Sucesos que echan luz sobre el contexto internacional y argentino de nuestros tiempos. Escribe Ariel Duarte


¿Cuál es el interés nacional de los argentinos? ¿Cómo opera el Reino Unido? ¿Cuáles son los aliados estratégicos y quiénes sirven a sus intereses sin darse cuenta? ¿Por qué el sistema político argentino está disociado de la nueva época que atraviesa el mundo? ¿En qué consiste la misión de la NASA en la cual participará un satélite diseñado en la Argentina?.


#1 - Los ingleses y sus aliados estratégicos  

Existe un chiste popular de nuestros queridos paisanos muy significativo para estos tiempos de constantes noticias. Cuando les comentan una nueva, contestan: “¿Y eso es bueno o malo para el pueblo judío?”.

¿Los argentinos pensamos con esa lógica? Decididamente no. Se requieren muchos siglos, milenios, para que el prisma del interés nacional y popular sean los lentes para analizar la realidad. 

Las noticias son muchas veces leídas con la anteojera que nos regalaron los mismos que promovieron la decadencia que hoy vivimos. 

La lógica de pensamiento digital reina. La subjetividad digita un sistema de modas y calificaciones “pegadas” que sólo nos apartan de lo que en definitiva importa: qué es lo que nos conviene a los argentinos.

Un gran ejemplo de este fenómeno es la llegada de Trump y un gobierno proteccionista en la principal potencia, que derriba todo el sistema de libre comercio que tanto nos ha empobrecido. 

Las modas del viejo mundo todavía conviven en la mentalidad de nuestros hermanos. El bombardeo mediático de los mismos medios que criticamos, ahora son nuestro combustible para denostar a Donaldo. 

La última operación del establishment fue la Superbowl y la actuación de uno de los tantos payasos del régimen globalista. Le dicen Conejo Malo, porque ni los magos lo pueden hacer laburar. 

La próxima anécdota amaga con ser la de los premios Oscars y algunos billonarios de Hollywood que firman cartas abiertas en contra del gobierno. 

La melodía contestataria, “antifascista”, “antiracista”, “progresista”, “antiderecha”, todavía resuena en nuestros globalizados oídos, bajo la orquesta de las mismas instituciones que comandaron el régimen más injusto que la Historia Universal haya conocido. 

Hollywood, Wall Street, NFL, The New York Times, y tantas otras instituciones globalistas que sirvieron para la consolidación de un mundo consumista, nihilista, hedonista, desigual, escéptico e individualista, de pronto se convirtieron en los portavoces de la rebelión social.

Algo parecido sucedía hacia 2020, los mismos medios que hasta hace 5 minutos mentían sistemáticamente en función de sus intereses económicos, de pronto nos convencieron de encerrarnos en nuestras casas y ponernos la gorra, botoneando a quienes incumplían el aislamiento o no usaban bozal. 

Los financistas del Conejo

El espectáculo del Superbowl se explica por sus financistas. La productora del entretiempo se llama Roc Nation, con sedes en Nueva York, Los Ángeles y Londres, perteneciente a la distribuidora Universal Music Group.

La gran corporación Universal, lejos de responder a los intereses americanos, es un consorcio que cotiza en la bolsa de Amsterdam, la capital del reino aliado a Gran Bretaña. 

Entre los principales accionistas de Universal, sobresalen dos: Vivendi con el 10%, de origen francés; y Tencent con el 20%… ¡que viene de China! Los mismos que controlan WeChat, el servicio de mensajería “Whatsapp” del Partido Comunista Chino, controlan hoy Universal.

A su vez, Tencent opera en la Bolsa de Hong Kong, el enclave británico que convive en China desde su entrega en 1997 luego del tratado Sino-Británico, por el cual acordaron el traspaso de la soberanía pero con una administración especial bajo las reglas comerciales británicas.

Los dueños de Tencent explican todo: además del magnate chino Ma Huateng, se agrega la compañía Naspers de Sudáfrica (país perteneciente al Commonwealth británico), y el JP Morgan Chase, el banco recientemente denunciado por el presidente Trump por haberle declarado la guerra y cerrado sus cuentas. 

