Sucesos que echan luz sobre el contexto internacional y argentino de nuestros tiempos. Escribe Ariel Duarte


En el plano geopolítico, el acuerdo de paz entre Rusia y Ucrania, cómo Trump y Putin lograron correr a la Unión Europea, Gran Bretaña y China, y la encrucijada de Zelenski frente a la posibilidad de acordar o ir en cana. 

Por otro lado, la actualidad nacional: El fenómeno existe, miles de importaciones que crecen, miles de empresas que cierran, miles de familias que quedan sin trabajo. ¿Por qué se pretende destruir el trabajo argentino? 

Última, científicos argentinos lo hicieron de vuelta: vacuna contra el cáncer de piel.  


#1 - El declive de Europa: Zelenski desesperado por la Paz

Esta última semana se dio a conocer la Estrategia de Seguridad Nacional de los Estados Unidos: la consolidación doctrinaria de la confrontación de Trump contra el globalismo que hasta ahora dominó la agenda internacional. 

Luego de realizar una extensa crítica hacia la élite tecnofinanciera que lideró la globalización, el comercio y las instituciones internacionales, catalogó a Europa como la gran perdedora del nuevo orden. 

Señaló allí que la región del viejo continente atraviesa un “declive económico y un eclipse civilizacional”:

“Las actividades de la Unión Europea y otros organismos transnacionales que atentan contra la libertad política y la soberanía, las políticas migratorias que transforman el continente y generan conflictos, la censura de la libertad de expresión y la represión de la oposición política, el colapso de las tasas de natalidad y la pérdida de las identidades nacionales y la confianza en sí mismos”.

El principio del fin 

El pasado 15 de agosto fue el principio del fin para los planes anglófilos y atlantistas de destruir a la Federación Rusa como potencia euroasiática. 

La cita fue en Anchorage, Alaska, el territorio que la Rusia imperial había vendido a los Estados Unidos, para que hiciera de tapón sobre Canadá -colonia inglesa- en el paso hacia Asia. 

Hablamos de la cumbre entre Trump y Putin, que fue la consagración de los dos grandes líderes del nuevo Occidente, ambos ganadores del mundo soberanista que hoy pretende sobreponerse sobre el globalismo.

Luego del encuentro, Trump citó a su despacho Oval a los líderes de la Unión Europea y a Zelenski. Les explicó los términos de la negociación en curso, ayudado por una pizarra. Todos los presidentes escuchaban sentados desde el otro lado del escritorio. 

La imagen es clara. Luego de ganar la guerra se debe ganar la paz, y este nuevo tablero tiene a dos ganadores que impondrán sus condiciones al resto en el reparto de Europa. 

Por un lado, la mesa de paz tiene por protagonista a quien ganó la guerra, Rusia. Por el otro, la única potencia militar que puede hacer frente a todos al mismo tiempo, Estados Unidos. 

La negociación siguió en Miami, el encargado por parte de Estados Unidos fue Steve Wikoff y por Rusia Kirill Dmitriev. Los encuentros sucedieron entre el 24 y el 26 de octubre, y finalmente durante noviembre comenzaron a conocerse los detalles. 

El plan fue revelado primero al Secretario del Consejo de Seguridad y Defensa de Ucrania, Rustem Umerov, y luego viajaron a Kiev el Secretario de las fuerzas terrestres de Estados Unidos, Dan Driscoll, y generales Randy George, Jefe del Estado Mayor del Ejercito norteamericano, y Chris Donahue, Jefe de las fuerzas militares de EEUU en Europa y África, quienes se juntaron con Zelenski. 

Desde el inicio del conflicto, las pretensiones de Putin incluidas en el plan de paz contemplan el reconocimiento del dominio ruso sobre Crimea y el Donbass (Donetsk y Lugansk), el veto al ingreso de Ucrania a la OTAN y la reducción de las fuerzas de infantería ucranianas a 600 mil efectivos -frente a los aproximadamente 800 mil actuales-. 

