Manuel Ugarte, cómo hacer la patria grande – Amigo del Pueblo #2

Un día como hoy nació un gran pensador del panteón nacional. En sus libros abordó los aspectos filosóficos, culturales, sociales, económicos y políticos sobre la necesidad de unir al Continente para construir un destino común.

Escribe Justo Arias

Ilustra Jazmín Arribas

El 27 de febrero de 1875 nació Manuel Baldomero Ugarte, en San José de Flores. Proveniente de una familia aristocrática, supo ser un gran pensador que relacionó la cuestión nacional con la cuestión social y la necesidad de integrar las naciones latinoamericanas.

Después de estudiar literatura en París durante su juventud, a lo largo de su vida se dedicó a escribir libros, poemas, revistas y diarios en busca de un arte social y nacional, una literatura autóctona de los países del Sur que contrarrestara la identificación con una cultura europea que provocaba el «nacimiento de europeos a distancia»: «En América no puedo pintar, porque no hay asuntos, ni paisajes» recordaba que le decía muy serio un pintor argentino.

«Claro está que no encontraba en las márgenes del Plata paisajes como los que él había admirado en las telas de los maestros a quienes se obstinaba en imitar».1

Estando en París empezó a relacionarse con trabajadores socialistas franceses, porque si bien había «nacido en el seno de una clase que disfruta de todos los privilegios y domina a las demás», se dio cuenta «de la guerra social que nos consume, de la injusticia que nos rodea, del crimen colectivo de la clase dominante» y dijo: «yo no me mancho las manos. Yo me voy con las víctimas».

A esa inquietud se le sumó la cuestión de la América hispana. Su época estaba marcada por la Doctrina Monroe y la «política del garrote» de Estados Unidos, que justificaba ataques militares a los países latinoamericanos que no pagaban sus deudas externas. 

En 1899, indignado por la intervención militar de Estados Unidos en Cuba, decidió viajar al país yanqui para conocerlo. «Allí nació mi convicción sobre el imperialismo» afirmó después del viaje.

Con el tiempo, empezó a ver una nación latinoamericana fraccionada: «la América de origen español es un hombre y cada república es una parte de él»

Un mismo idioma, un territorio, una misma historia, mismos pueblos ancestrales, dueños y héroes comunes, vínculos económicos y culturales, y un enemigo común lo convencían de la necesidad de unificar América, aquel mismo «poncho desflecado», al decir de Atahualpa Yupanqui. 

Decía Ugarte en 1901: «Estamos a cabo de la política europea, pero ignoramos el nombre del presidente de Guatemala y apenas sabemos cuáles son los partidos que se disputan el poder en Venezuela. La indiferencia con que miramos cuanto se relaciona con los países menos afortunados de América es tan funesta como culpable».2

El porvenir de esta patria grande requería la unión de sus países para liberarla del yugo imperial. «Lo que más urge es establecer un leal acuerdo entre los partidos dentro de la nación y entre las naciones dentro de la América amenazada, para no seguir favoreciendo el ímpetu de los yanquis. […] Tengamos, por lo menos en lo que se refiere a la política internacional una patria única y sepamos defenderla de la manera más alta: con el sacrificio de las pasiones egoístas, subordinando los intereses de aldea a la salvación del conjunto».3

La popularidad de sus escritos lo llevaron a realizar una gira hispanoamericana entre 1911 y 1913. Fue recibido por miles de mexicanos, dominicanos, cubanos, guatemaltecos, salvadoreños, hondureños, nicaragüenses, costarricenses, panameños, venezolanos, colombianos, ecuatorianos, peruanos, bolivianos, chilenos, uruguayos y paraguayos en sus conferencias sobre la necesidad de una unidad latinoamericana, reivindicando los viejos anhelos de Simón Bolívar y José de San Martín. 

«Ha llegado la hora de realizar la segunda independencia. Nuestra América debe cesar de ser rica para los demás y pobre para sí misma. Iberoamérica pertenece a los iberoamericanos»4 sostenía en oposición al lema yanqui «América para los americanos» que entendía por «América» a todo el continente y por «americanos» solo a los estadounidenses.

Dos veces fue expulsado del Partido Socialista Argentino por sostener un socialismo nacional y latinoamericano, que buscaba la unificación de una patria grande fragmentada y dominada, por oponerse al socialismo internacional -proveniente de países europeos donde la cuestión nacional ya había sido resuelta- que negaba la existencia del imperialismo. 