Vale aclarar, ya que estamos, el JP Morgan Chase es el banco que sirvió a Jeffrey Epstein para todas sus operaciones pederastas.

Para coronar, otro de los dueños de Tencent es Myriad International Holdings, asociada en Estados Unidos a Nobu Hospitality, entre cuyos dueños figura uno de los declarados enemigos de Trump en Hollywood: Robert de Niro.

El problema es el mensaje. 

Pero el problema del espectáculo de medio tiempo en el Superbowl va más allá de sus vinculaciones con la Corona Inglesa, los chinos, la banca financiera internacional y Hollywood: el problema es el mensaje. 

A la hora de describir la América Hispana se utilizan los siguientes elementos: cañas de azúcar, personas jugando y apostando, dos pibas haciéndose las uñas, un puesto callejero, boxeadores, revendedor de joyas, peluquería, familia mirando los Grammy y personas colgadas de la luz.

Según el progresismo sino-británico, nuestro pueblo hispano se limita a la cosecha en el campo, los deportes, venta de servicios urbanos y una constante inclinación por la joda y la superficialidad. 

A la hora de elegir los temas, las letras que reivindican “la cultura latina” consistieron en que el Conejo Malo “tiene muchas novias”, las mujeres “perrean solas”, “nadie se va a casar” y si te querés divertir “sólo tienes que venir un verano a Nueva York”. 

Al momento de graficar un casamiento, fueron cuidadosos en no incluir lo que precisamente abunda en nuestra América: curas o pastores. 

La peor de todas: a la hora de elegir las banderas para encabezar la columna americana, junto con la de Puerto Rico y Estados Unidos, secundaban las banderas de los enclaves británicos en el Caribe, cuyas insignias incluyen la bandera del Reino Unido (Anguila, Bermudas, Caimán, Turcas y Caicos y Vírgenes Británicas). 

Es decir, ser americanos incluye a los colonialistas europeos en Guyana, las islas del Caribe, Canadá y Groenlandia. Faltaba que agregaran la bandera británica de nuestras Islas Malvinas. 

¿Qué hacemos nosotros los argentinos en todo este lío? 

El interés nacional es supremo. Volvemos al chiste de nuestros paisanos. Frente a un acontecimiento, siempre la pregunta debe ser: ¿esto es bueno o malo para el pueblo argentino? 

Argentina tiene en disputa más de un tercio de su territorio continental, marítimo e insular. La disputa es con una sola potencia: Gran Bretaña. 

¿Cuál es la alianza estratégica de Gran Bretaña? El Commonwealth. 

56 países responden al Rey Carlos III y 15 lo tienen como Jefe de Estado, encargado de las relaciones internacionales (justo nuestro problema con ellos). 

Estos 15 son: Australia, Antigua y Barbuda, Bahamas, Belice, Canadá, Granada, Jamaica, Nueva Zelanda, Papúa Nueva Guinea, Islas Salomón, San Cristóbal y Nieves, Santa Lucía y Tuvalu. 

Los nombres que desconocemos en la anterior lista, por lo general son islas o archipiélagos del Mar Caribe o el lejano Oriente oceánico.

A estos se suma el Reino Unido a la cabeza, con sus 14 territorios británicos de ultramar, en puntos nodales del comercio marítimo internacional.

Los otros 41 países mantienen una red de acuerdos comunes en materia comercial, financiera, diplomática y militar. 

Entre ellos, aparecen: India, Guyana (limítrofe con Venezuela), Malasia, Nigeria, Pakistán, Ruanda, Sudáfrica, entre otros lugares africanos, asiáticos y americanos. 

Muchos son ex colonias y la salida fue insertarse en el entente británico. 

Para nosotros, los gringos son los ingleses y quienes sirven a sus intereses. 

¿Qué pasa con Estados Unidos?

