Sucesos que echan luz sobre el contexto internacional y argentino de nuestros tiempos. Escribe Ariel Duarte.
#1 - Los enfierrados del siglo
Hace varios años, las potencias atlantistas reunidas en la Unión Europea y el Reino Unido sostienen en la propaganda internacional que Vladimir Putin se encuentra en el ocaso de su liderazgo.
En ese sentido, pretendieron avanzar hacia la frontera con Rusia a través de la incorporación de Ucrania en la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).
Desde el sistema internacional de la “tecnofinanza”, utilizaron el avance ruso sobre Ucrania como pretexto para embargar cuentas de Rusia en el exterior y excluirla del sistema de pagos Swift.
Desde los foros jurídicos del globalismo, los mismos que tildaron a Netanyahu de genocida, condenaron también a Putin por cometer crímenes de guerra y ordenaron su arresto. Se trata de la Corte Penal Internacional ubicada en La Haya, el reino de los países bajos aliado al Reino Unido.
Mientras tanto, Rusia ha demostrado que lejos está de ser parte del club de perdedores del nuevo orden internacional.
El general Valery Guerassimov, jefe de estado mayor conjunto de las fuerzas armadas rusas, anunció el éxito de la miniaturización de un reactor nuclear y su uso en un misil.
Explicó que el misil de crucero ruso 9M730 Burevestnik recorrió una distancia de 14 mil kilómetros, propulsado por un motor nuclear que puede evitar los medios antimisiles, es decir, es imposible de interceptar.
El pasado 29 de octubre, Putin participó del ensayo del nuevo torpedo Status-6 Poseidón, también propulsado por un motor nuclear.
El peligro de este arma se encuentra en su capacidad de provocar megatsunamis. Son lanzados desde un submarino y su impacto es capaz de generar olas capaces de devastar ciudades enteras del tamaño de Londres, Washington o Nueva York.
La otra utilización posible de estos torpedos submarinos es el ataque a la totalidad de los portaaviones de las fuerzas enemigas.
El torpedo Status-6 cuenta con 21 metros de largo y requiere un buque especial para su lanzamiento. Sin embargo, tiene capacidad de navegación como submarino no tripulado por tiempo indefinido, constituyéndose como la respuesta predilecta a cualquier ataque nuclear contra Rusia.
Muchas de las armas novedosas de las fuerzas armadas rusas fueron ensayadas durante la participación de Rusia en la defensa de Siria, frente a la amenaza del Isis aliada con Occidente para derrocar al gobierno de Bassar Al Assad.
En Siria, Putin ensayó otros equipos novedosos que le permitían inhibir el vuelo de aviones de la OTAN. Lograban interferir en el mando de los aviones sobre zonas circulares del territorio. Luego, probaron la extensión de esas zonas de exclusión sobre los territorios de Líbano, Irak y Turquía, con total éxito.
Los sistemas de inhibición de vuelos fueron luego instalados en Kalingrado y a lo largo del Mar Negro.
Tanto el torpedo Status-6 como el misil 9M730 Burevestnik fueron parte del programa de armamento presentado por Putin en 2018.
En esa presentación se mencionó también el misil Sarmat, que es capaz de elevarse más allá de la atmósfera terrestre, recorrer el perímetro de la Tierra y reingresar en el momento deseado para caer sobre cualquier objetivo.
Por otro lado, presentó también el misil Kinzhal, con alcance autónomo de casi 500 km, sin contar el vuelo de los aviones bombarderos que lo cargan, cuenta con velocidad hipersónica (5 veces la velocidad del sonido) y es capaz de portar ojivas nucleares.
A la vez, incluyó en su presentación el misil Avangard, equipado con ojiva guiada, de velocidad hipersónica, con capacidad de maniobrar en bajas alturas y alterar su trayectoria durante el vuelo, a fin de evitar los escudos antimisiles de las potencias atlánticas.
Lo único de la presentación hecha en 2018, que todavía se encuentra en fase de desarrollo, son los sistemas antimisiles de láser.
Hablamos de armas de destrucción quirúrgica sobre las capacidades de defensa de la OTAN, Gran Bretaña, Estados Unidos y China, que en 2010 eran prototipos y que en los últimos años pasaron a formar parte del arsenal ruso.
Las últimas presentaciones de Rusia rompieron la inercia nuclear en la que el mundo se encontraba hace varias décadas.
