“Mitos y Verdades de la Exploración Petrolera Off Shore”

Por: Giuliano Falconnat  (Secretario Gremial FUT)

Un debate que sin lugar a duda ha adquirido un nivel de repercusión notable en los  últimos días tiene que ver con el anuncio del Ministerio de Ambiente de la Nación, a través  de la Resolución Nº 436/21, por el cual aprobó el proyecto presentado por la empresa  Equinor S.A., para continuar con las prospecciones sísmicas y avanzar en la explotación de  petróleo off shore en tres Cuencas del Mar Argentino (Cuencas Norte 100, 108 y 114). 

Una de las posturas más conocidas -y compartidas- es aquella que difunden los llamados  sectores “verdes”, los cuales sostienen que el impacto ambiental de esta actividad pone  en riesgo el recurso pesquero y podría ocasionar grandes contaminaciones debido a  derrames de petróleo. 

En particular, la ciudad de Mar del Plata ha sido y es epicentro de las protestas que solicitan al Gobierno dar marcha atrás con la definición e incluso desistir de cualquier indicio de  avance en materia de explotación petrolera en el Mar Argentino. 

Ahora bien, ¿cuánto hay de cierto en estos argumentos en contra y qué tan probables  son las catástrofes ambientales que mencionan? 

En primer lugar, es importante destacar que el Proyecto Argerich (primero de una serie de  10 pozos que se prevén explotar en forma off shore) no está situado en las costas marplatenses  como se sugiere, sino a 307 kilómetros de la costa, es decir, en aguas nacionales cercanas a la milla 165. Este es un dato no menor ya que la plataforma petrolera será invisible desde la costa, sumado a que la jurisdicción del proyecto cae en manos del Estado Nacional y de la Provincia de Buenos Aires, respectivamente. 

Por otro lado, vale la pena mencionar que la extracción de petróleo en el mar tiene más  de 90 años de antigüedad en nuestro país, en los cuales se han perforado 187 pozos  de los cuales 36  permanecen activos y proveen el 17% del gas que consumimos, según informes del Instituto Argentino del Petróleo y el Gas. Además, es una técnica muy utilizada en  Noruega, Brasil, México, entre otros países, con muy buenos resultados. 

Todos recordaremos el desastre ambiental ocasionado por el derrame de petróleo en el  Golfo de México, en 2010. En aquella oportunidad la plataforma “Deepwater Horizon” se  incendió y terminó hundida causando grandes pérdidas económicas y una fuerte  contaminación de las aguas, la flora y la fauna. En este sentido, la diferencia consiste en  que el operador de nuestras plataformas será Equinor SA, empresa de capital Noruego que posee 6.000 pozos en todo el mundo, sin ningún accidente

En cuánto al recurso pesquero, podemos afirmar que no se ve afectado por la búsqueda  de hidrocarburos, ya que entre 2017 y 2020 se registraron 120.000 km de sísmica (técnica  utilizada por los buques que permite identificar la presencia de petróleo y gas en los  sedimentos del fondo marino) y nuestro país continúa capturando la misma cantidad de  pescado (unas 800 mil toneladas al año, según datos oficiales del Ministerio de  Agricultura, Ganadería y Pesca). 

Las voces en contra del proyecto están comandadas por la organización ambiental  europea Greenpeace, que entre los datos erróneos y la información falsa que difunden, también cuentan con un informe científico de la Facultad de Ingeniería de la UNICEN, que  indica un “100% de probabilidades de un derrame petrolero”. 

Imagínense un proyecto con 100% de posibilidades de fallar, los inversionistas serían los  primeros en detenerse porque no sería rentable para nadie. 

¿Cómo llegaron estos investigadores a esta conclusión? Contabilizaron el promedio de  derrames de los últimos 50 años, no discriminaron en tipo de derrame (vale lo mismo un  derrame mayor a mil barriles que el derrame de un solo barril) y, en uno de los escenarios  de demanda, establecieron una producción diaria de 29 millones de barriles lo cual  equivale al tercio de la producción mundial en 2019, cifra que resulta ridícula. 

Contemplando los últimos 50 años, la cantidad de derrames ha disminuido  notablemente entre 1970 y 2015, pero el estudio contabiliza el período 1964-1970 donde  los números son notablemente mayores, debido a los cambios de seguridad y los avances  tecnológicos en el sector. Por otro lado, la producción diaria en la cuenca que se licitó  sería de 200.000 barriles diarios (0,7% respecto al informe de UNICEN). 

La inconsistencia de los datos impide tener una discusión objetiva al respecto. Entonces, resulta  interesante preguntarse por qué esta campaña en contra del proyecto no comenzó en 2017, cuando el Presidente era Mauricio Macri, y avanzó con el proceso licitatorio para la  etapa exploratoria. 

¿Será porque en aquella época el Ministro de Energía era Juan José  Aranguren, ex CEO de Shell? ¿Tendrá que ver con que Greenpeace posee, desde marzo  del 2000, acciones de Shell? 

Lo cierto es que esta plataforma petrolera, le permitirá a la Argentina contar con 200.000 barriles diarios de petróleo, suplir el porcentaje de gas que hoy debemos importar para  sostener nuestra industria y el consumo de los hogares, generar 22.000 puestos de trabajo en forma directa y dar un paso gigante de cara a la soberanía energética. 

Además, cada pozo petrolero significa 5.000 millones de dólares al año mediante  impuestos y regalías (más del tercio de lo que aporta la exportación de soja, principal  commodity argentino); en un momento donde la falta de divisas constituye el principal  problema de nuestra economía y son la herramienta necesaria para cumplir con el acuerdo  con el Fondo Monetario Internacional. 

Si algo nos deja en claro este debate es, por un lado, la necesidad de ser más rigurosos  con la información que tomamos como válida y compartimos a la hora de expresar  una postura y, por otro, la urgencia que tiene la Argentina de encontrar variantes que  generan trabajo e ingresos para el Estado, bajo estrictas normas que garanticen el  cuidado del medioambiente, pero con una convicción plena de poner en marcha los  sectores productivos. 

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