Estados Unidos del Norte se erige como pueblo nuevo y mestizo de América, que logra expulsar al colonizador, hacerse potencia industrial y desplazar a su oligarquía rentista aliada a la ex metrópoli. 

Sin embargo, durante el último siglo, el grueso de sus decisiones en el mundo fue conducida por el dios dinero, tutelado por la Corona inglesa y la masonería.

Londres trabaja desde el fin de la Segunda Guerra en imponer el globalismo tecnocrático, comercial y financiero en las sociedades. Es Churchill el que se sienta en la postal de los acuerdos de Yalta y Postdam entre los líderes norteamericanos y rusos.

Estados Unidos derivó en un gendarme británico para imponer democracias liberales en todo el Tercer Mundo, mientras los soviéticos cumplían el papel de dividir a los pueblos y socavar los movimientos nacionales a través del izquierdismo. 

Se trataba de dirimir la política entre izquierdas y derechas, todas serviles a la división globalista del trabajo y al interés británico de destruir los proyectos nacionales.

Desde las usinas liberales, riegan la opinión pública de disvalores como el consumismo, hedonismo, culto a la idolatría, individualismo, subjetivismo, relativismo, positivismo y cientificismo. 

Para ellos, la vida puede ser solucionada por la ciencia. El modelo inglés es un mundo en el cual unos se empastillan para disfrutar tener mucho, y otros las consumen para soportar no tener nada. 

La oportunidad de posguerra hace 80 años es perfecta, la carrera tecnocrática se apodera de las dos grandes potencias armamentísticas, y los ingleses imponen su lógica comercial, financiera y cultural, que cultivan desde el 1500. 

La crisis soviética y el auge asiático de los 70’ ofrecen algo mejor: contener el predominio de una potencia continental como Rusia e incorporar al sistema cerca de 4000 millones de personas, como mano de obra barata y futuros consumidores.

Para el dominio global desde centros de poder tecno financieros, se requiere una producción y una cultura más estandarizada y empaquetada, por lo que cualquier atisbo de identidad nacional, religiosa o cultural debe ser eliminada. 

El reparto y el negocio lo hacen con centros tecnológicos y financieros que manejan grandes flujos de información y dinero, gigantes puertos y miles de buques inundando las rutas de ultramar. 

La producción se organiza a escala global y la lógica financiera de valorizar las acciones imponen el negocio del descarte. Se trata de comprar lo que no necesitamos y tirar lo que puede arreglarse, porque eso permite generar expectativa de futuro de ventas y con ello valorizar el mercado de capitales.

Con el auge del globalismo en los 90’, el flujo de mercaderías pasaba a abastecer a miles de millones de personas y se relocalizaron en el lejano oriente las grandes industrias transnacionales. 

La cabeza de la organización social pasa a ser La City financiera, que determina el precio de acciones, bonos, commodities y derivados, y el sector financiero pasa a adueñarse del término “mercado”. 

Unos trabajan, otros extraen, algunos acumulan, todos consumen e intentan sobrevivir. 

La ruptura

El auge del presidente Donaldo en norteamérica significó el fin del globalismo y las reglas de libre comercio en bienes y capitales.

El proteccionismo económico de los aranceles emergió como una posibilidad en 2017 y, hoy, se consolida como una nueva forma de entender las relaciones internacionales.

A la hora de diagramar sus proyectos de negocios, las compañías internacionales ya cuentan con grandes diagramas de relaciones arancelarias con cada país, 

Los teóricos norteamericanos explican: el viejo sistema globalista optaba por financiar el presupuesto público mediante el cobro de impuestos a los propios habitantes y, con eso, los intermediarios tecnológicos y financieros lucran a costa del empobrecimiento de la población, apropiándose de los excedentes comerciales entre países.

El nuevo sistema de aranceles prioriza financiar el presupuesto mediante los excedentes comerciales, es decir: se protege, por un lado, el trabajo nacional y, por el otro, el pago de la salud, la educación o la seguridad correrá por cuenta de los aranceles cobrados a los extranjeros.