La otra gran potencia de armamento nuclear, Estados Unidos, anunció que retomará los ensayos de este tipo de armas, en tanto limitar sus declaraciones a la condena de las nuevas armas ensayadas por Rusia, significa el reconocimiento de la ventaja que la potencia de Eurasia logró en estos años en materia de defensa.
En lo que atañe al conflicto que hoy Rusia lidera con Ucrania, Putin se propuso dominar la región del Donbass como condición para sentarse a definir los términos del acuerdo de Paz que comenzó a conversar en Alaska con Trump.
Pronto será anunciada la toma y la victoria sobre la ciudad de Pokrovsk en dicha región, cuyo valor simbólico radica en que las fuerzas ucranianas son lideradas allí por Andriy Biletsky, líder del partido Cuerpo Nacional y primer comandante de la milicia de voluntarios Batallón Azov fundada en 2014.
El Sr. Biletsky se hacía llamar el Furher Blanco y es uno de los portavoces del supremacismo neonazi e integrista ucraniano, que considera inferior a la población ucraniana de origen ruso.
La fuerza bajo su comandancia es hoy la que encarna junto a 10 mil hombres la defensa de la asediada Pokrovsk. Las derrotas del Sr. Biletsky ya suma varias anteriores en Mariupol y otras ciudades del Donbass.
Los puntos centrales de la pretensión de Rusia para alcanzar la paz en el conflicto son tres: la eliminación de los neonazis integristas en el sistema político ucraniano, la aceptación de la anexión de la región del Donbass y Crimea a Rusia, la garantía de que Ucrania no formará parte de la OTAN.
Las naciones europeas han encontrado los límites de su alianza continental, que parece más preocupada por ahogar económicamente al gigante ruso y financiar la destrucción de Ucrania, que por apostar al rearme de las naciones del continente, las cuales ahora por exigencia de Estados Unidos deberán aumentar su presupuesto de defensa para financiar la OTAN.
La penosa situación de la Unión Europea en el nuevo orden internacional no se explica únicamente por las imágenes que muestran a Putin y Trump como los principales artífices de la paz, sino también porque sus territorios han quedado prácticamente indefensos ante una posible respuesta rusa, tras haber desperdiciado gran parte de su arsenal en la devastación de la frontera euroasiática en Ucrania.
#2 - Los retrotraedores
En Argentina convivimos con una tendencia política que duplica sus esfuerzos cuando asume un gobierno gorila.
Un sector social y político pretende retrotraer al país a un pasado remoto del siglo pasado, que habría sido próspero y auspicioso para configurarnos como la gran Australia de Sudamérica.
Hay un acuerdo base en esta tendencia política: todos consideran que el peronismo fue el origen de la decadencia. Sin embargo, existe una buena noticia: no todos piensan lo mismo.
Algunos gorilas históricos consideran que el país se quebró en 1943 a partir de la Revolución Justicialista, otros ligados al gobierno sostienen que en realidad el quiebre de la Argentina próspera sucedió con la presidencia de Don Hipólito Yrigoyen.
Quienes se identifican con las tradiciones democráticas y republicanas confrontan con aquellos que sostienen que el país se fracturó a partir de Yrigoyen. Según estos últimos -quienes también son “retrotraedores”-, el quiebre comenzó con la sanción de la Ley Sáenz Peña, que instauró el voto universal y obligatorio.
Por el contrario, el argumento oficial radica en que a partir de Yrigoyen comienza el proyecto industrialista y la justicia social.
La política energética de YPF y la geopolítica de la neutralidad pretendían separar a la Argentina de la injusta división internacional del trabajo a la cual la habían condenado como productora de materias primas e importadora de manufacturas británicas.
Desde YPF y junto al General Don Enrique Mosconi, el gobierno de Don Hipólito se propuso:
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Igualar el precio del combustible para toda la Argentina.
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Abaratar el precio de la energía todo lo posible sin afectar la rentabilidad y la inversión de la empresa.
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Garantizar el acceso a la energía en todo el país, independientemente de si se trata de provincias petroleras.
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Abastecer el mercado interno de energía, para evitar depender de importaciones.
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Invertir en reservas futuras, reponer cada barril extraído por otro explorado, incorporado a las reservas.
La energía barata y la posición neutral ante la Primera Mundial, posibilitó que Argentina pudiera comenzar a sustituir importaciones de manufacturas por fabricación propia.
