Resumen de noticias, mayo 2022: los desclasados del Plata.

resumen de noticias mayo 2022

Por Ariel Duarte – Abogado

Varios elementos dan la pauta de una crisis total de representación en nuestro país.

Las encuestas en sus diferentes versiones ofrecen un panorama en el cual sobreabundan las imágenes negativas de los políticos argentinos, y las imágenes positivas versan sobre pequeños nichos hiper “convencidos” o personajes con poco alcance o estructura.

No existen candidatos con intenciones de votos mayoritarios, y quienes poseen mayor caudal de votos son los que por el contrario tienen un techo más rígido y chato.

La crisis del federalismo y justicia social de nuestro país es también evidente: más del 90% de las producciones de contenidos que se emiten a nivel nacional emergen de un sector social blanco, porteño o “ambeño”, hiper “convencido” de sus debates, y dispuestos a juzgar y condenar, en una lógica algorítmica propia de redes sociales, a quienes no piensen bajo los parámetros del mainstream que emerge de la urbe por izquierda y por derecha.

Hace 15 años nos gobiernan desde la gran Urbe del Plata y sus alrededores, y los que fueron al ostracismo político -y condenados en la justicia- de la experiencia kirchnerista fueron precisamente los que venían de Santa Cruz. Exactamente lo mismo había sucedido con la banda riojana, y los cómplices capitalinos siguen libres de penas y culpas.

Para 2023 la oferta electoral presidencial se reduce una vez más a personajes de Buenos Aires.

Ahora los candidatos y candidatas “salen” a recorrer el país: no se viaja con el objetivo de receptar los problemas de cada región y o de los barrios profundos, sino a llevar las soluciones del puerto: unas libertarias y otras progresistas, aunque el denominador común es el hecho de que son creaneadas por un sector social minoritario y localista, que se autopercibe universal y con “capital cultural” suficiente para pensar las soluciones del país atrasado.

De un lado porteño, se asustan por el emergente libertario y sostienen que debatir ciertos temas atrasan muchos años. Hay una evidente negación de la realidad: si hay debates que emergen, lo que está atrasado no es el nuevo tema que se quiere imponer en la agenda, sino la agenda que preexiste, que no prioriza los problemas de un país con salarios bajo nivel de pobreza, incluso los del sector privado registrado. 

Cualquier opción temática que se proponga disruptiva con el Estado va a encontrar eco en el país profundo, porque hoy el Estado tolera la injusticia del hambre y, lamentablemente, su presencia en muchos barrios es dramática: algunas veces se presenta como empleador negrero que te tiene laburando como monotributista, con un plan o en cooperativas truchas, otras veces se hace presente mediante el abuso policial, complicidades con el crimen organizado, obras públicas nunca terminadas, salud y educación abandonadas, represión a comunidades originarias y, para colmo, subsidios de miseria para que las personas que no trabajan se queden en la casa sin exigir demasiado, o acepten trabajos informales para no perder el cobro del plan.  

Del otro lado porteño, se asustan por la agenda progresista y sostienen que representan la decadencia de un mundo viejo de bienestar ficticio que nos negó la posibilidad de ser un país serio. Hay otra evidente negación de la realidad: desde 1976 se impuso en Argentina un sistema político en el cual las formas políticas y culturales pueden variar entre una centroizquierda y una centroderecha, pero la estructura económica liberal se encuentra intacta. 

Los libertarios insisten en la economía, y fue la economía que nuevamente pregonan la que nos llevó a este punto crítico. Se entregaron todos los recursos naturales y servicios públicos, se desligó el estado nacional en sus obligaciones en materia de salud, educación y seguridad. Se endeudó al país y se lo hizo rehén de la inflación para mantener un déficit que sólo apunta a paliar efectos del desastre que la economía liberal hizo desde los 70, cuando comenzaron la entrega de todo el patrimonio público y la disolución del proyecto industrial y pleno empleo. 

Parece ser que estamos entrampados en dos agendas de cápsula, el microclima húmedo de Buenos Aires enardece las pasiones mundanas y el nivel de agresión entre ambos bandos parece irreconciliable.

La teoría del derrame triunfó sobre toda la cultura política argentina.

Si en determinado momento del país gobernar significaba crear trabajo y construir grandes obras para las generaciones venideras, hoy el Qué hacer parece ser un tema menor y derivado del derrame de algo previo y superior que, según a quién le preguntemos, podremos conocer la fórmula mágica.

