“Un deportista que se precie como tal tiene la obligación de conocer la historia de su deporte”, dijo Guillermo Vilas, en conferencia de prensa de julio de 1977, tras obtener su mayor conquista como tenista, el Roland Garros. Extendamos esta premisa a la historia del básquetbol argentino. El 14 de julio de 1941 nació el eje fundamental de esa historia: decir León Najnudel y básquetbol argentino es lo mismo. Fue tal el legado que nos dejó, que aún a 40 años de la creación de la Liga Nacional de Básquet continúa vigente. Es un acto de justicia mantener vivo el fuego de su legado, que marcó el antes y el después de este deporte en nuestro país.
A León, le decían “ruso”, pero en verdad era polaco. En 1936, desde Ostrowiec Swietokrzyski (pequeña ciudad del centro sur de Polonia), llegó a Corrientes Simón Najnudel, padre de León. Fernando Najnudel, hermano del histórico basquetbolista argentino, contó respecto a sus orígenes:
“Simón, nuestro padre, era el más chico. Nació en 1914 y era una persona muy inteligente. Se fue de su pueblo porque estaba informado que se venía la Segunda Guerra Mundial. Trabajó como vendedor de medialunas en el puerto de Corrientes y también como peluquero. En su viaje desde Polonia, en el mismo barco, aprendió a cortarle el pelo a parte de la tripulación y así fue que con ese oficio complementó sus primeros años en Argentina.
Mi viejo dejó Corrientes y bajó a Buenos Aires para recibir a mi madre, Raquel, que también era de Ostrowiec Swietokrzyski. Esto fue en 1937. Ellos se habían casado en Polonia y se volvieron a casar acá. El objetivo era salir de la pobreza. Nuestra primera casa, que era una pieza para todos, estaba en Castillo y Malabia, en donde nací yo; luego nos mudamos a Aguirre y Gurruchaga y después a Villarroel entre Darwin y Humboldt. Ahí nació León”.
Pero la casa en donde León identifica su vida fue sobre la calle Thames casi en la esquina de avenida Corrientes. Ese fue el centro neurálgico de su vida social y deportiva, empezando su relación con el básquet en el patio de la Iglesia de la Resurrección del Señor, pleno barrio de la Chacarita. Participó de los Juegos Nacionales Evita de 1955 integrando el equipo de los bohemios como jugador federado, antes del derrocamiento al Presidente Juan Perón.
León posteriormente concurriría a la Unión de Estudiantes Secundarios. Más allá del jugador, él ya sabía que su camino era el de entrenador. Con 17 años armó la escuelita de básquet en el Colegio Buenos Aires de las calles Camargo y Corrientes; con 19 años dirigía las divisiones inferiores del Club Scholem Aleijem. Luego, con 22 años, llegó una institución que lo marcó mucho: el Club Atlanta, bajo la presidencia de Kolbowski.
Como entrenador, dirigió selecciones nacionales, tanto divisiones inferiores como la mayor, el Club Ferrocarril Oeste, Sport Club de Cañada de Gómez, Racing Club de Avellaneda, CAI Zaragoza de España, entre otros. En cada uno de estos clubes León dejó su huella, implementando nuevas formas de entrenamiento o tácticas: apoyarse en imágenes para analizar los partidos a través de su proyector y Super 8, lo que luego se llamó “scouting”; viajar a ver partidos a las ligas europeas y a los Estados Unidos para aprender y luego aplicar aquí; reclutar a jugadores de alta estatura para sus equipos luego de recorrer a lo largo y a lo ancho del país visitando los clubes y mirando partidos. Si algo caracterizó a León, fue su pasión a la hora de hacer. Vayamos a su huella nacional.
¿Qué había antes de la Liga?
El básquetbol se creó en 1891 como juego deportivo en Springfield (Massachusetts, EEUU) y llegó a la Argentina en 1912, a través de la Asociación Cristiana de Jóvenes. En 1950, nuestra Selección Argentina logró el campeonato mundial, marcando un gran antecedente en la historia de ese deporte. Pero para los años 70’-80’, este recuerdo ya estaba lejano, borroso, y para León, el básquet argentino se encontraba estancado. Horacio Seguí responde a la pregunta:
“Solo buenos jugadores que no competían con nadie durante 300 días al año. Ningún profesional se puede perfeccionar en poco tiempo. Comparemos un mecánico, zapatero o un fontanero que solo trabaje 3 meses al año, no puede mejorar, ni corregir sus errores. Las habilidades físicas y manuales deben ser constantes cada uno de los 365 días del año, con sus tiempos de descanso”.
