“La Argentina será industrial o no cumplirá sus destinos” (Ugarte, La Patria Grande, 1922)
Manuel Baldomero Ugarte nació en Buenos Aires el 27 de febrero de 1875 y falleció en Niza, Francia, el 2 de diciembre de 1951.Pero sus ideas hoy están más presentes que nunca, por su prédica hacia la unidad del continente hispanoamericano, aquello que se refleja en los títulos de sus obras: “El destino de un continente”, “La Patria Grande” y el “El porvenir de la América española”.
Ugarte es considerado un “maldito de la historia argentina”, aquellos argentinos condenados al silencio y al olvido para impedir que sus ideas concurrieran a construir un pensamiento nacional. Abordemos una materia oculta, dentro del pensamiento “maldito” de Ugarte, su nacionalismo industrial, precursor en la Argentina del siglo XX de una nueva escuela económica, a partir del desarrollo de nuestros recursos, para así contribuir a la unidad de concepción que nos debe llevar a ser el polo industrial de Hispanoamérica.
Manuel Ugarte, además de ser un poeta amante de la literatura, escritor de cuentos y novelas, fue un político y pensador del futuro de la Argentina. ¿Por qué decimos que pensó el futuro de la Argentina? Porque en su viaje a los Estados Unidos en el año 1899 reconoció la necesidad de que nuestro país desarrolle una política industrial. De este viaje, se origina su nacionalismo económico, el pensamiento industrialista de Ugarte:
“Lo que yo aspiraba a estudiar y definir durante el viaje no eran sólo las posibilidades de levantar la nacionalidad desde el punto de vista moral e ideológico sino también, y sobre todo, las perspectivas en el orden de la organización económica, base primera sin la cual nada es posible. Y las comprobaciones no podían ser más dolorosas. Países productores de oro importaban alhajas del extranjero. Pueblos que vivían del producto de la tierra tenían que hacer venir las máquinas agrícolas de otras tierras. Naciones poderosas de los más vivos yacimientos de mineral estaban cubiertas de deudas y acribilladas de empréstitos. Las colectividades no parecían existir más que para empujar hasta los barcos los productos del suelo y recoger de esos barcos los artículos necesarios para su vida. Y hasta dentro de la existencia tributaria, ese comercio de importación y exportación estaba casi exclusivamente en manos de extranjeros, que acopiaban los frutos para revenderlos afuera, hacían llevar al país los objetos manufacturados de entrada y de salida sobre la producción y sobre el consumo.” (1)
Ugarte comienza a plasmar estas ideas a partir del 24 de noviembre de 1915 en Buenos Aires, con el primer número de su nuevo diario “La Patria”:
“La Patria nace para ponerse al servicio del empuje dirigido a suscitar al fin la nacionalidad completa. Un país que sólo exporta materias primas y recibe del extranjero los productos manufacturados será siempre un país que se halle en una etapa intermedia de su evolución. Y esta etapa conviene sobrepasarla lo más pronto posible, fomentando un sano nacionalismo inteligente que se haga sentir en todos los órdenes de la actividad Argentina”.
En el año 1915, en plena Argentina “granero del mundo”, cuando el país había adoptado el librecambio como política económica y aceptado un lugar inferior en la División Internacional del Trabajo, es decir, ser exportador de alimentos y materias primas, con una coyuntural prosperidad económica y sin un desarrollo integral de la nación, como lo hicieron Vicente Fidel López y Carlos Pellegrini en el siglo XIX, Ugarte y Alejandro Bunge, mediante la difusión de esta revista, se convierten en los cuestionadores de esa Argentina agraria, propiciando la política industrial, al proponer tarifas aduaneras, créditos a la industria, explotación de los recursos naturales, y lucha contra los monopolios extranjeros.