El sector que hoy se embandera en una nueva derecha nos va a explicar la fórmula original del derrame: entreguemos nuestras riquezas al más rico y al más poderoso, que con su sabia administración y capacidad de desarrollo nos va a derramar bienestar y progreso en un futuro incierto. Mientras tanto, a sufrir todas las consecuencias necesarias para que el derrame suceda.

La otra campana citadina inauguró nuevos tipos de derrame que todavía no nos hemos animado a sistematizar y teorizar, quizá porque ahora nos toca vivirla.

Uno de esos derrames es el cultural: es necesario tener todos los medios de comunicación y creación de contenidos a disposición para instalar la agenda progresista, porque una vez que en un futuro incierto la deconstrucción impere en nuestra sociedad, vamos a ser más justos, felices e igualitarios. Mientras tanto no hay que detenerse a debatir los postulados, porque las posturas contrarias o el pensamiento histórico contrapuesto en realidad son escritos por personas presas de un atraso cultural irreconciliable. 

De lo que se trata entonces, según este derrame, es de construir una nueva cosmovisión lingüística y cultural, que una vez que se institucionalice podrá derramar en los sectores “vulnerables” las políticas necesarias para revertir su situación. Mientras tanto, que aguanten, la revolución ya será derramada.

La ideología es la lógica del derrame, que considera que el conjunto de la sociedad no está preparada para debatir ciertos temas, sino para asimilar en forma transversal los postulados concluyentes de los centros de pensamiento citadinos.

Otro de los derrames es el político: los cargos y las referencias como paso previo para la revolución social. Antes que construir organizaciones que resuelvan problemas (nos preguntamos para qué se hace política si no es para esto), pretenden convencernos de que el primer paso consiste en construir referencias y hacerse de espacios de poder polìtico que -en un futuro incierto- permitirán derramar políticas públicas que transformen la realidad de quienes sufren la injusticia.

De lo que nos quieren convencer entonces es que primero tenemos que construir los liderazgos, no que los líderes emergen de las obras que realizan; que primero tenemos que acaparar todos los cargos públicos que podamos como organización política, no que lo prioritario es antes que nada pensar en qué se quiere hacer y en función de eso ver cuáles son los medios que se necesitan para cumplir ese objetivo.

En las múltiples teorías del derrame hay una negación de los “para qué”: primero los medios, después los fines. Lo más cómico es que se presentan como científicas y carentes de vínculos religiosos, cuando no profesan más que una espiritualidad mesiánica y dogmática de un supuesto orden que impera y al cual hay que nutrirlo de -depende a cual teoría del derrame se adscribe- cultura contrahegemónica, poder político, o bien riqueza económica, para que algún momento ese mesías metodológico abra el cielo y arroje el progreso que la modernidad nos promete.

Otra debilidad de las nuevas teorías del derrame es que las posturas irreconciliables que se pretenden imponer como agenda desde la Ciudad hacia la periferia, devienen en una fragmentación social propia de las redes sociales, donde quienes piensan de igual manera sólo se relacionan entre sí, estableciéndose bandos contrapuestos que sólo dividen a nuestro país frente a un mundo donde la guerra y la ocupación pasaron a ser una posibilidad tangible.

Mientras tanto, la Patagonia deshabitada y desconectada frente a la histórica reivindicación chilena y británica, y la principal reserva de agua dulce en el acuífero guaraní desamparada y concesionada, frente al gigante Brasilero que insiste en conducir los destinos del Cono Sur.

Un resumen de noticias más del mes que pasó, mayo de 2022, y la principal preocupación de la clase dirigente es la generación de dólares a partir de vender nuestras riquezas naturales… Nadie nos explica para qué se va a utilizar el boom de exportaciones, sólo nos dicen que accediendo a muchos dólares podemos salir de la crisis inflacionaria, productiva y laboral que vivimos. 

Mientras tanto, el deterioro social crece e incomoda a quienes insisten con la necesidad de primero llenar la copa económica, cultural o política de lo que supuestamente está arriba. En una entrevista realizada el año pasado por este medio al ex Secretario de Educación Superior del Ecuador, René Ramírez, nos comentaba que el problema de América Latina y el mundo del Siglo XXI ya no versaba entre izquierdas y derechas, sino entre “los de arriba” y “los de abajo”, cuya distancia y desconexión cada vez es más grande en términos económicos y políticos. Continuará…

Deja una respuesta