A la hora de analizar la historia argentina, hay una fecha que indirectamente siempre aparece como un tótem, como un eje, como un hito fundamental -por lo menos en la historia contemporánea- que es el 4 de junio de 1943.
Los no peronistas, siempre al acecho, buscarán achacarle todos los males de la situación actual del país a la fecha, mientras que los peronistas ven en la misma el nacimiento de algo, que en ese momento todavía nadie sabía que era. Pero en este artículo nos adentraremos a analizarlo en profundidad.
La revolución del 4 de junio de 1943 es uno de los parteaguas más importantes de la historia contemporánea de la Argentina, sino el más importante.
Un hecho que sentó las bases para el surgimiento del peronismo, que emergería el 17 de Octubre de 1945, poniendo fin a un sistema político y llevando la política a las masas, al tiempo que convirtió al movimiento obrero en un actor central de la vida política.
Pero para poder entender esta revolución, y por qué fue tan importante, es necesario ponernos en contexto histórico.
Con el golpe de Estado del 6 de septiembre de 1930, se cierra la etapa de los gobiernos radicales y se abre primariamente la dictadura de Uriburu de pretendido carácter corporativista y de inspiración mussoliniana.
Dicho proceso político duró poco, pese al apoyo de importantes intelectuales como Leopoldo Lugones, y de ciertos sectores del Ejército Argentino, Uriburu tuvo que desistir de su proyecto de constitución corporativa, y se vio forzado a convocar a elecciones en 1932.
Pero dichas elecciones, distaban de ser una vuelta a la legalidad previa al golpe, a pesar de las garantías que la ley Sáenz Peña ofrecía, el sistema de la época se las ingenió para alterar el espíritu y origen de dicha norma.
En un principio, se instaló la proscripción del radicalismo y un sistema de aparentes elecciones, donde la realidad era que primaban los acuerdos de cúpulas, componendas y el fraude como norma. Políticamente, este sistema tuvo su instrumento político institucional en la creación de la Concordancia, una coalición de partidos políticos que abarcaba a ciertos sectores de los conservadores, socialistas y radicales no personalistas, es decir, era el partido político del régimen.
En las elecciones de 1932, fue el debut de la Concordancia, resultando electo presidente Agustín P. Justo, segundo del golpe de Estado realizado por Uriburu, representante de la rama liberal y antifascista del ejército. Con él, el proyecto corporativo de Uriburu se terminó y se consolidó el llamado "Fraude patriótico", se creó la Concordancia como partido político. Y comenzó el nuevo sistema en apariencia democrática.
La situación política previa al 4 de junio de 1943 se caracterizaba por un sistema político completamente ajeno a la realidad del pueblo.
Centrada en pactos de cúpulas, donde eran más importante los acuerdos a los que se arribara en el Jockey Club o en el Círculo de Armas que la voluntad popular.
Este período histórico, caracterizado por el elitismo, y el fraude en lo político, fue posteriormente llamado la Década Infame, o para cierta historiografía la restauración conservadora.
Sin perjuicio de ello, cabe destacar que durante este período, en materia económica, comenzó a consolidarse un Estado interventor y el proceso de industrialización por sustitución de importaciones, principalmente como respuesta a la crisis de 1930. En ese sentido, puede afirmarse que la situación previa al 4 de junio de 1943 presentaba dos facetas: en el plano político, se había retornado a un sistema dominado por las élites y los acuerdos de cúpula, que dio lugar a una participación restringida y elitista; mientras que, en el plano económico, comenzaba a gestarse un protoestado interventor que el golpe de 1943 y, posteriormente, el peronismo, profundizaron.
Hecha esta breve introducción, en 1943 en Argentina se da un fenómeno político particular: en ese año fallecen Marcelo Torcuato de Alvear y Agustín P. Justo, los principales referentes políticos de la época. Esto genera un clima de vacío político en un momento histórico clave. Los factores de poder deciden apostar en las elecciones venideras por un candidato representante de la aristocracia salteña y abiertamente aliadófila, como era Patrón Costas. En otras palabras, las elites ya tenían su candidato elegido, bastaba esperar el simulacro electoral para instalar el nuevo presidente.
