La tragedia de un obrero ejemplar

Germán Duarte

Forjada al calor de las brasas, todavía ardientes, del Otoño Caliente italiano (1968), la película de Elio Petri “La clase obrera va al paraíso” (1971) representa1, al mismo tiempo, las problemáticas propias de la clase obrera de Occidente de los ‘70 y el concepto de enajenación, acuñado por Carlos Marx en diversos textos y desarrollado en los Manuscritos Económico-Filosóficos (1844)2.

El autor describió la enajenación como la causa de la propiedad, mientras que Petri buscó reflejar la vigencia de dichos conceptos, más de un siglo después, en una fábrica del Norte de Italia, durante la década del ‘70, cuando el capitalismo occidental había incorporado, al menos en sus zonas más desarrolladas, la legislación laboral y la actividad sindical legítima.

Desde su título, el film italiano nos invita a contrastar el enfoque teórico marxista con nuestra tradición judeocristiana, de la que proviene otro punto de vista, de gran influencia en el reconocimiento jurídico de los derechos de los trabajadores, tanto en Italia, como en Argentina, esto es, el punto de vista de la Doctrina Social de la Iglesia, que proclamó el destino universal de los bienes y cuestionó la concepción del trabajo como mercancía y la relación destructiva del ser humano con la naturaleza.

El concepto de trabajo, según Carlos Marx: la diferencia entre la actividad humana y la animal

Para comenzar, analizaremos qué entiende Marx por trabajo, concepto que para él es central, ya que diferencia la actividad humana de la actividad animal. El trabajo media entre el ser humano y su “metabolismo con la naturaleza”3. Por medio del trabajo, el ser humano “transforma la naturaleza exterior a él” y transforma, a su vez, su propia naturaleza.

Pero, ¿cuál es la diferencia entre esa actividad humana y la actividad de los animales? Marx utiliza el ejemplo de las abejas y “la construcción de las celdillas de su panal”, para comparar esa actividad con la del albañil: “la diferencia consiste en que éste, a diferencia de aquellas, se representa en su imaginación el resultado del proceso de trabajo que realiza. No se trata, solamente, de un “cambio de forma” sobre la naturaleza, sino que también “en lo natural, al mismo tiempo, efectiviza su propio objetivo”.

El film “La clase obrera va al paraíso” transcurre en una fábrica metalúrgica de Novara (Piamonte, Italia), donde todas las mañanas, cuando ingresan los obreros, se escucha una voz proveniente de los parlantes que, en representación de la patronal, dice: “Máquinas, más atención es igual a producción”.

Este es un aspecto fundamental del concepto de trabajo para Marx, ya que el objetivo del trabajador, al que nos referimos en el párrafo anterior “determina, como una ley, el modo y manera de su accionar y al que tiene que subordinar su voluntad”. El trabajo no se caracteriza únicamente por el esfuerzo físico, sino que también implica “la voluntad orientada a un fin, la cual se manifiesta como atención”.

El trabajo enajenado, en los Manuscritos Económico-Filosóficos

El autor plantea que el trabajo enajenado4 consiste en que cuando el obrero “está en él, no se pertenece a sí mismo, sino a otro; su actividad no es su propia actividad, sino que pertenece a otro. Esto se da, en primera instancia, porque “el trabajo (enajenado) es externo al trabajador, es decir, no pertenece a su ser.

No trabaja para satisfacer una necesidad, sino que trabaja para obtener los medios para satisfacer sus necesidades fuera del trabajo5. El trabajo enajenado tiene una dimensión material, la apropiación de la plusvalía generada por el obrero en el proceso productivo, pero también un importante componente subjetivo.