La moneda de cambio en la negociación es el puerto de Odessa, cuyo dominio posibilita el acceso al Mar Negro por parte de Ucrania, sin el cual pierde el acceso al comercio marítimo.  

La otra pretensión importante de Rusia -que no contempla el plan de paz de 28 puntos- es el veto en la política ucraniana de las expresiones “integristas” o “neonazis”, que consideran a los ucranianos de origen ruso seres inferiores. 

Estos integristas tienen como líder a Andriy Biletsky, quien se hace llamar el “führer blanco” y hoy lidera parte de las defensas ucranianas en las zonas de conflicto, y ha cosechado varias derrotas en Mariupol (mayo 2022), Bakmout y Artemivsk (diciembre 2023) y Pokrovsk (noviembre 2025).

Los últimos bombardeos por parte de las fuerzas rusas se han dedicado a destruir las fuerzas integristas, a fin de correr “de hecho” el reclamo en la negociación de la paz. Es decir, mejor que vetar una expresión política neonazi, es destruirla por completo. 

La pretensión rusa, de todos modos, continúa en la promoción de programas educativos sobre la cultura rusa en Ucrania, tales como se aplicaron en relación al pueblo judío en Europa tras la Segunda Mundial. 

Operación Midas

La crisis política en Ucrania se condimenta de tres aspectos cruciales: por un lado, las constantes derrotas frente a las fuerzas rusas; por el otro, el vencimiento del mandato de Zelenski que ya lleva más de un año (desde el 20 de mayo de 2024); por último, el triunfo de Trump sobre Kamala Harris en las elecciones presidenciales norteamericanas y su oposición a la incorporación de Ucrania a la OTAN.  

La presentación al público del Plan de Paz se suspendió hasta que no se revelara una impresionante investigación de corrupción que salpicó al conjunto del régimen ucraniano. 

El pasado 10 de noviembre la Oficina Nacional Anticorrupción de Ucrania (NABU) y la Fiscalía Especializada Anticorrupción (SAPO) dio a conocer la investigación denominada Operación Midas, la cual se desarrolló durante 15 meses, con 1000 horas de grabaciones y la participación de al menos 70 funcionarios del gobierno en sobreprecios y sobornos en contrataciones públicas. 

La crisis desatada en el régimen político fue total. 

Mientras que el pueblo sufre la ley marcial y una crisis económica y social sin precedentes, con la posibilidad de perder parte del territorio por culpa de la negligente y temeraria actuación de su presidente en el conflicto con Rusia, ahora se descubre que muchos funcionarios se dedicaron a enriquecerse sirviéndose de la discrecionalidad y arbitrariedad que el conflicto bélico posibilita en la toma de decisiones.

El caso implicó la renuncia del Ministro de Justicia y la Ministra de Energía. Por otro lado, otro de los implicados era Rustem Umarov, Secretario del Consejo de Seguridad y Defensa de Ucrania, quien decidió huir a Qatar justo después de que Estados Unidos comunicara que el plan de paz se negociaba con Rusia. 

La respuesta de la Unión Europea, único sostén de Zelenski, demostró la debilidad y la crisis política que atraviesa la región: la Comisión Europea sostuvo que “es realmente importante subrayar que estas investigaciones que se están llevando a cabo en Ucrania demuestran que las (medidas) anticorrupción funcionan y que las instituciones están ahí para luchar precisamente contra ella".

Juego de pinzas para ganar la Paz

Ya ganada la guerra, Putin y Trump se proponen triunfar en la negociación de paz. 

La investigación de la Operación Midas derivó en que ahora Zelenski ya bajó sus pretensiones para la firma del acuerdo. 

Sus declaraciones se limitaron a pedir clemencia hacia el pueblo ucraniano. Manifestó que firmar los términos del acuerdo negociado implicaba una derrota moral para el pueblo ucraniano, pero que no firmar podía significar su destrucción.

Sin embargo, la negociación de paz ahora ya incluye al sistema judicial ucraniano, en tanto una de las pretensiones de Zelenski incluye su amnistía por los casos de corrupción: firmar la paz a cambio de exiliarse. 

