“El poder de una Nación se mide por sus riquezas, y la riqueza de las Naciones no depende sólo de sus ventajas naturales, sino, principalmente, de la importancia del trabajo nacional. Fomentar y proteger este trabajo, no es sólo el derecho, sino el deber de toda Nación”. Carlos Pellegrini
Carlos Pellegrini fue uno de los grandes protagonistas de la génesis del Estado argentino en aquella generación conocida como “Generación del 80”. El “Gringo” forjó una trayectoria tan vasta como su legado; una obra de tal magnitud que, inevitablemente, ha dado pie a las más diversas interpretaciones sobre su figura. Recordado como “piloto de tormenta” por su actuación tras la Crisis de 1890, “el estadista sin miedo” por su labor con el crédito público y la fundación del Jockey Club. Pero Pellegrini fue mucho más que ello, intentaremos demostrar aquí por qué lo consideramos un amigo de la Argentina Industrial.

En 1828, desde Francia, llega al Río de la Plata el velero Adéle que contenía entre sus pasajeros al Ingeniero, formado en la Universidad de Turín y luego en París, Carlos Enrique Pellegrini. Influenciado por sus conversaciones y lecturas, arriba aquí para desarrollar su profesión en una Argentina necesitada de grandes obras públicas. Sin embargo, pese a ser convocado para proyectos de la talla como la construcción del puerto de Buenos Aires o el saneamiento de aguas, nunca logró materializar su propósito original porque las obras fueron aprobadas, pero jamás financiadas.
Es por lo que se enciende en él su costado artístico, el Ingeniero era un gran pintor. Tal es así que en 1830 Juan Manuel de Rosas lo envía a Santa Fe a retratar al caudillo Estanislao López. Este talento artístico le permitió obtener importantes réditos económicos y para el año 1837 compra una pequeña estancia en la Provincia de Buenos Aires que la bautizó “La Figura”. Carlos contrae matrimonio con María Bevans y de esa unión nace el 11 de mayo de 1846 Carlos Pellegrini.
Los primeros años de Carlos alternaron entre el mundo rural de la estancia en Cañuelas y la vida en Buenos Aires que frecuentaba por la tarea profesional del padre. Miguel Ángel Cárcano formula una semblanza de aquella infancia:
“La familia Pellegrini pertenecía a círculos sociales donde se cultivaban los valores intelectuales, con influencia de mentalidad y gustos europeos. La sangre sajona de María puso en la cuna de Carlos el sentido realista y práctico, la sustancia en el discurso, la decisión y la persistencia en la acción y una onza de espontáneo humorismo. La ascendencia latina de Carlos Enrique aportó la imaginación, la elocuencia, la ambición por las grandes empresas. A su vez, el medio americano desarrolló, en un ambiente propicio, esos dones misteriosos que ofrece la herencia y le agregó el culto al coraje, la pasión por la política y la conversación, la generosidad para el vencido, cierta despreocupación por los bienes materiales y un vivo deseo de gozar de la vida y alcanzar el poder” (1).
A los cinco años su padre le enseña a leer y a escribir, pero la influencia fue aún mayor. En 1853 Carlos Pellegrini (padre) funda la Revista del Plata y desde allí publica artículos de economía, agricultura e industria. Eduardo Astesano asevera que “aquella revista, fundada y dirigida por el padre, fue la primera manifestación teórica de nuestra industria” (2), de allí proviene la vocación industrialista de nuestro futuro presidente de la Nación.
Luego de la escuela primaria ingresa al Colegio Nacional. Carlos allí amplía su cultura de un hombre inteligente, metódico y estudioso, de carácter, leal y valiente. De esta época deja un interesante trabajo: “La ruina de las Misiones”, valorando positivamente la obra de la Compañía de Jesús, “Carlos III, al firmar el decreto que expulsaba de sus dominios a los miembros de la Compañía de Jesús, decreta sin saberlo la ruina de las Misiones del Paraguay” (3).