“Hay 20 repúblicas en la América española y cada una de ellas se cree superior a la vecina (…) Todas quieren ser medidas por lo que valen aisladamente, al margen del bloque moral que las ata. Y sin embargo, ninguna tiene la solidez y el volumen de una nación inexpugnable. En vano esgrimen fusiles y cañones. Los balbuceos bélicos no indican personalidad final. Bien sabemos todos que esas armas no resultarán nuestras hasta que sepamos construirlas y que esos barcos no serán verdaderamente nacionales hasta que salgan con nuestra bandera de nuestros propios astilleros. Lo mismo ocurre en otros órdenes. Los productos del suelo fertilísimo no dejarán dentro del país todo su rendimiento hasta que logremos transformarlos y manufacturarlos sin traspasar las fronteras. Los pueblos, como los hombres, sólo son completamente independientes cuando se bastan en la medida de lo posible a sí mismos, y una nación no alcanza su virilidad triunfante hasta que extrae de sí los principales elementos que exige su desarrollo.” (2)
En el pensamiento de Ugarte no existe “segunda independencia” sin industrialización mediante.
"Lo que compra mayormente la América, no son los productos, sino la superioridad científica, la habilidad manufacturera, la capacidad comercial" (3)
“Los pueblos que no manufacturan los productos nunca son pueblos verdaderamente ricos, sino pueblos por donde la riqueza pasa, puesto que, lejos de quedar ésta en el país, tiene que ir al extranjero (…)
El grado de civilización, de capacidad económica, de eficacia activa de los países se mide por su aptitud para transformar los productos de la tierra. Los que sólo exportan materias primas son, en realidad, pueblos coloniales. Los que exportan objetos manufacturados son países preeminentes. Sin dejar de fomentar la ganadería y la agricultura, base de nuestra vida, podemos, para bien de todos, ensanchar gradualmente el radio de las actividades, hasta hacer al fin un país completo, digno de su pasado y de su porvenir (…)
No se trata de teorías de proteccionismo o libre cambio. Se trata de una enormidad que no puede prolongarse; el proteccionismo existe entre nosotros para la industria extranjera, y el prohibicionismo, para la industria nacional (…)
Se abre en el umbral del siglo un dilema: la Argentina será industrial, o no cumplirá sus destinos”. (4)
Luego de cuatro meses, y como consecuencia del aumento del precio del papel, el 15 de febrero de 1916, Manuel Ugarte sentencia el final de las publicaciones, dejando en claro su legado: “El diario deja de publicarse, pero las ideas quedan”.
“Propiciaremos ante todo el desarrollo de las industrias nacionales” (Ugarte)
Manuel Ugarte bregaba por el rechazo al librecambio como ideología económica:
“Frente a los problemas que se plantearon desde los orígenes de su vida libre, la América Latina tendió más a menudo a buscar ejemplos que soluciones propias (…) En vez de tener caballo propio, montamos a la grupa de los demás” (5)
Porque las ideas no tienen patria, pero tampoco validez universal, dado que cada país tiene sus especificidades y se encuentra en distinto estadío de desarrollo. Lo que hace que una ideología sea “foránea” o “antinacional” no es su origen, sino su correspondencia con la realidad y necesidad nacional. Ugarte comprendía que no era momento de aplicar el librecambio, sino el proteccionismo.
En la Argentina, prevaleció la concepción económica antinacional, es decir, una política económica de sumisión a los dictados del imperialismo. Ugarte en ese tiempo luchó y soñó con una nación industrial. Porque bien entendía que la industria es poder, y sin poder no hay soberanía.
¡Nueva Roma ya está!
El pensamiento de Manuel Ugarte, entonces, nace de una aguda observación de la realidad. Al advertir el ascenso de los Estados Unidos a principios del siglo XX, Ugarte no dudó en calificar a la potencia del norte como "La nueva Roma" título del capítulo 5° de su obra, “El destino de un continente” del año 1923.
El país del norte encarnaba un nuevo tipo de imperio: uno que, a diferencia de los viejos colonialismos europeos, le agregaba la pujanza industrial, y un gran territorio, a su voracidad expansiva capaz de subordinar a las repúblicas hispanoamericanas, si estas no consolidaban un nacionalismo económico e industrial propio. Para Ugarte, esa "Nueva Roma" era una advertencia, un faro de desarrollo, pero también una amenaza inminente para la soberanía regional de nuestra América, la cual subrayaba Abelardo Ramos cuando afirmaba: “somos un país porque no pudimos ser una Nación y somos argentinos porque fracasamos en ser latinoamericanos”.