Cuando un no-obrero se apropia del fruto del trabajo, el obrero se ve privado de sí mismo, en la propia objetivación del trabajo se genera este extrañamiento al que aludimos, ya que una parte de sí, plasmada en el producto, ha sido enajenada. Como dice Marx, “el trabajador pone su vida en el objeto; pero aquella ya no le pertenece a él, sino al objeto”. Este razonamiento lo lleva a concluir:

“La alienación del trabajador en su objeto se expresa, de acuerdo con las leyes de la economía política, de tal modo que, cuanto más produce el trabajador, tanto menos tiene para consumir; cuantos más valores crea, tanto más desprovisto de valor, tanto más indigno se torna; cuanto más formado se encuentra su producto, tanto más deforme el trabajador; cuánto más civilizado su objeto, tanto más bárbaro el trabajador; cuanto más poderoso el trabajo, tanto más impotente el trabajador; cuanto más ingenioso el trabajo, tanto más desprovisto de ingenio el trabajador, tanto más se convierte este en siervo de la naturaleza”.

El trabajo enajenado en “La clase obrera va al paraíso”

El film narra la historia de Ludovico Massa -interpretado por Gian Maria Volonté-, un obrero metalúrgico al que se lo muestra como un trabajador alienado. El protagonista es un obrero ejemplar para los supervisores de la fábrica, ya que cumple las metas de producción en tiempo récord, estableciendo parámetros que obligan a sus compañeros a aumentar el ritmo laboral, incrementando así los riesgos.

La fábrica en cuestión se encuentra dentro del paradigma del taylorismo/fordismo, predominante en la mayor parte del siglo XX, cuyo objetivo es aumentar la productividad del trabajo. El desarrollo tecnológico permite reducir la actividad del operario de las máquinas a una función simple y repetitiva, que no requiere de ninguna calificación6. Es decir, con estas nuevas modalidades de trabajo se profundizó aquello que había dicho Marx en 1844: “cuanto más ingenioso el trabajo, tanto más desprovisto de ingenio el trabajador7

“Cuantos más valores crea, (…) tanto más indigno se torna”. 

En el comienzo del film, Ludovico Massa hace esta grotesca descripción de sí mismo:

“Todo está aquí (se toca la cabeza), en el cerebro. En el cerebro, está la dirección central. Decide, hace proyectos, hace programas y da marcha a la producción. (…) Los brazos, la lengua, la boca todo se pone en movimiento. Logra alimentos que son la materia prima, (…) el individuo trabaja para comer (…) la comida baja hasta aquí (se toca la panza) donde hay una máquina que la tritura y la deja lista para salir, igual que una fábrica (…) El individuo es igual que una fábrica de mierda (…) Piensa si tuviera un precio, ¿eh? ¡Cada cual sería feliz con su renta segura! En cambio, no saben dónde ponerla... contamina el agua…”.

Si bien Ludovico Massa se lamenta de que su excremento no tiene valor comercial, lo que sí lo tiene es su fuerza de trabajo, la cual vende a un costo muy alto para su salud física y mental. Esto se vincula a un principio fundamental de la economía política clásica, señalado por Marx en sus “Manuscritos” y que también hoy siguen sosteniendo los liberales: el trabajo es una mercancía8. Dice el autor: “hemos demostrado que el trabajador queda rebajado a mercancía, a la más miserable de todas las mercancías”.

“Cuanto más formado se encuentra su producto, tanto más deforme el trabajador”

En diversos momentos del film, se ve la degradación física de Ludovico Massa, como consecuencia de su trabajo enajenado. Cuando le preguntan por su edad, cuenta que tiene 31 años y 15 trabajando en la fábrica, ante la mirada sorprendida de los más jóvenes, ya que el personaje aparenta tener más edad. Luego, agrega: “He tenido dos intoxicaciones con barniz, tuve un desgarro, he tenido úlcera”. Los compañeros le reprochan el ritmo laboral que se autoimpone, pero su carácter necio lo lleva a obsesionarse aún más con su tarea repetitiva. En el clímax de esta situación, Massa se corta un dedo con la máquina.

