La vida muere en un discurso

Alguien se encarga de encerrarte y otro prepara el fin del mundo

Por Blair

“Señor presidente, hoy le pido respetuosamente que perdone a Julián Assange1” , rezaba una carta abierta dirigida al entonces presidente de los Estados Unidos de Norteamérica, Donald Trump, por el relator de la Comisión Especial sobre Tortura y Otros Tratos o Castigos Crueles, Inhumanos o Degradantes de la ONU, Nils Melzer.

Allí, el funcionario afirmó que Assange había estado privado de su libertad arbitrariamente durante los últimos diez años. “Este es el alto precio a pagar por tener el valor de publicar para el mundo información verdadera sobre los malos manejos del gobierno”, señalaba.
El indulto “rehabilitaría a un hombre valiente que ha sufrido injusticia, persecución y humillación durante más de una década simplemente por decir la verdad”.

Pero, ¿Quién es Julián Assange?

Acá le diríamos Julián y probablemente lo llamaríamos preso político. Nos reuniríamos durante extensas jornadas frente al Palacio de Justicia o el Congreso de la Nación, con bombos y megáfonos, exigiendo Justicia. O quizá no. Quizá solo se nos conformaría con un documental independiente empolvado en el olvido.

Lo cierto es que acá no se habla mucho del tema, por lo menos no lo suficiente que quien escribe considera que la gravedad del caso amerita. Sí, cada tanto se levanta alguna nota sobre él en alguna sección internacional de un diario de tinte conservador.
En este punto, y de nuevo, ¿Quién es Julián Assange y, sobre todo, por qué es importante saberlo?

Julian Assange nació en Townsville, Australia, en 1971, un año antes de que explotara uno de los escándalos más famosos de Estados Unidos, el “Watergate”2 , una red de espionaje ilegal que afectó duramente a la Casa Blanca y llevó a la renuncia del entonces presidente Richard Nixon. Quizá por eso desarrolló esta necesidad de exponer las verdades ocultas del mundo y los poderes que lo rigen por debajo de la mesa. Pero no nos adelantemos.
Hacker de corazón y no de títulos, Julián es un periodista y programador que se dedicó durante un tiempo a encontrar los errores de seguridad de diversas compañías australianas, actividades que le valieron diversos cargos delictivos y elevadas multas.

No fue sino hasta el año 2006 y con la creación como cofundador de “Wikileaks” cuando empezó el camino del activismo político y con ello de su temeraria búsqueda de la verdad.
«WikiLeaks» es una página web que prontamente se transformó en una organización mediática internacional que publicaba documentación de interés público, preservando el anonimato de sus fuentes. Representantes del espacio lo describen como una organización fundada a nivel internacional por disidentes políticos de todo el mundo, que se encuentran en búsqueda de verdades internacionales vinculadas al terrorífico uso del poder.

¿Por qué se hizo tan famoso Wikileaks y por qué nos importa Julian Assange?

En el año 2010, la analista de inteligencia del ejército estadounidense Chelsea Manning, mientras estaba en Irak, descargó una enorme cantidad de documentos, incluidos videos de los servidores del gobierno estadounidense y los envió a «WikiLeaks» con una nota que decía: «Este es posiblemente uno de los documentos más significativos de nuestro tiempo que elimina la niebla de la guerra y revela la verdadera naturaleza de la guerra asimétrica del siglo XXI3»

Ni lento ni perezoso pero siempre con un poco de desconfianza, Julian decidió asociarse con periódicos importantes del sistema, entre ellos: Der Spiegel, El País, The Guardian, Le Monde, The New York Times, con motivo de publicar los «cables diplomáticos» que procedían del paquete de documentos de Manning.
Así, «WikiLeaks” publicó registros de la Guerra de Irak y Afganistán, de los cuales se desprendían contenidos que sugerían que las fuerzas estadounidenses habían cometido crímenes de guerra en ambos países. El más controversial fue un video clasificado de 2007 que mostraba a militares estadounidenses matando a civiles como en un juego de “Counter Strike”, entre ellos empleados de la organización de noticias «Reuters».

Se denominó «Cablegate» a la filtración de más de 700.000 documentos diplomáticos de EE.UU. y de sus embajadas en distintos países que el Departamento de Justicia calificó como «una de las mayores filtraciones de información clasificada en la historia de EE.UU.».
Vale resaltar que, en dichos documentos también se exponían los excesos de la cárcel de Guantánamo y se revelaba el espionaje internacional a presidentes de otras naciones.

Como consecuencia de semejante escándalo, a principios de diciembre de 2010, altos cargos políticos estadounidenses pidieron a su gobierno que acusara a Julián Assange en virtud de la «Ley de Espionaje» de Estados Unidos -1917-, por la que se había juzgado a Chelsea Manning, quien había filtrado los documentos.

