensar la Argentina desde los intereses nacionales, y la única posibilidad de sobrevida que tenemos es la de industrializar, como lo hicieron todos los países que hoy se sientan en las mesas de decisiones. 

Argentina cuenta con alimentos y energía en abundancia, capacidad tecnológica, experiencia histórica y fondos suficientes para apalancar el desarrollo industrial y garantizar con ello el pleno empleo. 

La senda hacia una Argentina Industrial es la única garantía para que el pueblo tenga trabajo y que ese trabajo sea con salarios dignos y estabilidad. 

El primer paso es sacarnos de encima el lenguaje colonial que hoy impera en la opinión pública. 

La complementariedad de la división internacional del trabajo tiene un sólo término adecuado: neocolonialismo.

 

#3 - Fuerza Páncreas

Científicos argentinos identificaron una manera de fortalecer la capacidad de las células del páncreas en la producción de insulina. 

El equipo trabajó en el Laboratorio Inmuno Endocrinología, Diabetes y Metabolismo del Instituto de Investigaciones en Medicina Traslacional (IIMT), el cual se encuentra bajo la órbita del CONICET y la Universidad Austral. 

La enfermedad de Diabetes afecta a más de 500 millones de personas en todo el mundo y esta estrategia puede mejorar su tratamiento. 

El equipo es liderado por Marcelo Perone y demostraron que las células beta del páncreas pueden adaptarse y ser más resistentes frente al estrés, si previamente son expuestas a dosis de la molécula interleucina-1 beta. 

En este sentido, una de las autoras del trabajo, Carolina Sétula, dijo que:

“El estímulo previo con bajas dosis de interleucina uno beta prepara a la célula para enfrentar un desafío inflamatorio posterior y la mantiene funcional”. 

Este tratamiento podría mejorar el funcionamiento del páncreas a fin de controlar los niveles de glucosa en sangre. 

Todavía no existen tratamientos clínicos sobre este descubrimiento, pero el mismo resulta fundamental para alcanzarlo. 

Una vez más, las capacidades de nuestro pueblo demuestran que podemos ser una Argentina grande otra vez.

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