 “Lo animal se convierte en lo humano y lo humano, en animal”. Según Marx, aquello que diferencia a los seres humanos de los animales tiene que ver con que los animales son, inmediatamente, una sola cosa con su actividad, mientras que el ser humano hace de su actividad “objeto de su voluntad y de su conciencia”, lo cual lo define, a su vez, como un ser genérico, como un ser libre, capaz de realizarse9. El autor dice que el trabajador enajenado “sólo siente que actúa libremente en sus funciones animales -comer, beber y procrear; (…) y en sus funciones humanas (trabajar) sólo se siente un animal”.

En el film de Petri, podemos encontrar referencias a esto cuando Massa le enseña a un compañero nuevo cómo se opera una máquina. Al concluir, el experimentado operario dice que “hasta un mono podría hacerlo, o sea que también puedes hacerlo tú”. En esta burla a su compañero, el protagonista también está descalificando su propio trabajo. Esta broma también se vuelve contra Ludovico Massa cuando Militina, un personaje a cuya historia referiremos más adelante, le entrega un recorte de diario con el título: “El chimpancé cree que es un hombre”.

“Somos como máquinas”. La comparación del obrero enajenado con una máquina también tiene su origen en los “Manuscritos”. Dice Marx que el capitalista “suprime trabajo introduciendo maquinaria, pero hace retroceder a una parte de los trabajadores a un trabajo bárbaro, en tanto convierte a la otra parte en máquina”.

En el film, Ludovico Massa exclama en una asamblea, exaltado por las secuelas del accidente: “Yo soy una máquina: ¡Yo soy una tuerca! ¡Yo soy un bulón! (…) ¡Yo soy una bomba!”. Massa dice que llegó a eso por incrementar la productividad, concluyendo su metáfora con una alusión a su triste desenlace: “¡Y, ahora, la bomba se ha roto, no va más! ¡Y, ahora, no hay forma de reparar esa bomba!10

Trabajo enajenado y propiedad privada

Aquí llegamos a otra conclusión fundamental de los “Manuscritos” de Marx: la propiedad privada surge del trabajo enajenado. Marx aborda esta cuestión comenzando con el siguiente interrogante: “Si el producto del trabajo me es ajeno, se me enfrenta como un poder extraño, entonces ¿a quién pertenece?”. Luego, responde: “Esto sólo es posible porque pertenece a otro hombre que no es el trabajador”.

De esto, el autor deduce que: “La relación del trabajador con el trabajo genera la relación con dicho trabajo del capitalista”, para luego concluir que la propiedad privada es la consecuencia necesaria del trabajo enajenado11. Esto se profundiza con el desarrollo del capitalismo que, llegado a la época de la película italiana, se caracteriza por una absoluta separación entre los dueños de las fábricas y los empleados (obreros y administrativos) que la hacen funcionar a diario.

El modo de trabajo, bajo el paradigma taylorista/fordista, implica una separación abismal entre la tarea cotidiana (sencilla, repetitiva, poco calificada) y el producto final, diseñado por ingenieros, que a su vez estandarizan los procedimientos laborales a través de manuales.

Es por esto que el protagonista del film, en un momento de crisis, se pregunta: ¿Quién lo conoce al patrón?”

A partir del trauma suscitado por la mutilación de su dedo, Ludovico Massa entra en crisis y toma conciencia de su alienación. Motivado por estos cuestionamientos a su forma de vida, se dirige a un hospicio donde se encuentra un viejo compañero de la fábrica, llamado Militina, el cual había sido internado por un colapso psicológico.

Dialogando con el anciano, Massa descubre que los síntomas que había experimentado Militina cuando estaba próximo a colapsar eran semejantes a los que él mismo estaba experimentando, especialmente un  trastorno obsesivo compulsivo. Ambos coinciden en que después de tantos años de trabajo, no saben qué es exactamente lo que produce la fábrica.