A sus 17 años, al terminar la secundaria, allá por 1863, decide estudiar en la Facultad de Derecho y para poder ingresar debía presentar un trabajo, este fue “Disertación sobre la Educación Pública” esgrimiendo definiciones como: “Lo que forma la fuerza de un Estado no es la turba de declamadores que sólo viven de la revuelta, sino el honrado y pacífico ciudadano que profesa tal o cual industria” (4). Con esta carta de presentación inicia sus estudios superiores y junto a ellos, la vocación política que lo marcará para toda la vida. “Al igual que toda la juventud porteña de su tiempo, es autonomista. Y, en Buenos Aires, ser autonomista equivale a ser hombre del doctor Adolfo Alsina” (5). Inicia su militancia en el Partido Autonomista, movimiento antimitrista, que hacía pie en las orillas, retomando la esencia y huellas del federalismo. En 1864 inicia sus primeros pasos en el campo laboral, nombrado escribiente de la Dirección de Puertos.
En 1865 su vida se interrumpe, anotándose como voluntario, el Gringo es trasladado a la Brigada de Artillería para concurrir a la Guerra del Paraguay. Más de treinta años después sentenció que: “las faltas u omisiones que nos llevaron a esos campos de batalla que nada grande o fecundo produjeron, pues solo nos han enajenado la amistad de un pueblo tan vinculado a nuestra vida” (6).
Para el año 1869 se gradúa de abogado con la tesis “Derecho Electoral”, sosteniendo la necesidad del voto universal y abogando por el derecho al sufragio de las mujeres “no hay razón para no concederle el ejercicio de sus derechos políticos” (7). La militancia autonomista junto a Leandro N. Alem, Adolfo Saldías, Aristóbulo del Valle, entre otros, ocupa la mayor parte de su jornada. A su vez, avanza su carrera administrativa en la cartera de Hacienda.
“Sin industria no hay Nación”

Cumplidos 10 años de la Batalla de Pavón, los caudillos federales van desapareciendo, y el resultado definitivo es la argentina ganadera pastoril. El destino del país ya estaba trazado, tomado en base a las ventajas naturales de la pampa húmeda, usufructuando la renta agraria diferencial, un país inserto en la División Internacional del Trabajo. Mientras tanto, Pellegrini se casa en 1871 con Carolina Lagos García y luego de una breve actuación como Legislador en la Provincia de Buenos Aires, ingresa al Congreso de la Nación en 1873, siendo el diputado más joven del recinto.
Durante esta etapa, Pellegrini se ocupa fundamentalmente de dos temáticas, el sistema electoral y la política arancelaria. El Gringo forma parte de la Comisión de Hacienda y propone entonces estudiar la Ley de Aduana, juntamente con la Ley de Contabilidad de la Nación y el proyecto del Tribunal de Cuentas.
Pellegrini entendía que la Aduana debía ser un medio de ejecución para alcanzar el poderío económico nacional, y así lo señalaba en su precitado proyecto; “no debe considerarse únicamente como fuente de recursos, sino como un medio de proteger a las industrias nacionales fundamentalmente en su período inicial” (8).
Mientras que para los librecambistas la Aduana era una mera pieza para percibir recursos y así financiar los gastos de la administración general del Estado, para el pensamiento proteccionista de Pellegrini era un instrumento indispensable para el desarrollo industrial.
La crisis mundial desencadenada en 1873, que provocó la caída del precio de las materias primas, generó un clima propicio para el desarrollo de ideas proteccionistas, alzaba así su voz la escuela económica de Vicente Fidel López, siendo su máximo baluarte el Diputado Carlos Pellegrini.
En 1875 se desarrolla en el Congreso uno de los debates más valiosos sobre el modelo económico. Motivó este debate el envío del proyecto de Presupuesto para el año fiscal 1876 por parte del Poder Ejecutivo encabezado por Nicolás Avellaneda. Este incluía un aumento general de derechos aduaneros de importación con objeto de reforzar las rentas nacionales. El joven Pellegrini contrapone una enmienda basada en la introducción de derechos diferenciales; gravado con aranceles muy altos a los productos superfluos, mientras que se aconsejaba liberar totalmente a los productos indispensables para el proceso industrial; “todo el país debe aspirar a dar desarrollo a su industria nacional; ella es la base de su riqueza, de su poder, de su prosperidad; y para conseguirlo debe alentar su establecimiento, allanando en cuanto sea posible las dificultades que se oponga a él” (9).