La crisis política de Zelenski se origina en el pacto de gobierno por el cual lo eligieron: era un presidente outsider que venía por fuera del sistema político, con la promesa de terminar con la corrupción que se denunciaba en los partidos tradicionales. 

La crisis social derivó en que luego de casi cuatro años de conflicto un tercio de la población huyó hacia otros países de Europa y hacia Rusia. 

La paradoja del financista

Mientras que ahora Zelenski busca cómo salir airoso de la negociación de paz y poder quedar en libertad para exiliarse, los únicos que defienden la posición del régimen ucraniano son quienes lo financiaron: la Unión Europea. 

Se calcula que el desembolso de la Unión Europea en favor de Ucrania ascendió de mínima a 180 mil millones de euros. 

A su vez, desde un Comité Militar del bloque regional se creó una Cámara de Compensación con el cual el régimen ucraniano podía escoger armamento descontando dinero del financiamiento. 

Luego, a lo largo de estos años las potencias de la UE y la OTAN proporcionaron a las fuerzas ucranianas diversos medios de defensa, como el uso de sistemas de satélites.

La ayuda europea y norteamericana -durante el gobierno de Biden- también consistió en aislar a Rusia de todos los foros internacionales, y practicar un novedoso bloqueo tecno financiero de diversos sistemas de pagos y comunicación en el comercio, así como también confiscación de activos.

Los Estados miembro de la Unión Europea, sobre todo Francia, Polonia, Alemania y otras naciones del este, han iniciado un proceso de rearme, bajo la excusa de la amenaza rusa. 

La tesitura de la UE consistió en calificar al conflicto de Rusia con Ucrania como una antesala de una pretensión expansionista de Putin sobre toda Europa.

Ya desde el 1ro de marzo de 2022, el Parlamento Europeo realizó una sesión especial en la que Zelenski habló por videoconferencia y se alineó por completo a la posición de la OTAN, cooptada por el interés británico.

En este sentido, en su discurso ignoró los acuerdos de Minsk (aquellos que sirvieron para superar el conflicto de Crimea) y calificó la operación militar rusa como una “agresión militar ilegal, no provocada e injustificada”. 

Luego el Parlamento Europeo firmó la resolución (P9_TA(2022)0052), por la cual decidió su apoyo total a la incursión militar de Zelenski contra Rusia. 

El gran drama de la Unión Europea es su alineamiento al interés atlantista y marítimo de Gran Bretaña, por encima de sus intereses continentales con el desarrollo económico y comercial con Eurasia. 

Potencias como Francia y Alemania, que son terrestres y tienen sus naturales intereses puestos sobre el continente eurasiático, consideraron que el desarrollo de Rusia como competidor era una amenaza mayor al conflicto natural que presentan con una potencia marítima como Gran Bretaña. 

Tras la asunción de Trump, el alineamiento de Europa con Ucrania se intensificó. 

La fatídica reunión del 28 de febrero en el Salón Oval entre Trump, Vance y Zelenski, donde lo retaron en público por mantener una postura intransigente y no aceptar que había perdido la guerra, originó un nuevo movimiento por parte de las potencias europeas.

Francia y Gran Bretaña se propusieron liderar la defensa europea en Ucrania contra Putin, presumiblemente para consolidar un lugar en el conflicto y una silla en la mesa de paz. 

La reconfiguración de la OTAN

En una entrevista del domingo 7 de diciembre con La Nación, el canciller polaco Sikorski señaló que “en el pasado, solía haber una división del trabajo. La OTAN disuadía a Rusia y los Estados europeos miembros ayudaban a Estados Unidos en guerras en otros lugares, para bien o para mal. Afganistán, Irak, lo que fuera”. 

Durante este año, Trump decidió soltar la mano de la OTAN y exigió que las propias potencias europeas se hicieran cargo de financiar la ayuda militar mediante el aumento de sus presupuestos de defensa. 