Militina había sido internado luego de que, según él mismo cuenta, tomó del cuello al ingeniero de la empresa y le preguntó qué era lo que estaban produciendo. Se justifica diciendo: “No es locura. Es que un hombre tiene derecho a saber lo que hace y para qué sirve”.

El trabajo y la propiedad, según la Doctrina Social de la Iglesia

 Hasta aquí, hemos sintetizado los conceptos de los “Manuscritos” procurando ser fieles al mensaje del autor, que deja en claro desde un comienzo, que sus reflexiones son una crítica a la economía política liberal y al capitalismo, que legítima con sus falacias.

Concluimos con la consideración de los conceptos de trabajo y de propiedad, a partir de una visión crítica del capitalismo y del comunismo: la Doctrina Social de la Iglesia, de gran influencia en el reconocimiento, a nivel nacional e internacional, de los derechos de los trabajadores. La misma, surge de la Encíclica Rerum Novarum (1891), del entonces Papa León XIII12

En cuanto al capitalismo, Rerum Noverum rechaza la concepción del trabajo como mercancía y se propone liberar a los pobres obreros de la crueldad de hombres codiciosos que, a fin de aumentar sus propias ganancias, abusan sin moderación alguna de las personas, como si no fueran personas, sino cosas. Por otro lado, se refiere al comunismo como a quienes prometen una vida exenta de toda fatiga y dolor, y regalada con holganza e incesantes placeres”, acusándolos de engañar al pueblo con fraudes.

La Encíclica reconoce el derecho de propiedad, pero establece que su uso debe ser en función del bien común: “no debe tener el hombre las cosas externas como propias, sino como comunes”. Estos conceptos fueron recogidos por el Papa Francisco, que, en su Encíclica Fratelli Tutti, se refirió al “principio de la subordinación de toda propiedad privada al destino universal de los bienes de la tierra y, por tanto, el derecho de todos a su uso”13.

El reconocimiento de los derechos humanos de los trabajadores

En la Encíclica Quadragesimo Anno, el Papa Pío XI, a 40 años de Rerum Novarum, hizo un balance de las repercusiones a nivel mundial de los principios sociales que había establecido León XIII14, haciendo referencia a la creación, en el año 1919, de la Organización Internacional del Trabajo y a la incorporación de su Constitución al Tratado de Versalles. En 1944, la Declaración de Filadelfia relativa a los fines y objetivos de la OIT, establece el principio: “El trabajo no es una mercancía”15 .

En este sentido, vale aclarar que también se pone en cuestión el paradigma liberal respecto de los derechos de propiedad y de libertad de empresa, los cuales ya no son vistos de forma absoluta, sino relativa, en función de que su ejercicio no afecte los derechos humanos de terceros o de la comunidad en su conjunto16.

En la Argentina, estos principios y estas propuestas, fueron implementados a partir de 1943, incluso desde antes de la Declaración de Filadelfia y consagrados en la Constitución de 1949, que estableció la función social de la propiedad privada, declaró propiedad inalienable de la Nación a los recursos naturales y a las áreas estratégicas de la economía, e incorporó los derechos de los trabajadores

Estas conquistas son producto de la lucha del movimiento obrero. Tanto en Italia, como en Argentina, los años ‘60 y ‘70 fueron períodos de creciente actividad sindical y de resistencia obrera frente a las políticas que implementaron las grandes industrias para incrementar la productividad, aumentando la explotación de la fuerza de trabajo.

En 1970, en Italia, se aprobó el Estatuto de los Trabajadores, que fue la materialización de las principales demandas sindicales. En nuestro país, la Ley de Contrato de Trabajo, promulgada en el año 1974 -aún vigente, a pesar de sucesivas reformas, iniciadas a partir de la última dictadura-, estableció una definición que aún hoy perdura: “El contrato de trabajo tiene como principal objeto la actividad productiva y creadora del hombre en sí. Sólo después ha de entenderse que media entre las partes una relación de intercambio y un fin económico en cuanto se disciplina por esta ley”.