Sumado a lo antes mencionado, en 1942 había fallecido el presidente Ortiz (verdadera figura política y reformista frente al fraude), su sucesor Castillo era abiertamente profraude y opuesto a la línea de Ortiz.
Esta sucesión de hechos, más el inminente fraude, irá generando un clima político, que en unas fuerzas armadas, politizadas ya desde la época de Yrigoyen, desencadenaron la revolución del 4 de junio.
Ahora bien, el ejército se encontraba dividido en distintas facciones. Ya en el golpe de Estado de 1930, habían convivido una facción nacionalista, corporativista y de carácter aristocrático y germanófilo representada por Uriburu, y una de carácter conservador, antifascista y probritánica que encarnaba Agustín P. Justo.
Sumado a ello, a partir de la presidencia de Agustín P. Justo, en el ejército había comenzado a anidar una corriente industrialista, cuyo pensamiento de base era la necesidad de una industria nacional para una efectiva defensa nacional. Esto cabe destacar que ocurría en simultáneo a la llamada Década Infame.
Sin perjuicio de ello, el ejército se encontraba dividido en la posición respecto a la guerra mundial, siendo la mayoría de la oficialidad germanófila no por adhesión al nacionalsocialismo alemán, sino por su formación en las escuelas militares alemanas. Mientras que en las altas jerarquías había un sentimiento probritánico propio de la oligarquía argentina.
En el nido de los sectores nacionalistas de las fuerzas armadas anidaba la idea de terminar con el régimen del negociado y las componendas, que era como se conocía al régimen político. Pero no es menos cierto que se buscaba evitar la replicación de lo ocurrido con Uriburu, es decir, que un golpe de Estado nacionalista le abriera las puertas al poder nuevamente a la oligarquía.
En ese contexto surge el GOU (Grupo de Oficiales Unidos). Para comprender cuál era su propósito, resulta importante tener presente lo que Perón sostiene en Tres Revoluciones Militares: la idea era conformar un grupo que articulara los ideales de la Revolución del 4 de junio y garantizara que el proceso revolucionario no se desvirtuara ni fuera manipulado por fuerzas externas. El GOU, como organización cerrada, buscaba coordinar el nuevo gobierno para evitar que la revolución se redujera a un mero lavado de cara del régimen depuesto y asegurar que este actuara conforme a sus principios y objetivos.
Ahora, sentada esta breve referencia histórica, vamos a proceder a analizar en sí misma la revolución y su obra. El detonante de la acción del GOU fue el pedido de renuncia del Ministro de Guerra Pedro Pablo Ramírez por parte del presidente Castillo por haberse reunido con miembros del partido radical. Esto ya nos va mostrando la debilidad que acaecía en el gobierno de Castillo y el régimen de la Década Infame.
El 4 de junio fue un día bastante particular. La columna de 8000 soldados revolucionarios salió en la madrugada con destino a la Casa Rosada, enfrentando cierta resistencia articulada por sectores de la marina y de la oficialidad liberal en lo que era en ese momento la Escuela de Mecánica de la Armada, la cual fue suprimida en un breve pero intenso enfrentamiento (hubo 30 muertos y 100 heridos).
Salvando este incidente armado, fue un día típico del invierno porteño, nublado y con el dato curioso de que había bastante niebla. Castillo, viendo lo ocurrido en la ESMA y siendo que no contaba con apoyo suficiente en las fuerzas armadas, se embarcó en el buque rastreador ARA Drummond con destino a Uruguay, abandonando el cargo.
A la Casa Rosada, virtualmente abandonada, ingresaron los generales Juan Pistarini, Armando Verdaguer, Pedro Pablo Ramírez y Edelmiro Farrell, y los almirantes Sabá H. Sueyro y Guisasola, quienes recibieron a la columna revolucionaria después del mediodía, asumiendo el general Arturo Rawson como presidente, el cual no llegó a tomar juramento por desavenencias internas en el seno del grupo revolucionario. El 6 de junio renunció Rawson, siendo reemplazado curiosamente por Pedro Pablo Ramírez, es decir, el desencadenante de la situación.
Con este contexto del día de la revolución, pasemos a analizar al GOU, el cual generalmente es sindicado como el instigador de la revolución.