En el año 2012, Assange recibió asilo en la embajada de Ecuador en Londres, lugar donde vivió durante siete años. En abril de 2019, el nuevo gobierno de Ecuador, y evidentemente a cambio de lo que consideraba un acuerdo favorable con el Fondo Monetario Internacional, en clara alineación con los intereses y mandatos de los EE.UU. entregó a Assange a las autoridades británicas, a partir de lo que fue llevado a la prisión de Belmarsh para esperar las audiencias de extradición a Estados Unidos.


En la actualidad Julián Assange se encuentra detenido en Londres y está luchando legalmente contra la extradición a los Estados Unidos.


El gobierno estadounidense lo acusa de 18 cargos relacionados con la obtención y publicación de documentos clasificados, lo que podría suponer una condena de hasta 175 años de prisión.

Varios doctrinarios y juristas internacionales han sentenciado la falta de pruebas para vincular a Assange a semejante proceso y se han cuestionado, fundamentalmente, lo siguiente: ¿puede Assange ampararse en la primera enmienda constitucional norteamericana?, ¿se debe ser parte de la prensa tradicional para alegar la garantía a la libertad de publicar ciertos contenidos?, ¿se ha expuesto la seguridad nacional de EE.UU. a un daño grave e irreparable?, ¿podría EE.UU. alegar que la Ley de Espionaje extiende su ámbito de aplicación a conductas realizadas fuera del país por ciudadanos no estadounidenses, y no alcanzados por la protección de la primera enmienda constitucional?4.

Mediáticamente el tratamiento del caso se enfocó en el tipo de personalidad que tenía Julián. Si era narcisista, si estaba loco, bipolar o era simplemente un megalómano con sed de reconocimiento personal. Poco a poco fue quedando en el olvido el análisis sobre la realidad de los hechos expuestos, o bien, del ejercicio consuetudinario de las guerras asimétricas y la comisión de serios crímenes por parte de ciertos grupos de poder. Las imágenes filtradas se olvidaron y el verdadero debate se marchitó.

Debemos entender que en la actualidad la mejor manera de evitar los debates relevantes es mediante el bombardeo masivo de sobreinformación por el que a la larga perdemos el foco de lo que nos interesa, nos conmueve o nos indigna. La normalización de los hechos, sean cuales sean.
Eso pasó con Julián, cuando comenzó a publicar las verdades ocultas sobre las guerras en Irak y Afganistán, automáticamente se plagó de noticias sobre su personalidad y sus locuras (situación paradójicamente normal si consideramos que lo persiguen hace más de 10 años). Dicha práctica, direccionada masivamente desde el aparato de difusión mediática, se logra exitosamente.

De todas maneras, el caso de Julian ha despertado durante años fieles seguidores y movimientos de apoyo. Inclusive, y como dato novedoso, en la actualidad ha motivado la creación de su propia DAO. Las siglas DAO, Organización Autónoma Descentralizada, hacen referencia a un tipo de organización que se rige a través de códigos algorítmicos basados en smart contracts que se ejecutan en criptomonedas. Son utilizadas frecuentemente para recaudación de fondos y no tienen una estructura jerárquica empresarial tradicional…

Las DAO son una nueva herramienta creada bajo criterios de autogestión popular o ciudadana para ayudar de manera directa a defender determinada causa.

En el caso de Assange, el proyecto se describe como un «colectivo de cypherpunks» nacido en una comunidad de Telegram, con el objetivo de recaudar criptomonedas ETH para destinarlas al fondo de defensa de «los gastos legales y la campaña de concienciación sobre el caso de extradición de Julián» .

En algún punto, esto se vincula con ciertas personalidades de nuestro medio, que sin formar parte de ninguna estructura partidaria, e incluso sin aducir ideología política alguna, comenzaron a pretender canalizar las necesidades de un pueblo que ya no confía en las viejas formas de hacer política y desafían sin quererlo a nuestros representantes e instituciones públicas, ante el abandono y el empobrecimiento de la discusión política.

Las DAO vienen a ser parte de una filosofía o cosmovisión emergente por la cual cierto grupo de personas que pueden incluso no conocerse o hasta vivir a miles de kilómetros, tienen la posibilidad de autogestionarse por fuera de reglamentación legal alguna o espacio institucional formal, con consecuencias colectivas y un potencial infinito.

En definitiva, Assange y nuestro país se vinculan, no solo en la tradición de la necesidad incansable de verdad y justicia, sino en que empujan a la gente a gestionar su intolerancia hacia la construcción de nuevas formas del “hacer”. Quizá sean las nuevas formas de este “hacer político”, en clave popular y comunitaria, el comodín de este 2022 o el porvenir.

1https://news.un.org/es/story/2020/12/1485902
2https://cnnespanol.cnn.com/2017/05/17/watergate-el-escandalo-que-cambio-la-politica-estadounidense/
3https://thetricontinental.org/es/newsletterissue/julian-assange-alerta-roja/
4Revista chilena de Derecho y Tecnología • Vol. 3 Nro.. 1 (2014) • Págs.. 163-194

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