La producción pública de medicamentos | Estatutos del Coloniaje #39

Por Agrupación Rolando García

El mercado de medicamentos creció exponencialmente a nivel global a partir de los años 70, llegando a existir decenas de miles de medicamentos en comercialización. Esto no significó que el crecimiento haya sido parejo. Se estima que entre un 60 % y un 70% del consumo de medicamentos se da en Norteamérica y Europa Occidental. En el mercado de Argentina son más de 11.300 los principios activos con más de 20.000 presentaciones diferentes. Este aumento en la cantidad de productos, sin embargo, no tuvo gran correlato en los beneficios terapéuticos [1]. La Organización Mundial de la Salud elabora listados de medicamentos esenciales basados en criterios de costo-efectividad, para cubrir las necesidades básicas de los sistemas de salud. Los mismos en la actualidad cuentan solamente con 502 principios activos [2]. Claramente, esta lista se ve ampliamente superada por la cantidad de medicamentos disponibles en el mercado. Entonces cabe preguntarse, ¿por qué razón se comercializan muchos más medicamentos de los que son realmente necesarios?

Como toda empresa privada que opera en el sistema capitalista actual, las grandes farmacéuticas, conocidas como  “Big Pharma”, tienen como objetivo la maximización de los márgenes de ganancias y la pugna por el mercado mundial. Por eso, tienen mayor interés por  maximizar ganancias que en desarrollar medicamentos con valor terapéutico. Esto puede verificarse a través de diversos ejemplos, como la falta de desarrollo de nuevos antibióticos para abordar la resistencia microbiana. La industria farmacéutica invierte poco en estas moléculas ya que el proceso es difícil y costoso, incluye largos periodos de desarrollo y aprobación y tiene poco margen de ganancia, ya que generalmente se usan en ocasiones puntuales y por períodos de tiempo no muy prolongados. Para ilustrar esto sólo basta mencionar que el último descubrimiento de una nueva clase de antibiótico se produjo en 1987. De igual manera, los tratamientos para las enfermedades desatendidas, que afectan generalmente a poblaciones vulnerables, no han tenido grandes avances en los últimos años. La enfermedad de Chagas, por ejemplo, es endémica en 21 países de América Latina, donde se calcula que afecta a unas 6 millones de personas y provoca, en promedio, 14.000 muertes anuales, según la Organización Panamericana de la Salud [3]. Sin embargo, el medicamento que se utiliza como primera línea para su tratamiento (y que forma parte de la lista de medicamentos esenciales de la OMS), es el benznidazol, el cual salió al mercado en 1971 y las empresas farmacéuticas privadas lo han dejado de producir. Un laboratorio estatal brasieño fue durante un tiempo el único productor global y posteriormente un consorcio público argentino comenzó a producirlo [4]. Tampoco se están desarrollando nuevos tratamientos que puedan prometer una respuesta en un futuro.

Por otro lado, las Big Pharma utilizan diversas prácticas para renovar patentes que le permiten evitar la competencia de los medicamentos genéricos y prolongar los monopolios, generando precios altos y limitando el acceso a los medicamentos. Esta situación es cuestionable, porque los medicamentos no son simplemente productos del mercado, son un bien social esencial para garantizar un derecho humano como la salud [5]. En nuestro país, la salud fue incluida en la Constitución Nacional como un derecho en 1994.