La dignidad del trabajo y la relación entre el ser humano y la naturaleza

En Rerum Novarum, León XIII estableció, inspirado en las Escrituras, que Cristo “siendo Hijo de Dios y Dios él mismo, quiso, con todo, aparecer y ser tenido por hijo de un artesano, ni rehusó pasar la mayor parte de su vida en el trabajo manual”.

Francisco se hace eco de este mensaje en Laudato Sí, donde dice que Jesús “santificó el trabajo”17. En el film analizado, la primera referencia a la promesa del Paraíso a los obreros aparece de forma sarcástica, denotando la falta de esperanza en que se encuentran sumidos, como producto de la alienación. La vuelta a esta referencia que, oníricamente, aparece al final, la dejaremos a consideración del lector.  

Como dice Francisco en Laudato Sí, “el trabajo es una misión”, es decir, tiene un fin espiritual y trascendente, ya que el planeta nos ha sido dado para “labrar y cuidar” y no para “la explotación salvaje de la naturaleza”. El ser humano, en su relación con la misma, no debe ser “dominante y destructivo”, sino que debe tener “una relación de reciprocidad responsable”18

La preocupación por la problemática ambiental y el impacto de la tecnología en la vida de las personas no existía en la época de los “Manuscritos”.

En Occidente, imperaba una concepción del trabajo y de la actividad productiva, como dominio de la naturaleza y explotación de millones de seres humanos, en función del progreso económico, concebido como una panacea. La teoría de Marx, considerándose a sí misma como continuadora del proyecto de la Modernidad, compartía esa forma de entender el trabajo y la producción.

En la película italiana, situada, como dijimos, en 1971, podemos observar el cielo de Novara surcado por el humo de las chimeneas de las industrias, pero no se hace demasiado foco en el impacto ambiental19. En 1972, Juan Domingo Perón nos alertaba acerca del “espejismo de la tecnología” y del peligro de la destrucción del planeta si no había “un cambio en las estructuras sociales y productivas en el mundo”

En la actualidad, Francisco expresa estos conceptos, que tienen aún mayor vigencia. Cualquier debate acerca del trabajo y la propiedad privada no puede prescindir de este punto de vista, sobre todo cuando tenemos la certeza, como nunca antes en la historia, de que la actividad humana puede llevar a la extinción de la vida en nuestro planeta

El concepto de trabajo enajenado debe ser considerado junto a la problemática ambiental, cuyas consecuencias sociales son inocultables. 

Queda planteado el siguiente interrogante… ¿Por qué, a pesar del reconocimiento a nivel internacional de los derechos humanos, siguen existiendo condiciones inhumanas de vida y de trabajo? Si bien excede los límites de este artículo responderlo, queda claro que la realidad nos muestra la incompatibilidad existente entre el pleno ejercicio de los derechos humanos y el sistema capitalista global.

[1] Petri, E. (1971) La classe operaria va in Paradiso. Euro International Films. Se puede ver completa, en idioma original y subtitulada en castellano en: https://www.youtube.com/watch?v=fNcxxBjEOgw&t=3543s

[2] Marx, K. (2015) Manuscritos Económico-Filosóficos de 1844. Editorial Colihue.

[3] Las citas de este apartado corresponden al Capítulo V de “El Capital”, ya que allí encontramos una definición más clara del concepto de trabajo. Marx, K. (2018) El Capital. Editorial Siglo Veintiuno.