Ante esa situación, fueron los ingleses quienes dieron un paso al frente y conformaron una alianza militar dentro de la OTAN, conformada por los países bálticos: Dinamarca, Estonia, Finlandia, Islandia, Letonia, Lituania, Noruega, Países Bajos y Suecia. 

Algunos de ellos se habían incorporado a la alianza militar aprovechando la incursión bélica por parte de Rusia sobre Ucrania, tras las recurrentes amenazas injustificadas de la OTAN.   

El pasado 5 de noviembre, Gran Bretaña logró asociar a Ucrania, sin sumarla a la OTAN, en esa alianza militar denominada Coalición de Voluntarios, cuyo objetivo es promover un corset militar sobre Rusia en su propia frontera. 

El lugar de Francia en todo esto pasó a ser retórico y diplomático, si bien el liderazgo de la ayuda europea a Ucrania lo encarna Gran Bretaña, como esta potencia no forma parte de la Unión Europea, son Francia y Alemania quienes desde la diplomacia del bloque alinean a la región detrás de la OTAN. 

El presidente francés Macron firmó el 17 de noviembre junto a Zelenski una “declaración de intención” por la cual Francia comercializará a Ucrania 100 aviones de combate Rafale. 

Un día después, el jefe del Estado Mayor del Ejército francés, general Gabien Mandon, declaró que una guerra contra Rusia es inminente y los franceses deberán aceptar “perder sus hijos”. 

El 21 de noviembre los voceros ucranianos comunicaron que Zelenski mantuvo una conversación telefónica con el primer ministro británico, Keir Starmer, el presidente francés Macron y el canciller alemán Friedrich Merz. 

Las potencias europeas juegan sus últimas fichas para convencer a Zelenski en no firmar nada sin la participación de Inglaterra, Francia y Alemania. 

En este sentido, el vocero presidencial de Francia señaló que “todas las decisiones con implicaciones para los intereses de Europa y de la OTAN tiene que contar con el apoyo conjunto y el consenso de los socios europeos y de los aliados de la OTAN respectivamente”. 

El triste final del viejo mundo ante el nuevo orden culmina en la extorsión a Zelenski para que rechace el acuerdo promovido por Estados Unidos y Rusia, hasta tanto no se los incluya en la mesa de negociación.

La encrucijada de Zelenski

Las maniobras de las potencias colocaron en una difícil posición al líder ucraniano. 

Las crisis desatada con la Operación Midas derivó en un cuestionamiento por parte de Rusia y Estados Unidos en la legitimidad de Zelenski para representar al pueblo ucraniano en la negociación de paz.

En la última semana renunció el principal asesor presidencial, señalado como uno de los artífices de toda la maniobra de corrupción. 

Los aprietes y rechazos de los líderes europeos al acuerdo se derivan de la desesperación de Zelenski por ahora apresurar la firma de la capitulación, a cambio de acordar su libertad y exilio.

Todas las partes del conflicto son conscientes de los límites del acuerdo, en tanto el verdadero origen está en la reconfiguración de la OTAN luego de la caída de la Unión Soviética, que expandió sus fronteras hacia el Este a partir de 1991. 

La postura norteamericana es consciente que la disputa comercial con China es el primer orden de sus intereses geopolíticos, por lo que requiere un Occidente en paz y alineado al proteccionismo contra el libre comercio Chino. 

Si bien esto último genera una contradicción con Gran Bretaña, la negociación consistirá en consolidar su posición en la Coalición de Voluntarios en el Este de Europa, mientras que a Rusia propone quitarle las sanciones y liberarle los activos congelados a cambio de que con ello se financie el 50% de la reconstrucción de Ucrania.  

La voz de los que no tienen voz

Mientras los líderes europeos se desesperan por participar de la mesa de paz, el Papa León XIV visitó Turquía, un lugar simbólico para el diálogo interreligioso y antigua capital del Imperio Romano de Oriente. 