La Producción Pública de Medicamentos y Vacunas (PPMV) surge en Argentina como una estrategia para el abastecimiento de insumos sanitarios estratégicos [6]. Los laboratorios de producción pública de medicamentos y vacunas de nuestro país han sido creados a lo largo del tiempo, comenzando hace más de un siglo. En una primera etapa: 1916-2001, fueron creados varios laboratorios estatales como producto de la necesidad social de garantizar el acceso a los medicamentos. El primer laboratorio fue el Instituto Bacteriológico, hoy llamado ANLIS Malbrán. Como consecuencia, el complejo de laboratorios públicos presenta heterogeneidad jurisdiccional, diferencias presupuestarias y distintas capacidades de producción. En una segunda etapa: 2002-2023, se lograron consolidar políticas y normas que institucionalizaron la salud como política pública, fortaleciendo la PPMV como herramienta clave. El Congreso Nacional sancionó la Ley N° 26.688 en el 2011 que declaró de interés nacional la investigación y producción pública de medicamentos, y la Ley N° 27.113 en el 2015 que creó la Agencia Nacional de Laboratorios Públicos (ANLAP). Esto permitió al Estado establecer precios testigos, garantizar el acceso a medicamentos y financiar proyectos de investigación y desarrollo enfocados en las necesidades sanitarias de nuestro país. La ANLAP impulsó el lanzamiento de suplementos dietarios, medicamentos y productos médicos como fierritas, carbatest, misoprostol, mifepristona, y test covid, que permitieron dar respuesta a diversos programas del Ministerio de Salud de la Nación. Las medidas tomadas desde 2002 lograron que, en conjunto, los laboratorios estatales tengan la capacidad para fabricar el 80% del listado de medicamentos definidos como esenciales por la OMS. Durante el 2019 los laboratorios produjeron 370.000.000 de unidades farmacéuticas, las cuales fueron utilizadas en el tratamiento de alrededor de 6.500.000 de personas. Además, desde el año 2020 la ANLAP impulsó proyectos de investigación y desarrollo otorgando becas doctorales y posdoctorales cofinanciadas con CONICET, adjudicando subsidios propios y colaborando en la convocatoria FONARSEC Proyectos Estratégicos PPM 2021 de la Agencia I+D+i.

Recientemente, la ANLAP fue suprimida por decisión unilateral del poder ejecutivo a través del Decreto de Necesidad y Urgencia N° 70/2023, sancionado el 20 de diciembre. Esto significó la pérdida de recursos humanos especializados y de financiamiento para proyectos en temas estratégicos de salud pública como medicamentos pediátricos y para enfermedades desatendidas. 

La concentración que existe en el mercado de ciertos productos para la salud se vió recientemente ante la crisis de los repelentes. Una sola empresa maneja más del 50% del mercado. Ante el desabastecimiento, los laboratorios públicos rápidamente aumentaron su producción y distribución [7]

Preservar los esfuerzos logrados y las capacidades propias en la producción pública de medicamentos es indispensable para garantizar la soberanía y el desarrollo de nuestro país.


Notas al pie

[1] Piñeiro, F., Chiarante, N., Zelaya, M. (2020). Sobre la investigación, desarrollo y producción pública de nuevos medicamentos. Ciencia, Tecnología y Política, 3(4):83-90. https://revistas.unlp.edu.ar/CTyP/article/view/e040

[2] https://www.who.int/publications/i/item/WHO-MHP-HPS-EML-2023.02

[3] https://www.paho.org/es/temas/enfermedad-chagas

[4] https://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/3-190056-2012-03-21.html

[5] Isturiz MA, Díaz de Guijarro E, Naidorf J (2018). Producción Pública de Medicamentos, Vacunas y Productos Médicos. El Papel de las Universidades. Revista de la Asociación Argentina de Sociología; 10(6), 97-112. https://ri.conicet.gov.ar/handle/11336/177080

[6] Zelaya M., Burgardt N., Chiarante N., Piñeiro F., Alcain J., González Maglio D. y Carro A.C. (2021). Producción Pública de Medicamentos y Vacunas: análisis histórico y de políticas científicas con foco en el caso argentino. Filosofía e historia de la ciencia y sociedad en Latinoamérica, Volumen I, páginas 173-200, Buenos Aires y São Carlos, AFHIC. https://ri.conicet.gov.ar/handle/11336/186696

[7] https://www.pagina12.com.ar/726911-el-estado-contra-el-dengue

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