Si bien para los norteamericanos parece una novedad, es la teoría económica justicialista la que en Argentina implementó este modelo desde la época de Rosas, con Perón a mitad del siglo pasado, y en la administración del comercio exterior de las DJAI. 

América para los americanos

Cuando esta frase es dicha por un presidente yanki, nos agarramos del asiento y recordamos numerosas intervenciones vergonzosas en calidad de gendarme al servicio de la Corona inglesa. 

Sin embargo, esta consigna también debe ser nuestra: no podemos tolerar que hayan potencias extracontinentales en nuestra tierra. 

Desde Canadá, cuyo Jefe de Estado es el Rey Carlos III de Inglaterra, como Groenlandia en manos de una monarquía aliada a Gran Bretaña, o la Guayana Francesa, la Guayana inglesa, hasta las islas del Caribe o del Atlántico Sur en manos británicas.

Este colonialismo debe terminarse, al igual que las pretensiones extracontinentales sobre el territorio Antártico que corresponde a Chile y Argentina. 

La unidad regional debe regirse según el interés de nuestros hermanos del continente, que somos los pueblos nuevos del mundo, capaces de ofrecer un nuevo camino a la decadencia globalista y tecnocrática a la que quieren arrastrarnos desde Londres o Pekín.

Los aliados estratégicos 

Estados Unidos se retiró o abandonó su participación en el grueso de las organizaciones o acuerdos globalistas que promovió como gendarme británico desde la posguerra: OMC, OMS, UNESCO, Tratado Transpacífico, entre otras. 

Mientras tanto, los británicos promovieron el protagonismo de dos “emergentes”, con los que ahora tejen la construcción del globalismo del libre comercio: India y China.

En la famosa división de nuevas zonas de influencia, conversadas entre Putin y Trump en Alaska a comienzos del año pasado, se definían 3: 

  • Un hemisferio occidental que abarca toda América, bajo la influencia norteamericana; 

  • Un hemisferio oriental norte que abarca Europa, parte norte de Medio Oriente, África y Asia hasta el pacífico, bajo la influencia rusa; 

  • Un hemisferio oriental sur, que abarca la parte sur africana, Medio Oriente y Asia, bajo la influencia china.

Vale señalar que el Hemisferio oriental sur es precisamente la zona donde mayor protagonismo tiene el Commonwealth inglés, a través de India, Sudáfrica, Australia, Nueva Zelanda y Hong Kong, por lo que el eje sino-británico tiene carácter estratégico para el Reino Unido. 

Así fue definido por el Primer Ministro británico Keir Starmer, quien al desembarcar a fines de enero en Pekín declaró: “es nuestro interés nacional colaborar con China, el Reino Unido tiene mucho que ofrecer”. 

A su vez, el gobierno británico anunció la creación de una “mega embajada” china en la “city” de Londres. China se convirtió en uno de los principales socios comerciales de Inglaterra, ocupando el cuarto lugar con 137 mil millones de dólares. 

Para más, una vez desatado el conflicto con Trump en Groenlandia y Canadá, India -miembro del Commonwealth- aceleró la firma del tratado de libre comercio con la Unión Europea. A diferencia del tratado con el Mercosur, la Unión Europea excluyó a todo el sector agropecuario del acuerdo y serán ellos los receptores de productos manufacturados. 

En el caso de Canadá, el primer ministro ex presidente del Banco de Londres anunció una “asociación estratégica” con China e India, y la negociación de un gran acuerdo de libre comercio. 

Los tres principales representantes de Estado que en el Foro de Davos defendieron el viejo orden globalista y del libre comercio fueron el premier canadiense, el premier británico y el viceprimer ministro de China. 

Este último, llamado He Lifeng, es también miembro del Buró Político del Comité Central del Partido Comunista de China y evocó en Davos el discurso histórico de Xi Jinping de 2017 en el mismo foro, planteando que desde entonces China “ha respaldado con hechos sus palabras y ha defendido firmemente el multilateralismo y el libre comercio”. 