Ugarte veía cómo frente a los problemas se buscaba copiar experiencias ajenas antes que buscar soluciones propias, trasplantando acríticamente lo que habían hecho otros países que poco tenían que ver con la realidad nacional: «Desde las Constituciones y las formas políticas, hasta el uniforme de los soldados, pasando por la edificación, las modas y la ideología, cada paso marcó un trasunto fiel de lo que se había visto o leído, posponiendo casi siempre la concordancia y la necesidad de adquirir fisonomía, sacrificando en todo momento las impulsiones del propio ser en aras de lo artificioso y de lo ajeno»5

Por esas polémicas que tuvo con los dirigentes del Partido Socialista, después de su gira hispanoamericana el diario oficial del partido publicó: «Ugarte viene empapado de barbarie, viene de atravesar zonas insalubres, regiones miserables, pueblos de escasa cultura, países de rudimentaria civilización». Años después Arturo Jauretche (director del único diario que celebró su vuelta al país en 1935) se encargaría de explicar la coincidencia ideológica entre la oligarquía liberal y su oposición marxista: la necesidad de civilizar un pueblo criollo inculto y bárbaro para hacer Europa en América. «Todo hecho propio -decía Jauretche-, por serlo, era bárbaro, y todo hecho ajeno, importado, por serlo, era civilizado». El problema estaba en ignorar y excluir el medio y las circunstancias locales por considerarlas bárbaras, porque excluyéndolas, se excluía la realidad misma. 

Ideologías en apariencia tan opuestas, concluían en lo mismo para Jauretche: «La ‘derecha liberal’ y la ‘izquierda socialista’ hacían el juego de la economía colonial en beneficio de las burguesías y los obreros de las metrópolis bajo la mirada comprensiva y estimulante de los políticos europeos viendo a la civilización en sus términos más opuestos, trabajar en contra de la barbarie criolla»6

Por esas diferencias con el socialismo cosmopolita, que negaba la idea misma de patria, fue que Ugarte sostendría: «Yo también soy enemigo del patriotismo brutal y egoísta que arrastra a las multitudes a la frontera para sojuzgar a otros pueblos y extender dominaciones injustas a la sombra de una bandera ensangrentada; yo también soy enemigo del patriotismo orgulloso que consiste en considerarnos superiores a los otros grupos […] Pero hay otro patriotismo superior […] que nos hace defender contra las intervenciones extranjeras, la autonomía de la ciudad, de la provincia, del Estado, la libre disposición de nosotros mismos, el derecho de vivir y gobernarnos como mejor nos parezca»7

Su obra fue uniendo dos banderas de liberación: la de latinoamérica y la de los trabajadores, la cuestión nacional con la cuestión social. «La existencia de los pueblos, como la existencia de los individuos, está sembrada de odiosas injusticias. Así como en la vida nacional hay clases que poseen los medios de producción, en la vida internacional hay naciones que esgrimen los medios de dominación, es decir, la fuerza económica y militar que se sobrepone al derecho y nos convierte en vasallos»8. Escribió en 1940: «Las minas, los cereales, el ganado, el petróleo, cuanto Iberoamérica derrama por los poros de sus territorios ubérrimos, está regulado por las grandes corporaciones financieras de Londres o de Nueva York. Somos países por donde la riqueza pasa; ricos para los demás, pobres para sí mismos»9.

Después de su primera ruptura con el Partido Socialista lanzó el diario La Patria, desde donde propuso un programa nacional que incluyera nacionalizaciones, industrialización, progreso económico social, neutralidad en la Primera Guerra Mundial, leyes sociales, reforma agraria e intensificación de vínculos latinoamericanos. Decía su Programa: «Un país que sólo exporta materias primas y recibe del extranjero los productos manufacturados, será siempre un país que se halla en una etapa intermedia de su evolución»10.

Pero la polarización entre intelectuales aliadófilos y germanófilos por un conflicto que poco tenía que ver con la realidad suramericana le daría poco espacio a su periódico, que cerraría en unos pocos meses por su férrea neutralidad. 