Lo que sucedía era que el básquet estaba presente en cada una de las provincias del país, pero sin nada que los aglutinara como para dar un salto de calidad. Simplemente existía un campeonato argentino incipiente de poca duración que tenía el objetivo de promover el deporte de manera federal. Sin embargo, para León esto era poco y así lo declaró en 1974 tras la finalización del Mundial en Puerto Rico, en el que la Argentina tuvo una actuación decepcionante, que terminó en la colocación número 11. Cuando un periodista le preguntó: “¿Qué le faltó al equipo para superarse? ¿qué sugiere para un futuro inmediato y mediato?, León respondió:
“A nuestro equipo le falta estar continuamente en gran competencia partiendo de la competencia interna, que es lo que variará nuestro nivel. Lo que sugiero es cambiar totalmente nuestra forma de competir interna, que será la única manera de elevar nuestro nivel, aumentando la cantidad y calidad. Los dirigentes tienen la palabra. Creo que ya es hora de la puesta en marcha de una liga nacional con autorización para fichas de jugadores extranjeros y el aporte de firmas comerciales”
Según Horacio Seguí: “Siempre tuvimos jugadores con posibilidades de ser incorporados al básquet del mundo, pero no teníamos cómo canalizar los talentos que poseíamos por no tener una estructura de competencia con calidad”. León veía la liga como un puente hacia la excelencia deportiva y a ese sueño se subió.
León predicó en cada lugar donde estaba sobre la necesidad de organizar una liga nacional. ¿Qué nos falta para estar a la altura de los europeos? Era la pregunta que se encargaba de responder León: “Organización. Or-ga-ni-za-ción. Algo totalmente diferente. Una Liga Nacional. Competencia cuando se necesita y pausa cuando hace falta. Público adecuado, escenarios adecuados, pelotas adecuadas, pisos adecuados, tableros adecuados. Frente a esta propuesta, solían preguntarle: ¿Tantas cosas? ¿Se puede?, a lo que León replicaba: “Sí, claro que sí. Es cuestión de ponerse y hacerlo progresivamente. No es de un día para otro, pero en 6 o 7 años estaríamos al nivel de la mayoría en Europa”.
León, inquieto, docente, expansivo, combativo e infatigable, se reunía diariamente con jugadores, entrenadores, periodistas, dirigentes, para poder concretar el sueño de la liga nacional: “El tema siempre está presente en todos los encuentros. Podría ser en el Dandy, en el restaurante Las Tejas de avenida Córdoba y Rawson; en Pippo, en la calle Montevideo; en el Anexo de Ferro, muy cerca de la sede en la calle Cucha Cucha; o en la cantina A Los amigos, de Hugo Zorzoli, en Loyola 701. Así León también iba sumando adhesiones”, retrata Orcasitas. Pero había que expandirlo para que la idea tomara repercusión mediática. Ese día llegó en agosto de 1982: la idea de la liga nacional se presentó en sociedad, a través de la revista El Gráfico.

La Revista El Gráfico organizaba “El mes del deporte” y el director del semanario, Héctor Vega Onesime, le pidió a Orcasitas, periodista y amigo de Najnudel, que se hiciera cargo del tema básquetbol. Los otros deportes fueron fútbol, automovilismo y boxeo. Por el básquet, para debatir el presente y el futuro fue León Najnudel, que ante la duda de su amigo acerca de si se había preparado, León respondió “Oro, qué me voy a preparar, si hace 12 años que estoy preparado”. Y así fue como en el salón principal de la Sociedad de Distribuidores de Revistas y Afines, sobre la avenida Belgrano altura 1728, un 17 de septiembre de 1982, bajo la consigna “¿Es la Liga Nacional la solución para nuestro básquetbol?”, León se apoderó del micrófono y de la atención de los presentes para explicar su idea.