En defensa de su enmienda industrialista, en la parte final de su disertación del debate fechado en 14 de septiembre de 1875, expresó:
“Yo pregunto Sr. Presidente, ¿qué produce hoy la Provincia de Buenos Aires, la primera provincia del país? Triste es decirlo, sólo produce pasto, toda su riqueza está pendiente de las nubes. El año en que ellas nieguen su riego a nuestros campos, toda nuestra riqueza habrá desaparecido (…) la protección no es un sistema permanente, sino transitorio, que todas las naciones, sin una sola excepción han adoptado en la infancia de su industria” (10).
Mismo temperamento se observa durante las sesiones de agosto de 1876 en que se discutió el Presupuesto para el año fiscal siguiente, esta vez Pellegrini integraba la Comisión de Presupuesto y deberá enfrentar a Norberto de la Riestra como ministro de Hacienda y defensor del librecambismo de la oligarquía argentina. Este sostuvo: “¿Proteger a mil para grabar y perjudicar a doscientas?... Esas industrias artificiales nunca progresarán aquí por medios artificiales porque las industrias no se implantan por medios artificiales sino por medios naturales” (11).
En contraposición Pellegrini advirtió:
“En todas las ramas de la legislación, se nota este desdén con que la industria ha sido mirada, este poco aprecio por la industria. Tenemos que reconocer con dolor este hecho: en la Provincia de Buenos Aires lo que menos se hace es trabajar, lo último que entra en el cálculo del hombre es la industria”.
A su vez sentenció:
“Es evidente que hoy somos simplemente un pueblo pastor, que nuestra única riqueza se reduce al pastoreo y en pequeñísima parte a la agricultura. Entonces, en nombre de la experiencia, yo preguntaría a los librecambistas: ¿cuál es la nación del mundo que ha sido grande y poderosa siendo únicamente pastora?”
La polémica finalmente tuvo como resultado el triunfo del proteccionismo y ello provocó la renuncia del Ministro de Hacienda. Los frutos del triunfo se verán con el desarrollo de la industria azucarera, la vinícola y la manufacturera en la Ciudad de Buenos Aires. Es evidente que, de no haberse protegido la naciente industria nacional, ésta perecería ante el vino francés e italiano o el azúcar brasileño, por citar, cambió el rumbo de la producción nacional.
Nos acercamos a la década de 1880-1890 años en que la obra de Pellegrini determinó que se lo definiera como “piloto de tormenta” por su actuación ante la crisis política y económica de aquellos años, pero queremos destacar aquí una anécdota que retrata su vocación industrial.
El Gringo en 1882 fundó el Jockey Club, que devino en un club social exclusivo de la élite argentina. Felix Luna nos relata:
“Pellegrini y sus amigos Ernesto Tornquist y Vicente Casares se presentaron en una fiesta luciendo un traje de tela nacional y botines y sombreros de análoga procedencia. El periódico El Diario de Manuel Láinez relataba así esa compadrada de Carlos Pellegrini en su lucha por prestigiar a la industria nacional. Eso, casi a fines de siglo, constituía un atrevimiento. Pero la corajeada de Pellegrini no era caprichosa. Era un episodio más en su larga prédica tendiente a evitar que la Argentina asumiera un destino exclusivamente rural” (12).
“Este Banco se funda únicamente en servicio de la industria y del comercio”

El Doctor Pellegrini se ocupó sistemáticamente del estudio de la economía y finanzas argentinas. Una de sus mayores preocupaciones fue el sistema bancario, porque a su vez, le tocó asumir la presidencia de la Nación en 1890 tras la Revolución del Parque; y fue el Gringo quien pronunció ante el pueblo “he recibido un montón de escombros en todos los ramos de la administración”. Quizás el escombro más pesado fue la situación financiera, que era sumamente crítica. El dinero en Caja del Banco Nacional y del Banco de la Provincia de Buenos Aires eran insuficientes para el giro ordinario de sus negocios. Tras ello, una desmesurada emisión monetaria que resultaba en una insolvencia general. El Banco Nacional ya le había comunicado en junio a la firma Baring Brothers & Co que no podía afrontar el servicio de deuda. La casa bancaria inglesa contestó al gobierno argentino que, ante la falta de pago, obligaría a liquidar sus negocios.
Finalmente, el 7 de abril de 1891 el gobierno cierra las puertas de ambos bancos. Tras esta caída, la suerte de los Bancos Nacionales Garantidos estaba sellada. Sin embargo, Pellegrini aspiraba a renovar la política bancaria del país y, con la determinación propia de un hombre de Estado, se puso manos a la obra.