En el libro "El 45" de Félix Luna, éste cita a Domingo Mercante, quien comenta que siendo diciembre de 1942, Perón ya había elaborado el documento constitutivo del GOU, y que su finalidad era en líneas generales la necesidad de unir a los oficiales del ejército, jerarquizar sus cuadros e infundir nuevos objetivos a las fuerzas armadas. Mercante dice que advirtió que la organización que se detallaba en ese documento llevaba a la revolución y que entonces comenzó junto a Perón a la formación de un grupo de confianza. Hablaron con varios oficiales y así agruparon un número significativo de adherentes, entre ellos: Ducó, Ávalos, González, Emilio Ramírez y otros con los grados de teniente coronel o coronel. El 15 de mayo este grupo, después de varias conversaciones individuales, hizo una reunión general. Perón fue el orador principal, en la cual en un momento de exaltación dijo "vamos a hacer la revolución", esto sorprendió a la mayoría de los asistentes. Y de hecho Perón al día siguiente (según testimonio de Mercante), se comunicó con él para decirle que se había enterado de una orden de allanamiento y arresto contra él y que estaba dispuesto a resistirse si trataban de arrestarlo. Lo acompañaron en este momento complejo a Perón además de Mercante, Ducó y Montes. Hasta que Enrique P. González, que trabajaba en el Ministerio de Guerra, les comentó que la orden de arresto contra Perón había sido dejada sin efecto.
El GOU, según los testimonios de sus propios integrantes, era una organización de oficiales sólidamente articulada, cuyo objetivo primordial consistía en unificar a las Fuerzas Armadas y garantizar que, de producirse una revolución militar, esta impulsara una transformación profunda que modificara por completo la orientación que hasta entonces había seguido el país. De hecho Perón indica que previo al 4 de junio de 1943, y a decidir si realizar la revolución, se reunió con varios actores políticos de distintos partidos, tales como Patrón Costas, al cual le comentó el grave error que él entendía que estaba cometiendo, le explicó la visión del GOU sobre la situación política. Perón da a entender que Patrón Costas compartía los lineamientos pero que por la situación en la que se encontraba no podía incorporarse al plan. De hecho remarca que amigos en común fueron parte del proceso, como Joaquín Anchorena y miembros de la Juventud Conservadora.
Asimismo, Perón también se reunió con otros sectores políticos, como los radicales, entre ellos Siri y Antille, y los socialistas, etcétera. Perón no quería realizar un golpe de Estado intrascendente que no cambiara la realidad material del país, no quería reeditar la experiencia de Uriburu. Por ello buscó la colaboración de los grupos políticos antes mencionados.
Una vez armada esta base política, Perón les dijo a sus camaradas de armas que él no se hacía cargo del golpe militar, ni del gobierno que resultara del mismo, sino de la realización de la revolución de fondo que tenía que seguir al golpe. El golpe para él solo tenía sentido si y sólo si a continuación se podía hacer una transformación profunda que cambiara toda la orientación seguida hasta ese momento, que para él era mala.
Resalta que los militares, por una deformación profesional, creen que siempre el presidente surgido de un golpe tiene que ser un general. Por ello, da a entender que los generales que gobernaron en este proceso (Rawson, Ramírez y Farrell) eran figuras que no iban a cuestionar lo que les dijera el GOU y que iban a realizar lo que se les indicara. De hecho Perón en un primer momento estuvo en un puesto bastante secundario, Jefe de Estado Mayor de la Primera División, porque no quería estar en el primer plano, y empezó a formar las bases y conceptos de lo que sería el deber ser de la revolución.
Podemos ver por la propia palabra de los fundadores del GOU y artífices de la Revolución del 43, que la idea de la misma era terminar con el sistema que regía en la Argentina hasta ese momento; se buscaba lograr un quiebre y realizar una transformación profunda de la Nación. Terminar con una época signada por el fraude, la componenda y el negociado, para comenzar una nueva Argentina.