«No me dejé desviar por un drama dentro del cual nuestro continente sólo podía hacer papel de subordinado o de víctima, y lejos de creer, como muchos, que con la victoria de uno de los dos bandos se acabaría la injusticia en el mundo, me enclaustré en la neutralidad, renunciando a fáciles popularidades, para pensar sólo en nuestra situación después del conflicto»11, escribió sobre la Primera Guerra Mundial, postura que mantuvo durante la Segunda Guerra: «Yo no tengo razones para defender a Alemania. Pero tampoco las tengo para defender a Inglaterra o a Estados Unidos. Lo que ha de determinar mi opinión es el interés de mi América»12

Solitario y marginado se mudó a Madrid en la década de 1920, apoyando la revolución mexicana y la sandinista en Nicaragua, convencido de que la paz de la posguerra no sería «posible mientras haya pueblos sojuzgados por el colonialismo».

A comienzos de la década de 1940 se fue a vivir a Chile. Pero pasado el 17 de octubre de 1945 decidió regresar al país para adherir al movimiento nacional liderado por Juan Perón, mientras el socialismo, el comunismo, el radicalismo y el conservadurismo se unían detrás del embajador estadounidense Spruille Braden -partidario de las intervenciones de estadounidenses en los países latinoamericanos, por cierto-. Jauretche ya lo había presagiado.

«Mientras saboreábamos el café, elogié el nuevo estado de cosas en cuanto tendía a realizar los dos ideales de mi vida: restablecimiento de la dignidad nacional y reformas obreras tangibles, añadiendo que, dentro de ese campo de acción, me declaraba soldado a sus órdenes. ‘Con soldados así se ganan todas las batallas’ contestó el presidente complacido», escribió sobre el encuentro que tuvo con Juan Perón.

Al tiempo sería designado embajador en México, Nicaragua y luego Cuba, hasta su renuncia en 1950 para irse a vivir a Madrid. En noviembre de 1951 volvió al país con el único propósito de apoyar y votar la reelección de Perón. 

Días después, el 2 de diciembre, fue encontrado muerto en una casa que alquilaba en Niza, desconociéndose si se trató de un accidente o un suicidio. Sus restos fueron trasladados a la Argentina en 1954.Negado por los círculos de poder y de pensamiento pero consciente del legado de ideas que dejaba, escribió: «Lo importante es que las ideas avancen, que el ideal triunfe. Lo demás es anécdota […] Son las juventudes bien enraizadas las que crearán la patria libre del futuro mediante un doble esfuerzo, para lograr que la equidad reine dentro de la nacionalidad y que la nacionalidad, respetada en su esencia, se armonice en el mundo con las otras nacionalidades»13.

Notas al pie

1Ugarte, Manuel. “El arte nacional (1930)” en La Nación Latinoamericana. Ayacucho, 1978.

2Ugarte, Manuel. “La defensa latina (1901)” en La Nación Latinoamericana. Ayacucho, 1978.

3Ugarte, Manuel. “La patria única (1910) en La Nación Latinoamericana. Ayacucho, 1978.

4Ugarte, Manuel. La reconstrucción de Hispanoamérica. Buenos Aires, Coyoacán, 1961.

5Ugarte, Manuel. La manía de imitar (1929) en La Nación Latinoamericana. Ayacucho, 1978.

6Jauretche, Arturo. Manual de Zonceras Argentinas. Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Corregidor, 2015.

7Ugarte, Manuel. “Socialismo y patria (1908)” en La Nación Latinoamericana. Ayacucho, 1978.

8Ugarte, Manuel. «Causas y consecuencias de la Revolución Americana (1910)» en La Nación Latinoamericana. Ayacucho, 1978.

9Ugarte, Manuel. “Estado social de Iberoamérica (1940)” en La Nación Latinoamericana. Ayacucho, 1978.

 10Ugarte, Manuel. “Programa (1915)” en La Nación Latinoamericana. Ayacucho, 1978.

 11Ugarte, Manuel. “Sobre la neutralidad (1917)” en La Nación Latinoamericana. Ayacucho, 1978.

12Ugarte, Manuel. “No soy aliadófilo ni germanófilo: soy iberoamericano (1940/45)” en La Nación Latinoamericana. Ayacucho, 1978.

13Ugarte, Manuel. “Contra la corriente (1932)” en La Nación Latinoamericana. Ayacucho, 1978.

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