El 19 de mayo de 1891 tuvo entrada en el Senado de la Nación un proyecto del Poder Ejecutivo autorizando la fundación de un gran Banco que abarque a todo el territorio nacional. El informe de la Comisión de Hacienda de la Alta Cámara expuso entre sus fundamentos que:
“Entretanto, la completa paralización de todas las instituciones bancarias hace cada día más crítica la situación del comercio y de la industria, y la fundación de un banco que restablezca la circulación monetaria y permita la reaparición del crédito, se impone como necesidad vital”.
El proyecto fue aprobado casi sin discusión en el Senado y tras algunas divergencias y breve modificaciones en la Cámara baja, el 16 de octubre de 1891 se sanciona la Ley N° 2.841 que autoriza la creación del Banco de la Nación Argentina.
Carlos Pellegrini disertó en el acto inaugural:
“He querido asistir al acto de instalación del Banco de la Nación, porque tengo fe en el destino y porque quiero que su primer Directorio conozca a fondo cuál es el carácter y la misión que los poderes nacionales han querido dar a esta nueva Institución (…) Este Banco no se funda para atender necesidades del erario, (…) Este Banco no se funda en interés político alguno (…) Este Banco se funda únicamente en servicio de la industria y del comercio y vosotros conocéis bien sus necesidades y estáis en aptitud de atenderlas. Si alguna recomendación pudiera haceros, sería en favor de un gremio que no ha merecido hasta hoy gran favor en los establecimientos de crédito y que es, sin embargo, digno del mayor interés. Hablo de los pequeños industriales. La verdadera industria de un país nuevo es la que nace en su seno, crece y se desarrolla por el esfuerzo inteligente y perseverante, amoldándose al medio en que va a vivir y adquiriendo cada día nueva experiencia que la vigoriza (…) Prestad vuestra atención a los intereses de toda la República, a sus industrias y a su comercio, y llegará un día en que vuestros esfuerzos sean compensados por la importancia que adquirirá esta Institución, a cuyo porvenir queda ligado vuestro nombre, como miembros de su primer Directorio”.
El Banco Nación emerge como respuesta estratégica frente a la crisis financiera, pero fue concebido por Pellegrini como un aparato fundamental para el desarrollo económico industrial del país, orientando también el crédito desde una visión profundamente federal, revelado esto último por la enorme cantidad de sucursales, que un año después, fines de 1892, el número ascendía a sesenta, repartidas por todo el territorio nacional.
Este pilar del sistema financiero argentino tuvo como primer presidente a Vicente Lorenzo Casares, amigo de Pellegrini, que para el año 1900 instalan juntos en Buenos Aires una gran industria láctea, “La Martona Sociedad Anónima”, cuyo primer estatuto fue redactado por puño y letra del Doctor Pellegrini que desempeñará el cargo de vicepresidente de la compañía hasta el día de su muerte.

La implicancia del Gringo en el desarrollo de las industrias lácteas argentinas es completamente desconocida…
“pero existen sobrevivientes de aquella época que, mientras el autor escribe estas palabras, recuerdan emocionados la obstinación de Pellegrini en asistir a las reuniones de directorio, para velar por la mejor marcha de la empresa, sin permitir que se le disuadiera de ello, aun cuando ya se encontraba muy enfermo. Y es que aquel hombre, nacido para crear y para impulsar cuanto pudiese contribuir al engrandecimiento de su patria, amaba como propia a esa empresa, cuya maquinaria había visto comprar en París, para trasladarla a la Argentina, a fin de organizar una industria que aquí viviese de las entrañas de nuestra tierra, consagrada al progreso y al bienestar de la población” (13).
El 17 de julio de 1906, a las dos de la mañana, muere muy enfermo “El Gringo”, Carlos Pellegrini. Los familiares pensaron en un funeral pequeño y tranquilo, pero: “No creíamos que fuera tan grande; la presión de la multitud no podía ser contenida por la fuerza pública. La gente, exasperada, gritaba: ‘¡Somos el pueblo! ¡El pueblo quiere entrar al cementerio!’. Y el pueblo entró y escoltó al cadáver” (14).