De hecho, en el libro "3 Revoluciones Militares", escrito por el General Perón, comenta lo siguiente: "Nuestra Revolución comenzó en el ejército hace ya aproximadamente dos años y medio. Porque nuestro ejército, como el de todas las naciones modernas, pertenece al pueblo y por eso había que evitar que la descomposición del pueblo arrastrara al ejército, ya en demasía influido por aquélla. En el orden moral dicha descomposición se había presentado, en forma lamentable, en ciertos jefes de alta graduación condenados a prisión o degradados, y, a su vez estos pocos arrastraron a otros jefes, que de una forma u otra se plegaron. El caso de un jefe que fuera condenado a presidio por alta traición demuestra que la descomposición moral era evidente. Las instituciones, como los estados, se descomponen, como el pescado, comenzando por la cabeza. (...) Antes del 4 de junio, y cuando el golpe de Estado era inminente, se buscaba salvar las instituciones con un paliativo o por convenios políticos, a los que comúnmente llamamos acomodos. En nuestro caso, ello pudo evitarse porque, en previsión de ese peligro habíamos constituido un organismo serio, injustamente difamado: el famoso G.O.U. El G.O.U. era necesario para que la revolución no se desviara, como la del 6 de septiembre. Conviene recordar que las revoluciones las inician los idealistas con entusiasmo, con abnegación, desprendimiento y heroísmo, y las aprovechan los egoístas y nadadores en río revuelto. El G.O.U. hizo que se cumpliera el programa de la revolución, imponiéndole una norma de conducta y un contenido económico, social y jurídico".
Para no quedarnos únicamente con la visión de los partícipes de la revolución, es importante este testimonio que brindó Arturo Jauretche a Félix Luna. "Conocí a Perón pocos días después de la Revolución del 43, tal vez algunas semanas más tarde. Nosotros, los forjistas, estábamos en contacto con los conspiradores a través del coronel Gregorio Pomar. Además Homero Manzi era vecino y amigo de unos mayores Quiroga y Sarmiento que actuaban en el GOU y lo mantenían al tanto de la conspiración. Por otra parte, de años atrás solíamos enviar los 'Cuadernos de FORJA' a un núcleo de jefes y oficiales, entre ellos a Perón — aunque no lo conocíamos personalmente — incluso cuando él estuvo en Italia. La noche del 3 al 4 de junio éramos unos 300 muchachos que estábamos en el local de FORJA, esperando los acontecimientos, todos con boina blanca. Nos habían pedido que fuéramos a Plaza del Congreso para dar calor civil al movimiento militar. En la quema había un mozo Oviedo, amigo nuestro, que también había reunido gente. Finalmente no hicimos nada porque quedamos desconectados de Pomar. Cuando Rawson apareció al frente de la columna revolucionaria, todos quedamos bastante desconcertados. De todos modos sabíamos que había un coronel Perón que era la esperanza de la juventud militar. (...) Perón me impresionó. Era un hombre informado, de gran rapidez mental; tenía una agilidad periodística —diría yo— para captar y asumir lo que se le decía. (...) Me pareció que Perón estaba en buena línea y simpatizamos enseguida. No se habló de apoyar al gobierno ni mucho menos a una candidatura sino más bien de colaboración recíproca. Algo así como 'radicalizar la revolución y revolucionar el radicalismo', que yo más tarde lancé como consigna política. Coincidimos en que había que ganar la Revolución, porque aunque muchos no lo hayan creído así, lo cierto es que Perón nunca tuvo el gobierno en sus manos por esa época. Tenía parte del poder pero no todo el poder y debía luchar continuamente para que el proceso político y gubernativo no se le escapara de las manos. El General Perlinger, por ejemplo, lo enfrentaba a cada momento. Y cuando Perón se hizo cargo de la Secretaría de Trabajo, en la Casa de Gobierno se reían de él y auguraban su próximo fracaso".