[4] Estos célebres manuscritos de Carlos Marx no fueron publicados en vida del autor, sino que, encontrados los originales de su puño y letra en el siglo XX, vieron la luz en 1932. La publicación de esta obra desencadenó un profundo debate acerca de la real dimensión del concepto del trabajo enajenado, ya que no se tenía en consideración la significación filosófica que tenía para Marx, ni la importancia que éste le daba al aspecto subjetivo de la alienación. La difusión de los “Manuscritos…” (posterior a la muerte de varios clásicos autores y líderes marxistas como Lenin, Kautsky, Luxemburgo, entre otros) produjo un fuerte impacto en la forma en que se entendía el marxismo, tanto en sus detractores, como en sus propios partidarios. Como dice Miguel Vedda en la página VII de su Introducción a los Manuscritos Económico-Filosóficos (op. Cit.): “Toda una generación de intelectuales pudo ver en ellos una alternativa tanto frente a las diversas corrientes de la filosofía burguesa por entonces en boga, cuanto frente a aquel marxismo de cuño economicista y cientificista que, anunciado ya en la obra del viejo Engels, había conseguido consolidarse como tendencia hegemónica gracias a los aportes de teóricos tales como Karl Kautsky (1854-1938), Georgij Walentinowitsch Plejanov (1856-1918) o Nikolaj Ivanovitsch Bujarin (1888-1938)”.

[5] Es por esto que Marx habla de “trabajo forzado” refiriéndose al trabajo asalariado, lo cual contradice la tradición de la economía política y del liberalismo, que lo considera una relación comercial entre oferentes y demandantes, dentro de lo que denominan “mercado laboral”.

[6] Milano, Elías (1997) “Del fordismo a la flexibilidad laboral: Supuestos, crisis y realidades de la regulación social”, en Economía Y Ciencias Sociales, Universidad Central de Venezuela, N°2-3. El paradigma descripto fue representado también por Charles Chaplin en su clásica película “Tiempos Modernos” (1936).

[7] El trasfondo en el que transcurre la vida de Massa está signado por el conflicto en torno al trabajo a destajo, es decir, al pago de un plus por productividad a los obreros, ya que algunos reclaman un incremento del monto y otros, su abolición. La película transcurre en los años 70s, cuando, contemporáneamente a la forma de trabajo industrial antes descripta, en las zonas más desarrolladas del capitalismo occidental, estaba reconocida (no sin limitaciones) la actividad de los sindicatos y los derechos de los trabajadores. Sin embargo, en la vida cotidiana de Massa, podemos ver representadas varias de las características atribuidas al trabajo enajenado por parte de Marx, en 1844.

[8] Cuando se habla de “recursos humanos”, cuando se propone “bajar el costo laboral” o cuando se culpa del desempleo a la “excesiva regulación del mercado laboral”, se está dando por supuesto ese postulado de la economía política liberal.

[9] Por eso, dice Marx: “el hombre produce incluso libre de la necesidad física y sólo produce realmente liberado de ella”, lo cual, lo lleva a concluir que: “es sólo en la elaboración del mundo objetivo”, es decir, en el trabajo, tal cual se definió al principio de estas líneas, “en donde el hombre se afirma realmente como un ser genérico”.

[10] Todos los controles al personal que pueden observarse en las escenas que transcurren en la fábrica conducen a aumentar la productividad, arriesgando el físico lo más posible, para que el ser humano tienda a comportarse como una máquina (pero sin amortización). Esta servidumbre del ser humano a la máquina llega a tal extremo, que la voz ya referida, que se escucha por los parlantes de la fábrica cuando ingresan los obreros, dice: “Vuestra salud depende de vuestro comportamiento con las máquinas. Respetadlas y cuidadlas…”. Las máquinas merecen, para la patronal, más respeto y cuidado que las personas.