El eje sino-británico es el que hoy propone el globalismo para empobrecer nuestra América, y no sólo amenaza con consolidar la dependencia en una estructura económica primarizada y dependiente de industrias foráneas, sino también en garantizar la permanencia de potencias extracontinentales en nuestro territorio. 


#2 - Los idiotas útiles del entente sino-británico

En las redes, recorre un video interesante sobre cómo los aliados e idiotas útiles conviven en la misma comparsa sino-británica. 

Leandro Santoro, radical progresista, dice en C5N: “Muchachos, la economía norteamericana compite con la economía argentina, la economía china es complementaria. Es desesperante lo que pasa en este país, loco”.

Mauricio Macri, en un canal de streaming, dice: “La economía china es más complementaria que Estados Unidos, para Argentina. China compra nuestra materia prima, nuestros alimentos”.

Axel Kicillof, gobernador progresista de Buenos Aires, dice ante la CNN: “Con la economía china hay complementariedad. ¿Por qué? Porque lo que nosotros producimos, China lo necesita y lo que China produce, nosotros lo compramos… Nosotros le exportamos alimentos, materias primas, productos primarios, luego adquirimos productos industrializados. Hay complementariedad. Con la economía norteamericana, no hay la misma complementariedad”.

Javier Milei, presidente argentino, dice ante Bloomberg: “Hemos tenido reuniones muy positivas tanto con la embajada china, como con Xi Jinping… Nosotros consideramos que somos economías complementarias y que tenemos mucho para hacer juntos. Somos socios comerciales”.  

La complementariedad o competencia es el discurso único del sistema político local, por el cual se justifica la dependencia de la división globalista del trabajo. 

¿Por qué con tan sólo 50 millones de personas tenemos que proveer de alimento e insumos industriales a los 3500 millones de India y China?

El sistema no sólo es injusto, sino también ineficiente, porque nos condena a una economía de extracción y servicios, sin poder ofrecer a nuestro pueblo, en un país donde está todo por hacerse, la posibilidad del pleno empleo. 

La respuesta vino de parte de la Unión Industrial Argentina. Su presidente Rappallini, dueño de Cerámica Alberdi, sostuvo ante la revista Fortuna que desde el punto de vista industrial la integración con Estados Unidos es mucho más favorable que con China. 

Nuestro déficit comercial con China llega a 19 mil millones de dólares, mientras que con Estados Unidos es de 2 mil millones.

En materia de competencia, sostuvo Rappallini que el problema nuestro no es Estados Unidos en forma directa, sino sus proveedores extranjeros, porque es el mayor importador del mundo de insumos industrializados como aluminio y acero, con los que nutren su cadena de valor.

Mientras China importa materias primas y exporta valor agregado en todos los niveles, Estados Unidos importa su cadena de valor industrial y exporta productos de muy alto valor agregado en rubros que, por la tecnología que requieren, es difícil competir. 

Otro tratado de libre comercio

La reciente firma del Tratado entre la Unión Europea y el Mercosur evidenció la misma injusticia: profundizar la complementariedad con Europa, que es en definitiva la dependencia.  

Mientras desde el discurso y el estilo parecen líderes irreconciliables, Milei y Lula fueron los protagonistas y principales negociadores del acuerdo de libre comercio con la Unión Europea. 

El sector primario de la Argentina festeja, exportamos más alimentos, energía y minerales sin barreras por parte de Europa. Mientras tanto, el presidente de los Industriales Pymes Argentinos, Daniel Rosato, señala que el 20% de la industria manufacturera “va a desaparecer”. 

El acuerdo establece aranceles cero para la importación del 90% de los bienes industriales, con un cronograma de 10 a 15 años para el 60% de las posiciones arancelarias. 

Mientras tanto, la Unión Europea mantendrá barreras paraarancelarias que perjudican la entrada de nuestros bienes industriales, tales como la maquinaria agrícola, por incumplir con requisitos tecnológicos o ambientales. 

El reciente conflicto Rocca-Milei fue otro ejemplo de las operaciones del contubernio sino-británico. 