Los que se reían de Perón en la Casa de Gobierno no entendían lo que estaba ocurriendo. Lo que iba a volver verdaderamente revolucionario a este gobierno era su relación con el movimiento obrero. Primero porque estábamos frente a un movimiento dividido en dos CGT: la N°1 y la N°2. La primera contaba con la Unión Ferroviaria, uno de los sindicatos más importantes del momento. La segunda estaba más politizada y su dirección era compartida por comunistas y socialistas, aunque con la hegemonía de los primeros. Además existía la Unión Sindical Argentina —USA—, de poca gravitación sindical, y algunas federaciones no adheridas a ninguna de estas centrales. Perón se encuentra con un sindicalismo desmantelado por la represión, con sus dirigentes encarcelados o combatiendo encarnizadamente al gobierno. Por ello desde la Secretaría de Trabajo va a desplegar una tarea frenética. Ejemplo de ello es la siguiente cita de Hugo Leguizamón en la Revista Historia del Movimiento Obrero:
“Tanto el Partido Comunista como el Socialista imponían a sus partidarios dentro de los sindicatos una política de total abandono de la lucha antiimperialista, línea que se traducía en la práctica mediante la paralización de las luchas obreras reivindicativas, en cuanto éstas chocaban con los intereses de los monopolios extranjeros y de los empresarios argentinos aliados a éstos y a las izquierdas en el 'frente democrático antifascista'. Puiggrós cita el 'caso Peter' como ejemplo de lo que acabamos de afirmar: en octubre de 1943, días antes de que Perón se hiciera cargo del Departamento de Trabajo, los obreros de los frigoríficos declaran una huelga que es inmediatamente reprimida. Peter, Secretario general del Sindicato de la Carne y, además, alto dirigente del Partido Comunista, es confinado en una cárcel de Neuquén. Perón interviene en el conflicto y acepta que Peter sea liberado de su confinamiento para que pueda asistir personalmente a la asamblea gremial que se realiza en el estadio del club 'Sportivo Dock Sud', donde, después de haber sido recibido como un héroe, solicita el levantamiento de la huelga con argumentos que reflejan la línea de su partido: los frigoríficos anglo-norteamericanos contribuían al esfuerzo de las potencias aliadas contra el enemigo principal, el nazifascismo; por lo tanto no debe malograrse ese esfuerzo con la paralización de los envíos de carnes”.
Podemos ver en esta cita la visión de Perón de ver el movimiento obrero y la Secretaría del Trabajo como un elemento político clave, su diferencial y su claridad como animal político.
Poder conciliar la visión de sindicatos de raigambre de izquierda, patronales aliadófilas y el gobierno de carácter neutral en política internacional, nos muestra que su visión estaba en un plano estratégico y que perfilaba que no podía realizarse una verdadera revolución nacional sin contar con un movimiento obrero fuerte, de carácter nacional y organizado. Por otra parte, esta cita posterior de la revista y autor antes mencionada nos refleja que no era solo la visión de Perón, sino la de todo el GOU, la de unificar la idea de patria con el movimiento obrero.
"Este fenómeno comienza a darse a partir de mayo de 1944. El 1 de mayo de ese año la mayoría de los dirigentes sindicales adhieren a un acto denominado 'Desfile de la Libertad. Por la Democracia. Por la Solidaridad Americana y por la Unidad Obrera'. Por entonces el interventor de la Unión Ferroviaria era otro militar del GOU, el coronel Domingo Mercante, quien desde esa función colaborará con Perón para hacer frente a la arremetida sindical. La policía prohíbe el acto del 9 de mayo y los dirigentes se ven de pronto ante la disyuntiva de enfrentar a Perón o negociar con él. Por otra parte, ambas tendencias ya estaban claramente definidas, anticipando una crisis en el movimiento sindical. Se producen cambios importantes dentro de la Comisión de Unidad Sindical, que cumplía las funciones propias de una central obrera, y después de la renuncia de su secretario general, Ramón Ceijas, se hace cargo de esta función Alcides Montiel (cervecero), más identificado con la línea peronista.
Perón busca la normalización de las diversas organizaciones sindicales dando el primer paso importante en tal sentido dentro de la misma Unión Ferroviaria, donde se logra imponer una lista adicta a la intervención del coronel Mercante, es decir, abiertamente peronista.
Al finalizar el año 1944 la CGT estaba prácticamente normalizada. Ya se habían integrado a ella alrededor de cuarenta organizaciones, entre las que se destacaban: la Unión Obrera Metalúrgica (fundada en 1943); la Unión Obrera de la Construcción (organizada paralelamente a la Federación Obrera Nacional de la Construcción, controlada por dirigentes comunistas); los sindicatos de los obreros del Vidrio, Sanidad, Papeleros, Azucareros, etcétera. Para alcanzar esta meta Perón echó mano a medidas desprejuiciadas que le estaban permitidas en virtud de su cargo.