El desarrollo productivo fabril, a su vez, provocó un aumento en la organización sindical y la conciencia social.
A la luz de las condiciones de esclavitud en las cuales los peones rurales trabajaban, descriptas décadas atrás por Don Bialet Masset en su informe sobre el Estado de la Clase Obrera Argentina, durante el gobierno de Yrigoyen se multiplicaron los reclamos ante la patronal oligárquica, que desembocaron en los trágicos acontecimientos de la Patagonia Rebelde o de La Forestal.
Quienes ofician de Tribuna de la Oligarquía terrateniente, saben que Yrigoyen pretendió mojarles la oreja, pero prefieren ubicar el problema en quien sí finalmente lo hizo, el General Juan Perón, y con ello juntar a todos los retrotraedores en el mismo bando.
La insistencia de La Nación en sus editoriales sobre este tema revela una certeza: el peronismo desafió a la oligarquía, y ésta nunca se lo perdonó.
En efecto, el planteo que siempre argumentan es que a partir de 1943 se consagró el “populismo”, el “dirigismo” y el “corporativismo” en el sistema político argentino.
El planteo es el siguiente: el peronismo inauguró una economía sujeta al control gubernamental del Banco Central y la moneda, ramas de la producción y servicios públicos dominados por el Estado y un sistema de toma de decisiones donde la corporación sindical y de empresarios prebendarios condicionan la posibilidad de ser una Argentina libre y pujante.
En una editorial publicada el 5 de octubre de este año, se sostuvo que el origen de las tensiones cambiarias y del aumento del riesgo país radica en el temor de los operadores financieros a que “la mayoría de la población, por convicción o ignorancia, mantenga las mismas creencias que han influido en la Argentina desde 1943”.
Esos años fueron decisivos para nuestra historia, porque más allá del desenlace violento y genocida de 1955, las relaciones sociales y la cultura cambiaron para siempre.
La oligarquía que se creía hasta entonces dueña de la Argentina, dejó de disfrutar y confiar sus tesoros en el país que le posibilita ser aristocracia. Prefieren ser turistas ricachones en el exterior a aristócratas de su propia tierra.
El economista Facundo Alvaredo, al realizar una evolución en la distribución del ingreso en Argentina desde 1930, muestra cómo en el período de 1945 a 1955 el peronismo los desplumó.
Alvaredo explica que utilizó las estadísticas del impuesto sobre la renta para evaluar la magnitud de las pérdidas sufridas por los más ricos durante la etapa peronista:
“El porcentaje del percentil más alto disminuyó del 25,9 % en 1943 al 15,3 % en 1953. Los más afectados parecen haber sido los más ricos entre los ricos: el 0,1 % más rico se redujo del 11,6 % al 5,1 % y el 0,01 % más rico del 4,1 % al 1,4 % en el mismo período. La reducción de la concentración del ingreso fue significativa… Aunque nuestros datos no permiten explicar en detalle lo que ocurría por debajo del 1% más rico, la disminución de la participación de este grupo hasta mediados de la década de 1950 coincidió con una mejora general en la distribución del ingreso, como lo demuestra el aumento del 8% en la participación del trabajo en el ingreso total en las cuentas nacionales entre 1945 y 1954... La relación entre el trabajo y el PIB alcanzó un máximo histórico del 50,8% en 1954, un año antes del golpe militar que derrocó a Perón”.
La renta que hasta ese entonces se destinaba al pago de la deuda externa o a engrosar las fortunas de las 1.000 familias terratenientes, pasó a utilizarse para el desarrollo de la marina mercante, la fabricación de barcos, camiones, autos, maquinaria y otorgar créditos para el desarrollo de la industria manufacturera de consumo popular.
En síntesis, el capital se puso al servicio de la economía y la economía en función social. Nunca se lo perdonaron.
Setenta años después de 1955, y casi cincuenta años desde 1976, la oligarquía terrateniente no se siente parte de su propio país y todavía considera que Argentina necesita un nuevo reseteo en el que termine de una vez y para siempre las ideas de justicia social enarboladas en 1943.
Así es que llegamos a la paradoja de nuestros días, donde un pequeño sector social detenta una millonaria fortuna desde hace siglos a partir del dominio de la zona núcleo de la Pampa Húmeda, pero esa riqueza luego uno no la ve reflejada en forma consecuente en consumo o inversión.
