RAÚL SCALABRINI ORTIZ – AQUÍ SE APRENDE A DEFENDER LA PATRIA

Por: Alejandro Villa

La oligarquía impuso un orden de liberalidad para los poderes internacionales y un Estado totalmente tiránico para el criollo desamparado”, dice en uno de sus textos. Era la foto, o más bien la película, de una Argentina desnuda que se mostraba en serio por primera vez. ¿Por qué? Porque el 14 de febrero de 1898 nuestra Mesopotamia paría a uno de los principales pensadores americanos de su tiempo y de los que vinieron después. Desde la provincia de Corrientes asomaba al mundo Raúl Scalabrini Ortiz. Su cabeza, su voz y sobre todo su tinta llegaron para que no quedaran dudas sobre el sometimiento general que vivía nuestro país desde su declaración de independencia formal, y en especial, desde la configuración heredada de las guerras civiles. Ganaron los que tenían que perder, estaba claro.

Periodista, historiador, ensayista, poeta e ingeniero agrimensor de profesión, don Raúl formó parte de una generación de hombres y mujeres que empezaron a escribir la historia y la actualidad desde una mirada completamente argentina e iberoamericana. No fue el primer revisionista pero tal vez sí el más incisivo. Comprendió como pocos el significado histórico de la experiencia de Hipólito Yrigoyen en la presidencia del país: el “yrigoyenismo”. Su defensa, con la pluma y con las armas, le valió el exilio cuando los dueños de la Pampa Húmeda volvieron al gobierno. El hombre que está solo y espera, debió huir de su tierra. Pero volvió. ¡Y cómo! En 1935, con otros intelectuales de la talla de Arturo Jauretche, Luis Dellepiane, Gabriel Del Mazo y Homero Manzi armaron FORJA (Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina) para defender los intereses de la nación ante la infamia de aquella década.

Ni de derechas ni de izquierdas; categorías europeas para problemas europeos. Una colonia subdesarrollada, atada a los antojos y caprichos de un puñado de familias de largos apellidos al servicio del imperio británico, tenía otras urgencias. Tierra sin nada, pero tierra de profetas al fin. Política Británica en el Río de La Plata es la abrumadora radiografía de un país dominado ya no por la fuerza sino por la diplomacia. Las finanzas, el transporte, la producción de alimentos, la energía, la prensa y la educación en perfecta consonancia para sostener el orden de unos pocos. Los textos -o cuadernos- de FORJA dijeron todo lo que había que hacer y deshacer para construir un país con plena soberanía sobre sí mismo. Su contenido consolidó el origen de lo que conocemos como “pensamiento nacional”. Y hubo un muchacho que lo entendió mejor que todos, al punto de lamentarse públicamente haber participado en la caída de Don Hipólito. FORJA fue el puente de hierro necesario entre Yrigoyen y Perón, identidad de una línea histórica.

Su obra se mete con la Historia del Primer Empréstito, aquella burla al Estado argentino, orquestada entre Rivadavia, Parish Robertson, la Baring Brothers y los vivos de siempre, que muestra cómo la deuda externa siempre funcionó como un mecanismo de control y nada más que eso. Petróleo e Imperialismo, el ejemplo de Méjico y el deber argentino describe la cartelización petrolera del mundo entre la Shell y la Standard Oil y propone imitar las acciones del patriota mejicano Lázaro Cárdenas para profundizar el camino empezado por YPF.

Pero si hay un tema que identifica a Scalabrini es la cuestión ferroviaria. Historia de los Ferrocarriles Argentinos ilustra, con indignación y detalle, el diseño del transporte argentino al servicio de intereses foráneos. Fue el principal impulsor de la nacionalización de los trenes y se lo llegó a pedir personalmente en un papel escrito a mano al propio Perón, que estaba ansioso por conocerlo. “Coronel, le vamos a pedir los trencitos”. Y Perón cumplió, claro, porque los ferrocarriles deben ser del pueblo argentino. A modo de brindis, como era un tipo serio, dijo “la nacionalización de los ferrocarriles es un acto político de proyecciones históricas tan extensas que sólo es comparable a la batalla de Ayacucho, que dio término al dominio español de América Latina e inauguró una nueva era de relaciones interpares con la madre patria”.

El 17 de octubre de 1945 la vida lo puso donde lo tenía que poner. Testigo presencial de aquella epopeya, “presentía que la historia estaba pasando junto a nosotros y nos acariciaba suavemente como la brisa fresca del río”, “era el subsuelo de la patria sublevado, el espíritu de la tierra presente como nunca creí verlo”. Tenía lógica, porque “con Perón, el pueblo argentino afirmó sus propios derechos” y “contra todos los consejos de la inteligencia y de la experiencia, al margen de los caminos trillados de la política, el Coronel Perón había sembrado una convicción directa en la masa del pueblo”.

FORJA se disolvió para integrarse a la naciente revolución nacional. Aun así, nunca pudo con su genio. La obsecuencia no era lo suyo. Algunas diferencias, más personales que de fondo, lo alejaron del presidente y prefirió quedarse al margen de la vida pública porque “todo lo que socava a Perón fortifica a Pinedo, en cuanto él simboliza un régimen político y económico de oprobio y un modo de pensar ajeno y opuesto al pensamiento vivo del país”.

Scalabrini Ortiz es uno de los máximos referentes a la hora de pensar en la lucha por nuestra soberanía y nuestra independencia definitiva. Su estudio es imprescindible para la formación de una conciencia nacional plena. “Aquí se aprende a defender la patria”. Por supuesto que el sistema educativo trabaja, y muy bien, para silenciar e ignorar a nuestros pensadores, por lo que la tarea de todos aquellos que intentamos retomar su legado es, cuanto menos, hacer visible las Bases Para la Reconstrucción Nacional. “Desalojemos de nuestra inteligencia la idea de la facilidad”.

 “Difunda pensamiento nacional”, pedía FORJA en sus cuadernos, y en eso estamos.

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