Una de las más debatidas fue la creación de los llamados sindicatos autónomos. En aquellas federaciones donde resultaba imposible desalojar a los dirigentes tradicionales, sobre todo comunistas, Perón instrumentó la creación de sindicatos paralelos, que obtuvieron rápidamente el reconocimiento oficial. Así surgieron los sindicatos autónomos de la Construcción, Textil, Metalúrgico, de la Carne, etc.
La táctica del Partido Comunista consistió en abandonar sus tradicionales federaciones e incorporarse masivamente a las organizaciones nuevas para tratar de coparlas. Esta táctica no tuvo éxito salvo en contados casos, ya que los dirigentes peronistas obtuvieron un consenso inesperado de las mismas masas obreras, como auténtico respaldo al que ya comenzaban a reconocer como su líder.
En noviembre de 1944 la CGT organiza un acto para conmemorar el primer aniversario de la creación de la Secretaría de Trabajo y Previsión. El acto tiene un éxito total y durante este Perón se dirige a la clase obrera realzando el contenido de su proyecto político, que no era otro que el de consolidar el grupo de organizaciones sindicales peronistas y completar la integración de los cuerpos orgánicos de la CGT.
Debe tenerse en cuenta que, si bien el apoyo a Perón era ya importante, gran parte de las organizaciones sindicales aún insistían en su política antigubernamental. En ese corto período Perón había conseguido satisfacer una serie de reivindicaciones para la clase trabajadora del país de una importancia tal que prácticamente no se la podía comparar con ninguna de las conquistas obtenidas a lo largo de toda su historia anterior. Se logró llevar a cabo una mayor efectividad en el mecanismo de negociación de los convenios colectivos de trabajo (ahora el delegado obrero trataba con el empresario de igual a igual bajo el arbitraje de dicha Secretaría de Trabajo, quedando aseguradas así todas las garantías para el trabajador); se incrementan considerablemente las indemnizaciones por despido; en los convenios comienzan a introducirse cláusulas para asegurar las vacaciones pagas; se amplían los sistemas jubilatorios, que de ahora en adelante incluyen tanto a obreros como a empleados de la industria y el comercio. A todas estas reivindicaciones se va a agregar una que es esencial: el aumento masivo de sueldos y jornales garantizado, y esto es lo verdaderamente trascendental, mediante el incremento del salario real de los trabajadores".
Además de la clara inclusión del movimiento obrero como actor político, podemos ver que lo que buscó el GOU y Perón en particular es que estuviera orientado con los intereses de la patria y no con visiones ideológicas foráneas. Por lo tanto, el sindicalismo adoptaría también un carácter nacional, pensando los destinos de la patria, siendo un actor clave en la búsqueda de la grandeza nacional.
Como corolario de la política social que bregaba Perón se crea el Fuero del Trabajo, mediante el Decreto-Ley N° 32.347/1944, el cual buscó ser la culminación, la institucionalización de la revolución en su sentido social. De hecho el propio Perón cuenta lo siguiente: "Pepe, voy a elevar al Presidente el proyecto de Decreto por el que creamos el Fuero Laboral. Mire que en esta ley usted y yo nos jugamos por todo lo que hicimos y por todo lo que tenemos que hacer", era la forma de implementar la justicia social en la práctica. Se buscaba con esto lograr que las conquistas materiales tuvieran su defensa jurídica frente a una patronal que, aliada a ciertos sectores opositores, buscaba revancha.
Todas estas realizaciones en el movimiento obrero van a mostrar su valor en lo concreto en las jornadas del 17 de Octubre donde había sido incorporado a la política activa por parte del GOU con figuras como Perón y Mercante, va a hacer su debut como actor político integrado en la política nacional. Esto muestra que este proceso invirtió por completo la lógica del régimen anterior: el régimen de las componendas y el acomodo terminó y dio paso a una democracia social real, a la integración social del movimiento obrero y su institucionalización.
El mayor legado del 4 de junio de 1943, y lo que lo hace distinto a todos los demás golpes de Estado, es que el ejército como expresión del pueblo terminó con el régimen pseudodemocrático anterior y trajo este nuevo actor político, sin el cual no puede entenderse esta revolución histórica. Este hecho logró instalar en la patria la representación real, la sincera, cuyo origen es popular, orgánico, social y comunitario, y terminó con una lógica de poder que había corroído la totalidad de las instituciones de la nación.
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