Cuesta ver la cantidad de autos de lujo, barcos y mansiones que se podrían corresponder con la renta agropecuaria que se embolsó durante tantas décadas desde 1955. Por el contrario, podemos sí observar los palacios que esas mismas familias construían cuando a principios del siglo XX se consideraban dueñas del país.
Las preguntas que sobrevienen entonces son: ¿Dónde la gastan? ¿Dónde está esa riqueza?
Desde un punto de vista intuitivo, sabemos que en las costas de Punta del Este sobreabundan las mansiones y autos de lujo que son propiedad de argentinos. Sucede lo mismo con Europa o Estados Unidos, donde los nuevos ricos de Miami imitaron este comportamiento de desarraigo.
Mejor vamos a los números.
Los argentinos compartimos con los yankis y los rusos un podio muy pintoresco: somos una de las poblaciones que más dólares poseen en el mundo.
La cantidad de dólares de los argentinos por fuera del sistema financiero local ascendía a fines de septiembre de 2025 a casi 270 mil millones de dólares, según el Indec en su informe de la Balanza de Pagos.
Allí se suman los fondos atesorados en cajas de seguridad, cuentas bancarias declaradas en el exterior y billetes guardados sin declarar.
Al 30 de junio de este año, el total de activos externos propiedad de argentinos ascendió a 470 mil millones de dólares, de los cuales 254 mil millones son monedas y depósitos.
Por otra parte, si restamos los pasivos externos respecto de los activos, nos encontramos con que los argentinos lejos de tener un problema en el sector externo, somos acreedores del mundo en 40 mil millones de dólares.
Según una editorial de La Nación mencionada anteriormente, el gran drama de la Argentina radica en que las ideas que “infectan al país desde 1943” habrían destruido nuestra moneda, y por eso los argentinos prefieren ir al dólar fuera del sistema.
Se plantea que los países que han podido reactivar un programa de desarrollo son aquellos que cuentan con moneda propia, pero que ello en Argentina se terminó en 1946 cuando el Banco Central fue nacionalizado junto con el comercio exterior.
Habría que avisarles que en este gobierno el Banco Central y el Ministerio de Economía son dirigidos por los dos socios de la misma consultora privada, Santiago Bausili y Luis Caputo, ambos subordinados al presidente.
Más allá de eso, La Nación explica que frente a la falta de moneda propia “la reactivación sólo puede ocurrir con flujos de moneda ajena, aquella que hemos elegido mediante tácito consenso: el dólar estadounidense, que la Argentina no puede emitir”.
Luego, sostiene que pese a ser el país “con más dólares billetes (per cápita) y con 400 mil millones de dólares fuera del sistema… bastaría con que ingresara una fracción… para gastar o invertir en campos, industrias, comercios o servicios. Pero ello sólo ocurrirá cuando no haya dudas de que las reglas de juego se mantendrán firmes”.
Finalmente, insisten en que el temor persistente es que las creencias de la población continúen siendo las mismas que orientaron la voluntad política en 1943.
Resulta casi extorsivo, en tanto se sabe que el grueso de esa riqueza de los argentinos fuera del sistema no está precisamente en manos de los trabajadores, sino precisamente del sector rentístico de la población ligado al sector agropecuario y terrateniente, disfrazado hoy bajo un mar de sociedades y al cual La Nación sigue representando.
Los retrotraedores nos proponen alcanzar el sueño de un futuro extraño: volver al pasado, cuando la Argentina se encontraba inserta en una división internacional del trabajo tutelada por Gran Bretaña.
En ese camino, insisten con la reprimarización de nuestra economía, en un cóctel de Vaca Muerta, Oro, Cobre, Litio y otros minerales críticos, Soja, Maíz y Trigo, que podrían catapultar al país como una nueva potencia agrominera exportadora para el siglo 21.
Los retrotraedores lograron sumar a sus filas, sin quererlo, a un conjunto de idiotas útiles que abogan el progresismo y la nueva izquierda de esta época, quienes proponen la tutela de China y sumarnos a las cadenas globales de abastecimiento de los Brics.
En el camino de la subordinación a las cadenas globales de China, la única Argentina posible es justo la que nos proponen los “retrotraedores”, un país que se consolide como productor de materias primas e importador de productos manufacturados.