[11] La afirmación de Marx respecto de que la propiedad privada surge del trabajo enajenado llevó a cuestionar, en el momento de su publicación, lo que ocurría en los países del llamado “socialismo real”, donde la propiedad privada había sido abolida, pero se podía observar la presencia de procedimientos laborales análogos a los del paradigma taylorista/fordista, bajo el nombre, inventado en la Rusia de Stalin, de “estajanovismo”. En este sentido, Miguel Vedda dice en su “Introducción” a los Manuscritos: “El comunismo vulgar que únicamente tiene en vista la abolición de la propiedad y la igualación universal, no sólo no consigue superar la alienación humana, sino que incluso la propaga por la entera sociedad, en la medida en que extiende a todos los hombres la condición alienada en la que de momento se encuentra el trabajador”. La restauración capitalista en lo que fuera la Unión Soviética se explica, además de por la acumulación originaria generada por la corrupción de su burocracia, porque nunca dejó de existir allí el trabajo enajenado, del cual, según dice Marx en los “Manuscritos” (publicados por primera vez, como se dijo más arriba, en 1932) surge la propiedad privada.

[12] CARTA ENCÍCLICA RERUM NOVARUM DEL SUMO PONTÍFICE LEÓN XIII SOBRE LA SITUACIÓN DE LOS OBREROS. Roma, el 15 de mayo de 1891. https://www.vatican.va/content/leo-xiii/es/encyclicals/documents/hf_l-xiii_enc_15051891_rerum-novarum.html

[13] CARTA ENCÍCLICA FRATELLI TUTTI DEL SANTO PADRE FRANCISCO SOBRE LA FRATERNIDAD Y LA AMISTAD SOCIAL Asís, 3 de octubre del año 2020. https://www.vatican.va/content/francesco/es/encyclicals/documents/papa-francesco_20201003_enciclica-fratelli-tutti.html “Dios niega toda pretensión de propiedad absoluta: «La tierra no puede venderse a perpetuidad, porque la tierra es mía, y vosotros sois forasteros y huéspedes en mi tierra» (Lv 25,23)”.

[14] CARTA ENCÍCLICA QUADRAGESIMO ANNO DE SU SANTIDAD PÍO XI SOBRE LA RESTAURACIÓN DEL ORDEN SOCIAL EN PERFECTA CONFORMIDAD CON LA LEY EVANGÉLICA AL CELEBRARSE EL 40º ANIVERSARIO DE LA ENCÍCLICA «RERUM NOVARUM» DE LEÓN XIII Roma, 15 de mayo de 1931. https://www.vatican.va/content/pius-xi/es/encyclicals/documents/hf_p-xi_enc_19310515_quadragesimo-anno.html “¿Qué más que, después de una guerra, terrible, los gobernantes de las naciones más poderosas, restaurando la paz y luego de haber restablecido las condiciones sociales, entre las normas dictadas para atemperar a la justicia y a la equidad el trabajo de los obreros, dictaron muchas cosas que están tan de acuerdo con los principios y admoniciones de León XIII, que parecen deducidas de éstos? La Encíclica Rerum novarum ha quedado, en efecto, consagrada como un documento memorable, pudiendo aplicársele con justicia las palabras de Isaías: ¡Levantó una bandera entre las naciones! (Is 11, 12)”

[15] La Declaración Internacional de los Derechos Humanos en sus artículos 22 y 23 y la Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre (1948) en sus artículos 14, 15 y 16, ambas incorporadas a nuestra Constitución Nacional en su artículo 75, inciso 22, ratifican, a su vez, estos avances de la Humanidad. Véase Declaración Universal de Derechos Humanos, Organización de las Naciones Unidas, art. 23, 10/12/1948, https://www.un.org/es/about-us/universal-declaration-of-human-rights  En la Observación General N° 18 del Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, se establece: “El derecho al trabajo es esencial para la realización de otros derechos humanos y constituye una parte inseparable e inherente de la dignidad humana. Toda persona tiene el derecho a trabajar para poder vivir con dignidad. El derecho al trabajo sirve, al mismo tiempo, a la supervivencia del individuo y de su familia y contribuye también, en tanto que el trabajo es libremente escogido o aceptado, a su plena realización y a su reconocimiento en el seno de la comunidad”. Las naciones del mundo no sólo reconocieron los principios establecidos por Rerum Novarum, sino también de las propuestas de dicha Encíclica para solucionar las problemáticas que afectan a los obreros: la articulación entre los trabajadores, los empresarios y los Estados, con el imperativo, tristemente ninguneado en la actualidad por diversos voceros del liberalismo, de la “lucha contra la necesidad”, del cual se deduce que “donde hay una necesidad, hay un derecho”. Declaración de Filadelfia, OIT, Preámbulo, 10/05/1944. “La pobreza, en cualquier lugar, constituye un peligro para la prosperidad de todos; la lucha contra la necesidad debe proseguirse con incesante energía dentro de cada nación y mediante un esfuerzo internacional continuo y concertado, en el cual los representantes de los trabajadores y de los empleadores, colaborando en un pie de igualdad con los representantes de los gobiernos, participen en discusiones libres y en decisiones de carácter democrático, a fin de promover el bienestar común”. https://www.ilo.org/legacy/spanish/inwork/cb-policy-guide/declaraciondefiladelfia1944.pdf