Entusiasmado, León organiza junto a Orcasitas una reunión en el Edificio Centinela con el Comandante Mayor de la Gendarmería Nacional, en ese entonces interventor de la Confederación Argentina de Básquetbol (recordemos que la dictadura militar persistía). La idea toma repercusión mediática y a su vez se trataba en las cúpulas dirigenciales del deporte nacional. León insistía. Junto a Orcasitas organizan reuniones de presentación y explicación de la idea en diferentes ciudades de las provincias, Paraná, Bahía Blanca, Rosario, entre otras. Orcasitas suspendía su tarea en El Gráfico y León dejaba al equipo de Ferro con su asistente técnico para viajar y sembrar en el Interior, que era clave para la concreción del proyecto. A su vez, se entrevistaban con funcionarios civiles de la dictadura para conseguir su apoyo. León insistía y conseguía la difusión a través del programa Sport 80 en Radio Mitre de Víctor Hugo Morales, Diego Bonadeo, Fernando Niembro, Adrián Paenza, Marcelo Araujo y Daniel Jacubovich. Allí se armaban debates interesantes, con nuestro entrenador como invitado principal, respaldando su idea. Enrique Tolcachier, entrenador y referente del básquet, decía “León era millonario y decidió compartir su fortuna”.Era visionario de una idea, pero para poder concretarla en los hechos, luchó y luchó. Nos encontramos cada vez más cerca de cumplirla.
León comienza a dirigir el CAI de Zaragoza en España. Sin embargo, dejó como custodios y promotores de la idea a sus amigos que lo acompañan desde las largas noches porteñas del Dandy: Horacio Seguí, José Cavallero, Chiche Gornatti y Osvaldo Orcasitas, personas que tuvieron visión, orgullo, ideales, pero por sobre todo, valentía y decisión de trascender.
León dirigía en España, pero su cabeza estaba en Argentina. Tal es así que organizaba reuniones para conseguir apoyos para su sueño, llegando a conversar con Maradona, Valdano y César Luis Menotti.
Finalmente, el 15 de marzo de 1984 se aprueba en Asamblea Extraordinaria el “Proyecto de modificación de la estructura de las competencias oficiales organizadas por la CABB a nivel de clubes para las temporadas 84-85/88”. Como hecho anecdótico, no le querían poner de nombre Liga Nacional porque coincidían las siglas con las del nombre de León Najnudel, su mentor.
León se enteró por carta de la realización de su sueño:
“Luego de la Asamblea de Córdoba, es anecdótico cómo se enteró León del resultado de la votación. Pues Roberto Germaneto le manda un telegrama a la casa de la familia en Zaragoza y como el equipo estaba en viaje de regreso desde Canarias, León en cada lugar que podía, llamaba a su casa a ver si se sabía algo. Así lo hizo desde el hotel en Canarias, desde el aeropuerto, luego desde Madrid al aterrizar y, finalmente, casi llegando a Zaragoza, en un pueblo llamado Arcos de Jalón de la provincia de Soria, cuando bajaron a comer un bocadillo, llama y Nico, su hijo, lee el telegrama de la aprobación, razón por la cual se puso a saltar y gritar de contento. Por supuesto ni su equipo, ni la gente que era acompañada tuvieron alguna expresión o respuesta esperable. Lógicamente, su realidad era otra y no podían sorprenderse por lo que para él era el gran salto de nuestro básquetbol”.
El inicio de la Liga Nacional estaba a la vuelta de la esquina y León fue claro: “Me vuelvo a Buenos Aires. Me marcho a mi patria”. El 2 de abril de 1984 fue su último partido en España. Rubio, presidente de Zaragoza declaró años después: “No entrenaba mucho al equipo; alguna vez los hizo jugar al fútbol; pensaba más en Argentina que en la liga española, por donde viajáramos, se encontraba con amigos para hacer tertulias. Era diferente”. Se realizó un Torneo de Transición para llegar al primer partido de la Liga Nacional de Básquet el 26 de abril de 1985.

León Najnudel inventó la Liga Nacional después de ver por dónde pasaba el desarrollo del básquet mundial. Extrapoló la idea a su Patria. León ya tenía en su mente y alma la idea de copiar a los mejores, adaptando lo que se puede a nuestro medio y cambiar el sistema competitivo para dar ese salto. Horacio Seguí lo explica:
“Lo más importante de nuestra gestión de implementación (con la mirada retrospectiva) fue que supimos adecuar todos los pensamientos y nutrientes recabados, a la realidad que vivíamos y a la cultura deportiva de nuestro país, a sus leyes, y encontrar las reglas correctas para concretar un modelo totalmente ajustado a la idiosincrasia argentina, y que se pudiera poner en marcha por largo tiempo sin cambiar sus condimentos”.