Todos hablaron sobre la licitación del Estado Nacional, en la que una compañía india ganó por sobre Techint por haber ofrecido un precio 40% más económico. 

Sin embargo, la licitación no sólo no fue del Estado, sino que tampoco fue de YPF. La misma fue realizada por un consorcio denominado Southern Energy, integrado por Pan American Energy -compuesta por capitales sino-británicos, YPF y Pampa Energía. 

Por otro lado, el triunfo de la compañía india escondía otra trampa: el acero provenía de China, el mismo que ingresó al mercado nacional por gobiernos progresistas y neoliberales en América Latina durante los últimos 20 años.

La clase política gravita en un lenguaje ajeno a la nueva época, algunos sectores neoliberales son acalorados por el financiamiento sino-británico del complejo agro-minero exportador, mientras otros simplemente reproducen los mismos discursos de la nueva rebeldía del establishment contra Trump, Putin y cualquier expresión de nacionalismo que nazca entre los pueblos.

Sin embargo, hay una profunda esperanza. 

Por primera vez en la Historia, existe la concreta oportunidad de plantear un proteccionismo económico, que es defendido por las principales potencias armamentísticas: Estados Unidos y Rusia.

La amenaza de juicios en el CIADI de la OMC quedó en el pasado. Ahora es Estados Unidos el que recibe denuncias en ese organismo y, por el abandono de la diplomacia norteamericana, dejó de cumplir su función de poder judicial del libre comercio.

A su vez, sectores importantes del empresariado nacional coinciden en la necesidad de retomar el proteccionismo. En una columna de opinión, publicada por el presidente de la UIA, el Sr. Martín Rappallini planteó el fracaso en el cual se orquestó la globalización que conocimos en los últimos 50 años.  

Por otro lado, sectores del denominado círculo rojo, donde actúan compañías como Techint y Aluar, plantean en varias oportunidades la necesidad de retomar una política industrial para la Argentina. 

Este consenso social sobre retomar un camino de producción y trabajo se encuentra también reflejado en el conjunto del movimiento obrero, cuyos sindicatos nucleados en la CGT desde el programa de los 21 puntos de 2012 plantean la necesidad de una política industrial y soberana. 

Lo mismo fue reiterado en el Comité Central Confederal de 2021, cuando además de reformar su Estatuto, proclamó un nuevo programa político para una Argentina de Desarrollo, Producción y Trabajo.

El único descalzado del consenso social industrial es el sector de la política, cuya representación sólo ofrece variantes de “centro-izquierda” o “centro-derecha”, siempre con agendas de temas foráneos que poco interesan al problema principal de la nueva época: el trabajo. 

¿Cuánto tendremos que esperar para que la política se actualice a los tiempos que corren?


#3 - Satélite argentino en misión a la Luna

ATENEA es un Cubesat: un microsatélite diseñado por la Comisión Nacional de Actividades Espaciales, del tamaño de un microondas, que será utilizado por la NASA para validarse como tecnología para misiones espaciales.

El Cubesat argentino fue incorporado a la misión Artemis II, que se realiza en forma conjunta entre Estados Unidos, Emiratos Árabes Unidos, Alemania y nuestro país. 

La invitación al proyecto se realizó en 2023, cuando la NASA convocó a CONAE a sumarse a la nueva misión con su diseño revolucionario, el cual fue realizado en forma conjunta con la UNSAM, UNLP, UBA, CNEA, el Instituto Argentino de Radioastronomía y la empresa aeroespacial argentina VENG.

Entre los principales objetivos de la misión, están: medir la radiación en órbitas profundas, a más de 70 mil km de la Tierra, evaluar comportamiento de componentes electrónicos en entornos espaciales agresivos, validar el sistema de comunicación de largo alcance y obtener datos GPS en órbitas no convencionales.  

Otra medalla para nuestra Patria, esta vez, en el desarrollo de tecnología industrial aeroespacial de alta complejidad, que nos posibilita participar de las misiones más audaces de la época. 

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