Casi un siglo después, esa intuición geopolítica encuentra un eco musical en la cultura popular argentina. En 1989, en las vísperas de la caída del muro de Berlín, Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota lanzaban el álbum “¡Bang! ¡Bang!... Estás liquidado”, que incluía la canción "Nueva Roma". En la poesía del Indio Solari, el concepto de la "nueva Roma" vuelve a aparecer vinculado al imperio, pero ya no en su etapa de avance territorial, sino en su fase tecnológica:
“Habla del Imperio, sin lugar a confusiones. Pero como hablar de imperio sonaba un tanto psicobolche para mi gusto, se me ocurrió lo de Nueva Roma, que tiene un tinte de historieta, de cómic. Es un mensaje que apela a la necesidad de sobrevivir en una sociedad altamente vigilada. Por eso, se sugiere que los satélites nos están viendo: Las máquinas vigías pasan, ay, volando el mundo…
Pero en los satélites, además de las mentiras habituales… ¡ya pasaban rock and roll!” (6)
Si Ugarte veía las máquinas, los ferrocarriles y las manufacturas norteamericanas como las herramientas de la nueva dominación, el Indio actualiza el diagnóstico al cantar sobre "tecnologías de punta" y satélites que vigilan y estandarizan la vida cotidiana. Ahora al imperio le basta con el control tecnológico y cultural. La coincidencia de pensamiento es total.
El cierre de la canción, con un categórico “¡Nueva Roma ya está!”, funciona como la constatación de la profecía de Ugarte. Lo que el pensador del siglo XX avizoraba como un peligro futuro, el cantautor lo declara como un hecho consumado en el final del milenio. La “Nueva Roma” ya no está llegando: ya se instaló y su maquinaria industrial del ayer, hoy moldea nuestro presente. La advertencia del pasado nos obliga a entender que la "Nueva Roma" actual se disputa en los campos de la inteligencia artificial, la biotecnología, la soberanía energética y la economía del conocimiento.
Por lo tanto, actualizar el nacionalismo económico de Ugarte hoy significa diseñar políticas estratégicas que transformen la matriz productiva argentina.
Frente al hecho consumado del imperio tecnológico, la respuesta del Movimiento Nacional no puede ser la resignación. Este puente conceptual entre el pensamiento de Ugarte y las letras del Indio no debe quedar como una mera curiosidad histórica o un ejercicio de nostalgia intelectual, sino como una iniciativa para recuperar nuestra línea de pensamiento nacional y así construir una Argentina Industrial.
Citas:
1 “El destino de un continente" (1923)
2 "El porvenir de la América Latina" (1911)
3"El destino de un continente" (1923)
4"La patria grande" (1922)
5 “La nación latinoamericana”,1978.
6 Indio Solari en conversaciones con Marcelo Figueras. Este texto forma parte del capítulo 15 del libro autobiográfico “Recuerdos que mienten un poc”o (Bs. As, 1era. edición, Editorial Sudamericana, 2019)
Bibliografía:
Obras consultadas de Manuel Ugarte:
-“El arte y la democracia”. Valencia: Sempere, 1905
-“Mi campaña hispanoamericana”. Barcelona: Editorial Cervantes, 1922.
-“La patria grande”. Barcelona: Editorial Internacional, 1922.
-"El destino de un continente", Madrid: Mundo Latino, 1923
-“La reconstrucción de Hispanoamérica”. Buenos Aires 1961. (Ed. Póstuma)
Bibliografía secundaria:
-Norberto Galasso, "Manuel Ugarte y la unidad latinoamericana", 2012, Ediciones Colihue SRL, Buenos Aires
-Miguel Ángel Barrios, "El latinoamericanismo en el pensamiento político de Manuel Ugarte", 2007, Ediciones Biblos, Buenos Aires
-Centro Ugarte, UNLA, "Manuel Ugarte legado, vigencia y porvenir", 2021, Ediciones UNLa
-Claudio Maíz, "Ensayo, viaje y memoria. Lectura de "El destino de un continente"
https://esaviejaculturafrita.blogspot.com/2011/12/nueva-roma.html
https://redondossubtitulados.com/patriciorey/lamosca/nueva-roma/
https://www.musica.com/patricio-rey-y-sus-redonditos-de-ricota/nueva-roma/analisis-cancion
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