En su visita afirmó que “hoy más que nunca, se necesitan personas que favorezcan el diálogo y lo practiquen con firme voluntad y paciente tenacidad”.

“Tras la época de construcción de las grandes organizaciones internacionales que siguió a las tragedias de las dos guerras mundiales, estamos atravesando una fase de fuertes conflictos a nivel global, en la que prevalecen las estrategias de poder económico y militar alimentando lo que el Papa Francisco llamaba la tercera guerra mundial a pedazos. no hay que ceder en modo alguno a esta deriva. Está en juego el futuro de la Humanidad”. 

Para finalizar y en clave sobre el nuevo orden internacional, recordó al Papa Francisco en la promoción de una “cultura del encuentro, en contraposición con la globalización de la indiferencia”, invitando a “sentir el dolor ajeno, escuchar el grito de los pobres y de la tierra”.


#2 - La destrucción del trabajo argentino

La propuesta anarcocapitalista que hoy gobierna la Argentina tiene una finalidad, el caos, y un triste final, el estallido. 

La destrucción del trabajo argentino incuba una crisis social que se suma a la crisis económica del conjunto del aparato productivo. 

Ambas crisis se complementan con la crisis financiera y fiscal del sector externo y de las cuentas públicas del Estado, tanto a nivel nacional como provincial. 

En definitiva, incubamos un estallido que, a medida de que es financiado en el corto plazo con nuevas dosis de deuda pública, agiganta los problemas que hacia delante deberán resolverse. 

La pregunta que sobreviene a los numerosos cierres de fábricas y pérdida de empleo en el sector privado formal en la Argentina es: ¿por qué se pretende destruir el trabajo argentino? 

Por qué se destruye el trabajo argentino

La destrucción del trabajo argentino tiene tres causas: 1) La revancha oligárquica; 2) América para la Humanidad; 3) el consenso exportador.

1) La revancha oligárquica

Se trata de la pretensión histórica de retrotraer a la Argentina a 1943, época de vacas gordas y obreros desnutridos. 

Desde el advenimiento del peronismo en la política nacional, la oligarquía terrateniente dejó de apostar al país, así se cultivaron los casi 500 mil millones de dólares que los argentinos mantienen fuera del sistema financiero.

La cultura del derroche de nuestra oligarquía dejó de tener a la Argentina como beneficiaria. Mientras a principios de siglo construían palacios, desde 1950 que el dinero de los pudientes se gasta sólo en Punta del Este, Miami o Europa. 

El miedo a que un nuevo gobierno justicialista distribuya la renta que detentan por ser dueños de la Pampa Húmeda, los lleva a favorecer todo tipo de aventuras liberales, algunas por vías dictatoriales y otras por medio del sistema demoliberal, a fin de terminar de destruir la base social que sostiene el ideario justicialista: el sindicalismo. 

La destrucción del trabajo argentino y del aparato productivo, es la quimioterapia que aplica la oligarquía terrateniente sobre las fuerzas sindicales que defienden los pisos mínimos de justicia social alcanzados tras la década del 40. 

Fue el mismo Perón quien dijo que el sindicalismo peronista era el contrapeso político que había creado para que la Justicia Social fuera política de Estado. 

En definitiva, cuando se destruyen empresas productivas ligadas al sector industrial, de fondo lo que se eliminan son cientos de miles de afiliados del sector privado formal, que sustenta el poder de negociación del sindicato.

Para resumir, mientras hace algunos años los sindicatos discutían paritarias, hoy son extorsionados por la destrucción del sector productivo y deben negociar menos aumentos a cambio de conservar puestos de trabajo. 

2) América para la Humanidad

El caso de la América para la Humanidad nos lleva a un análisis geopolítico de la situación de la Argentina y Sudamérica de cara a las próximas décadas. 

Las potencias extranjeras pretendieron históricamente que nuestra geografía sirva más a los intereses de las metrópolis, que a las necesidades de nuestros pueblos. 

América es rica en recursos naturales. Las materias primas y alimentos que producimos se han destinado desde hace siglos a satisfacer la demanda global de las potencias industriales de turno. 