Lo que no lograron con la violencia en el 55’ o en el 76’, hoy lo logran con el progresismo regional que subordina nuestra economía al modelo de desarrollo chino y a la división internacional de trabajo que nos proponen.
La oportunidad para industrializar argentina emerge una vez más entre las cenizas.
Si bien encontramos entre las filas del Movimiento Nacional a quienes abogan por la subordinación económica a China (la terminología que usan es la “complementariedad”), debemos tener presente que la propuesta globalista de los retrotraedores de siempre hoy no encuentra puerto de destino más que el PC del lejano oriente, que comanda una potencia perdedora en el nuevo orden reinante.
Los retrotraedores aflorararon en los últimos tiempos producto del eco que encuentran en el partido oficial. Sin embargo, ya no cuentan con la protección de La Marina o de Gran Bretaña como lo era en el siglo pasado.
Debemos estar atentos a su histórica estrategia adoptada para avanzar sobre el objetivo de retrotraer a la Argentina en 1943, descripta por Martínez de Hoz en una anécdota que vale la pena recordar.
Corría el mes de octubre de 1982 y la crisis de la última dictadura era total. La Nación realizaba una entrevista al ex presidente Arturo Frondizi, en la cual contó acerca de un encuentro que mantuvo con el ex ministro de economía Martínez de Hoz, en la cual lo había reunido a él y un conjunto de dirigentes para explicar el plan económico:
“Martínez de Hoz no fracasó, como algunos creen, sino que tuvo pleno éxito, porque consiguió lo que quería. El plan de 1976 tenía como objetivo destruir parte de la economía argentina. Digo esto, porque el ministro un mes después de asumir el cargo nos reunió a cinco dirigentes y nos explicó el verdadero sentido del plan, que era destruir el aparato productivo… El plan consistió en tres fuentes. Una, la escuela de Chicago, la más reaccionaria del mundo; otra, en los viejos reaccionarios económicos argentinos y, por último, en la Trilateral, formada por los grandes monopolios norteamericanos, europeos y japoneses”.
El objetivo en destruir el aparato productivo industrial radica en que allí se encuentra el poder de fuego del pueblo argentino: los sindicatos.
El enemigo elegido por siempre para los retrotraedores es precisamente la malla de contención que construyó el propio Perón, para defender la Justicia Social como política de Estado en la comunidad.
La defensa del sindicalismo es la defensa de una Argentina de producción y trabajo, de una Argentina industrial y de pleno empleo.
Sólo con el sindicalismo no alcanza para la Argentina Industrial, pero sí es una garantía que destruir la CGT es el objetivo que se propusieron los retrotraedores desde 1955 y 1976, siendo sus primeras medidas la intervención de los sindicatos, la anulación de los convenios colectivos y la destrucción de su base social de afiliados: la industria.
Ahora nos toca evitar ser idiotas útiles de los cantos de sirena que por izquierda pretenden minar la autoridad de los sindicatos en la política argentina que, pese a bombas, persecuciones, fusilamientos, desapariciones, la destrucción del aparato productivo y la difamación permanente en medios de comunicación desde el retorno de la democracia, hoy siguen en pie escribiendo una nueva página en la historia de lucha de nuestra clase trabajadora.
El otro mandato, no menos importante, es el pensar e imaginar las mejores alternativas posibles para poner a trabajar esos activos que tenemos en el exterior.
¿Cómo vamos a persuadir a los argentinos propietarios de los 470 mil millones de dólares para que los inviertan en el país?
#3 - Proyecto espacial
Un emprendimiento argentino denominado Wizor Space fue seleccionado en la NASA International Space Apps Challenge 2025 para participar del certamen anual sobre soluciones a problemas aeroespaciales.
El proyecto fue apoyado por el trabajo de la Comisión Nacional de Actividades Espaciales, y consiste en un simulador inmersivo en el que los usuarios dirigen una misión en Marte o la Luna.
El proyecto argentino fue destacado por las autoridades de la NASA por el enfoque humano que adopta en el bienestar humano de los tripulantes misioneros, a la luz de las condiciones ambientales adversas en el que deben trabajar.
Dicho bienestar reúne tanto la satisfacción de la alimentación como la mejora en las condiciones laborales y evitar el estrés, por lo que podemos decir con alegría que la Justicia Social llega a la Luna, o por lo menos al certamen internacional de la NASA.
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