¿Dónde estaba la dificultad? En desarticular el status quo dirigencial enquistado en la Confederación Argentina de Basquetbol, conformado a su vez por presidentes de las federaciones provinciales y, un paso más abajo, los de las asociaciones regionales. Pero León y su grupo no especularon, lucharon, invirtieron mucho de su tiempo y finalmente nos dan otro ejemplo más de que los sueños se cumplen, que las buenas ideas triunfan, que las personas valemos, que el bien común aún está vigente.
El Ruso fue un valor argentino, el cigarrillo, el whisky, el café y la sobremesa prolongada adornaron su vida. Paenza lo definió como “un gran científico, que mira lo que miramos todos, pero ve lo que no ve nadie. Mirá, generalmente las personas dejan su huella en dos generaciones, en sus hijos y sus nietos. Pero él, dejó una huella permanente, para siempre“. León profesionalizó el básquet argentino, junto a la Liga, vinieron los logros colaterales, el 3vs3, el Juego de las Estrellas, el libro de estadísticas. Y, luego, se vieron los frutos: en los años 90´, se decía que los grandes jugadores del básquet fueron hijos de la Liga, aquellos integrantes de la Generación Dorada. Si León fue el padre de la Liga, por lo tanto, también fue el padre de todos esos pibes.
Para finalizar quiero resaltar una última reflexión que dejó León Najnudel, fallecido el 22 de abril de 1998, quien dejó un legado más que presente que nunca:
“Después hubo toda una camada muy importante. Para que hoy estemos los que estamos tuvo que haber otra gente que hizo cosas para que nosotros amemos este juego. Entonces me parece que yo era un cable para unir a otros que vengan detrás de mí y sigan amándolo igual o más que nosotros, los que estamos ahora. Vos sabes que gracias a Dios está ocurriendo. Y se ha logrado formar a profesionales, por ejemplo, entrenadores, jugadores, periodistas, hacer una cosa digna, y mejorar en ese aspecto a la gente de nuestro país, donde uno tiene sus creencias, sus raíces, sus amores. Las raíces son importantes y los frutos también. Yo quería recoger los frutos en el mismo lugar donde eché raíces”.
Bibliografia:
1. Marcelo Gustavo Nogueira, “León Najnudel, historia de un adelantado”, Ediciones Básquet Plus, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, 2021. Página 22.
2. Horacio Juan Seguí, “En primera persona. La creación de la Liga Nacional de Básquetbol”, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, 2024. Página 108-30.
3. Marcelo Gustavo Nogueira, “León Najnudel, historia de un adelantado”, Ediciones Básquet Plus, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, 2021. Página 39
4. Horacio Juan Seguí, “En primera persona. La creación de la Liga Nacional de Básquetbol”, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, 2024. Página 41
5. Marcelo Gustavo Nogueira, “León Najnudel, historia de un adelantado”, Ediciones Básquet Plus, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, 2021. Página 59
6. Marcelo Gustavo Nogueira, “León Najnudel, historia de un adelantado”, Ediciones Básquet Plus, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, 2021. Página 60
7. Marcelo Gustavo Nogueira, “León Najnudel, historia de un adelantado”, Ediciones Básquet Plus, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, 2021. Página 76
8. Horacio Juan Seguí, “En primera persona. La creación de la Liga Nacional de Básquetbol”, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, 2024. Página 50
9. Marcelo Gustavo Nogueira, “León Najnudel, historia de un adelantado”, Ediciones Básquet Plus, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, 2021. Página 93
10. Horacio Juan Seguí, “En primera persona. La creación de la Liga Nacional de Básquetbol”, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, 2024. Página 39
11. Marcelo Gustavo Nogueira, “León Najnudel, historia de un adelantado”, Ediciones Básquet Plus, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, 2021. Página 190
12. Marcelo Gustavo Nogueira, “León Najnudel, historia de un adelantado”, Ediciones Básquet Plus, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, 2021. Página 200
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