Primero fue Gran Bretaña y hoy es China, pero el rol que nos asignan en la división internacional del trabajo sigue siendo el mismo, nosotros vendemos energía, alimentos y minerales, ellos nos venden la mercadería hecha con los insumos que entregamos. 

Ahora se suma la cuestión antártica, que si bien hoy cuenta con el paraguas de paz del Tratado Antártico, el vencimiento en 2048 del protocolo ambiental sobre la prohibición de explotación de sus recursos, es la antesala para que las potencias diriman el destino de las últimas reservas de energía y agua dulce del Planeta.

Las potencias extracontinentales como China y Gran Bretaña ejercen presión tanto con el Continente Antártico como sobre el Ártico en pretender dominar el destino de los mismos. 

La idea de una América para la Humanidad supone la calificación de nuestras geografía como un reservorio que debe ser aprovechado por la Humanidad en su conjunto, en tanto consideran que nuestros regímenes tienden a la corrupción, al despilfarro y al manejo negligente de los mismos. 

Así fue como se presentaron numerosos proyectos financiados desde el extranjero para construir “reservas naturales”, tanto en la tierra como en el mar y bajo la “Agenda ambiental”, sobre las cuales nuestro sistema político renuncia a la posibilidad de disponer de sus recursos. 

El argumento del conservacionismo ambiental ha servido de vehículo para que se pretenda excluir la decisión soberana de nuestro pueblo sobre vastas superficies de nuestro territorio. 

El caso más paradigmático es el de la región del Amazonas, sobre la cual Francia -apalancada en su dominio de la Guyana Francesa- ha propuesto ponerla bajo la órbita de una coalición internacional en pos de “preservarla” de nuestros pueblos. 

América para la Humanidad se contrapone entonces con la noción de América para los americanos, a la cual nosotros agregamos “Sudamérica para los Sudamericanos”, pues no se trata de expulsar a las potencias extracontinentales para alinearnos a los designios de Washington, sino de dejar de ser mascotas de la división internacional del trabajo, y que nuestro destino sea el de las necesidades de los pueblos de hispanoamérica.  

Mientras una de las aristas de la “América para la Humanidad” recae sobre los recursos, la otra emerge sobre la cuestión demográfica. 

Los debates sobre el control demográfico nos remontan a varias décadas atrás, incluso sobre las denuncias que efectuaba Ernesto “Che” Guevara en su correspondencia, sobre el reparto de anticonceptivos que realizaba la CIA en Centroamérica durante la década del 60’ a fin de limitar la reproducción de nuestros pueblos hermanos del Caribe. 

El mito se clarificó a partir del Memorandum 200 de Kissinger en la década del 70’, cuando planteó abiertamente que la promoción de la planificación parental, la distribución de métodos anticonceptivos y la aprobación de leyes de control de la natalidad eran fundamentales para garantizar el dominio sobre los pueblos del Tercer Mundo. 

Allí se planteaba que el principal obstáculo era la Iglesia Católica, que en su esencia era contraria a cualquier tipo de mecanismo de control de la natalidad. 

La destrucción del trabajo argentino se alinea directamente con el despoblamiento, la concentración de la población en pocos centros urbanos, su vuelco a la economía de la subsistencia, la recolección o los servicios, y, finalmente, un ritmo y calidad de vida que condiciona a las familias a reducir sus pretensiones de reproducción social.

3) El consenso exportador

Corría el año 2022, mes de marzo, el día 3 se anunciaba con un video grabado por el presidente Fernández el acuerdo alcanzado con el Fondo Monetario Internacional. 

En el acuerdo se consolidaba un consenso de un sector importante del sistema político sobre nuestra inserción en la división internacional del trabajo postindustrial. 

Un consenso que atraviesa diversos sectores partidarios y alinea a los gobiernos provinciales con las Secretarías nacionales de Pesca, Minería, Energía y Comercio.