“No aspiro a glorificar, sino a rescatar pensamientos nacionales”
Queremos concluir con estas palabras del Dr. Arturo Frondizi, formuladas en una ponencia en el Jockey Club en el año 1984, cuyo título fue “Carlos Pellegrini Industrialista”:
“Uno de nuestros males ha sido y es no aprovechar el pensamiento nacional, cualquiera sea el origen político de quien lo haya expuesto o lo exponga. Grandes orientaciones e iniciativas son ignoradas (…) Necesitamos rescatarlas. Todo lo que ayude a la construcción de la Nación debe adoptarse (…) Necesitamos fortalecer nuestra conciencia nacional para asegurar la grandeza de la Patria”.
Sin el desarrollo de una conciencia industrial no se puede avanzar en la industrialización del país. El pensamiento colonial siempre afianza el “no puedo”, impulsa el convencimiento de que no podemos desarrollarnos. Por ello es central dejar de lado la autodenigración de lo propio y partir de un hecho irrefutable, que es nuestra propia experiencia, aquí encabezada por Carlos Pellegrini, amigo de la Argentina industrial.
Citas:
1- Cárcano, Miguel Ángel: “La presidencia de Carlos Pellegrini”, Buenos Aires, EUDEBA, 1968, Página 24
2- Astesano Eduardo, “Historia de la independencia económica argentina”, Buenos Aires, El Ateneo, 1949
3- Citado en “Newton, Jorge “Carlos Pellegrini El Estadista sin miedo”, Editorial Claridad, Buenos Aires, 1965, Página 18
4- Citado en Risso Patrón, Oscar Francisco “Obra y pensamiento económico de Carlos Pellegrini” 1986, Facultad de Ciencias Económicas, UBA, Página 8
5- Newton, Jorge “Carlos Pellegrini El Estadista sin miedo”, Editorial Claridad, Buenos Aires, 1965, Página 19
6- Rivero Astengo, Agustín “Pellegrini 1846-1906 Obras Completas” Tomo 1 Página 285
7- Tesis doctoral reproducida en Rivero Astengo, Agustín “Pellegrini 1846-1906 Obras Completas” Tomo 3
8- Citado en Risso Patrón, Oscar Francisco “Obra y pensamiento económico de Carlos Pellegrini” 1986, Facultad de Ciencias Económicas, UBA, Página 33
9- Citado en Risso Patrón, Oscar Francisco “Obra y pensamiento económico de Carlos Pellegrini” 1986, Facultad de Ciencias Económicas, UBA, Página 34
10- Citado en Risso Patrón, Oscar Francisco “Obra y pensamiento económico de Carlos Pellegrini” 1986, Facultad de Ciencias Económicas, UBA, Página 38
11- Reproducido en Galasso, Norberto “El “Gringo” Carlos Pellegrini” Ediciones Colihue, Buenos Aires, 2025, Página 47
12- Luna Felix, “Carlos Pellegrini y la industria nacional”, en Revista Temas, Buenos Aires, 5 de marzo de 1975
13- Newton, Jorge “Carlos Pellegrini El Estadista sin miedo”, Editorial Claridad, Buenos Aires, 1965, Página 100
14- Reproducido en Galasso, Norberto “El “Gringo” Carlos Pellegrini” Ediciones Colihue, Buenos Aires, 2025, Página 146
Bibliografía:
Sulé, Jorge Óscar “Los heterodoxos del 80”, Instituto de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas de San Martín, Buenos Aires, 2008.
Newton, Jorge “Carlos Pellegrini El Estadista sin miedo”, Editorial Claridad, Buenos Aires, 1965
Galasso, Norberto “El “Gringo” Carlos Pellegrini” Ediciones Colihue, Buenos Aires, 2025
Risso Patrón, Oscar Francisco “Obra y pensamiento económico de Carlos Pellegrini”, Facultad de Ciencias Económicas, UBA, 1986
Cárcano, Miguel Ángel: “La presidencia de Carlos Pellegrini”, Buenos Aires, EUDEBA, 1968
“El hombre que hizo. Cinco crónicas sobre Carlos Pellegrini”, Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 2006
Cuccorese, Horacio Juan “El pensamiento económico industrial proteccionista de Carlos Pellegrini”
Godoy, Juan “Nación, Fuerzas Armadas y Dependencia”, Punto de Encuentro, CABA, 2021
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