El punto 29 del adjunto I del acuerdo prevé que Argentina debe encarar “la sanción de leyes y normas para alentar la inversión y la exportación en sectores estratégicos —como la economía basada en los conocimientos (ya aprobadas en 2020), hidrocarburos, minería, agroindustria, e industria automotor”. 

Luego del cambio de gobierno, el mismo espíritu fue el que abonó la sanción del RIGI: concertar grandes inversiones en sectores relacionados a los recursos naturales, reconvertir nuestra industria automotriz a las necesidades de las cadenas globales de ensamble, y el desarrollo del conocimiento a las necesidades de las grandes corporaciones tecnológicas. 

La idea del consenso exportador implica la reconversión del aparato productivo argentino: al decir del ministro Caputo, “la mejor política industrial es la que no hay”. 

La afirmación del ministro de Economía la hizo en referencia a las declaraciones recientes del industrial Paolo Rocca, quien pidió al gobierno “una política industrial”. 

El capo de Techint sostuvo que las importaciones de electrodomésticos de China destruyen nuestro aparato productivo, y que estamos a contramano del mundo proteccionista que vivimos. 

En números, la importación de lavarropas pasó en un año de 5 mil por mes a 87 mil, y en el caso de heladeras pasó de 10 mil a 80 mil. 

El consenso exportador plantea que Argentina debe reconvertir su economía a los sectores primarios. 

Algunos desde el progresismo plantean un acaparamiento de esa renta por parte del sector público, mientras que desde el neoliberalismo se pretende liberalizar esa renta para promover mayores inversiones extranjeras. 

Sin embargo, ambos coinciden en que Argentina debe insertarse desde la exportación de minerales, energía y alimentos. 

Para eso, apoyan todas las iniciativas que encaucen la economía hacia la primarización, en tanto un modelo industrial que defiende el trabajo argentino baja la rentabilidad y la tasa de inversión extranjera en esos recursos. 

La ecuación es sencilla, si se promueve un modelo industrial, debe garantizarse abastecimiento y precio bajo en el mercado doméstico para esos mismos recursos que se pretenden vender en el extranjero como commodities. 

La salida: industrializar

La destrucción del trabajo argentino tiene como correlato la siembra del caos. 

Si la inflación estresa a trabajadores y empresas en sus planes de vida, el desempleo y el cierre de persianas destruyen la moral del ser humano. 

El trabajo ordena, el desempleo convierte la vida en un calvario. 

Necesitamos recuperar poder soberano y reorganizar nuestra Argentina. 

La premisa elemental de toda acción de gobierno debe ser que haya trabajo para todos, cueste lo que cueste.

El pleno empleo empuja los salarios hacia arriba y dinamiza el mercado interno sobre el cual se explica el 70% de nuestro Producto Bruto Interno. 

Un modelo argentino para el proyecto nacional que a todos les ofrezca la oportunidad de desarrollarse mediante su trabajo. 

Hemos vivido varios siglos de promesas de un futuro grandioso a cambio de soportar un presente desagradable. Ese mensaje no sólo es extorsivo, sino que es falso: porque ese presente desagradable no es para todos, sino para el conjunto de los trabajadores del sector productivo. 

Ahora se trata de pensar un modelo argentino que proponga la felicidad del pueblo, y que esa sea la piedra fundamental para la grandeza de la Patria. 


#3 - Vacuna nacional contra el cáncer de piel

Se desarrolló Vaccimel, la primera vacuna terapéutica para tratar el melanoma cutáneo. 

Tres décadas de investigación sirvieron para que en el Laboratorio de Cancerología de la Fundación Instituto Leloir se alcance un avance clave en la inmunoterapia oncológica de la piel.

La vacuna fue aprobada por la ANMAT en 2021, para el tratamiento de melanoma cutáneo en fases tempranas de riesgo intermedio o alto, aunque recientemente comenzó la etapa de producción a cargo del Laboratorio Pablo Cassará, y será el Hospital de Oncología María Curie el encargado de aplicarla, bajo prescripción de un especialista en oncología cutánea. 

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