[16] Corte Suprema de Justicia de la Nación (CSJN), Fallo Álvarez c/ Cotecsud A.1023, 07/12/2010,  http://www.saij.gob.ar/corte-suprema-justicia-nacion-federal-ciudad-autonoma-buenos-aires-alvarez-maximiliano-otros-cencosud-sa-accion-amparo-fa10000047-2010-12-07/123456789-740-0000-1ots-eupmocsollaf. En este sentido, también la Corte Interamericana de Derechos Humanos se ha pronunciado, en el Caso de los BUZOS MISKITOS (LEMOTH MORRIS Y OTROS) VS. HONDURAS (Sentencia del 31 de agosto de 2021): “Los Estados parte deben prevenir de manera eficaz toda afectación de los derechos económicos, sociales y culturales en el contexto de las actividades empresariales, por lo que deben adoptar medidas legislativas, administrativas y educativas para asegurar una protección eficaz”. El artículo 2° del Código Civil y Comercial de la Nación establece, a su vez: “La ley debe ser interpretada teniendo en cuenta sus palabras, sus finalidades, las leyes análogas, las disposiciones que surgen de los tratados sobre derechos humanos, los principios y los valores jurídicos, de modo coherente con todo el ordenamiento”.

[17] CARTA ENCÍCLICA LAUDATO SI’ DEL SANTO PADRE FRANCISCO SOBRE EL CUIDADO DE LA CASA COMÚN. Roma, 24 de mayo de 2015. https://www.vatican.va/content/francesco/es/encyclicals/documents/papa-francesco_20150524_enciclica-laudato-si.html “Jesús estaba lejos de las filosofías que despreciaban el cuerpo, la materia y las cosas de este mundo. Sin embargo, esos dualismos malsanos llegaron a tener una importante influencia en algunos pensadores cristianos a lo largo de la historia y desfiguraron el Evangelio. Jesús trabajaba con sus manos, tomando contacto cotidiano con la materia creada por Dios para darle forma con su habilidad de artesano. Llama la atención que la mayor parte de su vida fue consagrada a esa tarea, en una existencia sencilla que no despertaba admiración alguna: «¿No es este el carpintero, el hijo de María?» (Mc 6,3). Así santificó el trabajo y le otorgó un peculiar valor para nuestra maduración”.

[18]“No somos Dios. La tierra nos precede y nos ha sido dada. Esto permite responder a una acusación lanzada al pensamiento judío-cristiano: se ha dicho que, desde el relato del Génesis que invita a «dominar» la tierra (cf. Gn 1,28), se favorecería la explotación salvaje de la naturaleza presentando una imagen del ser humano como dominante y destructivo. Esta no es una correcta interpretación de la Biblia como la entiende la Iglesia. Si es verdad que algunas veces los cristianos hemos interpretado incorrectamente las Escrituras, hoy debemos rechazar con fuerza que, del hecho de ser creados a imagen de Dios y del mandato de dominar la tierra, se deduzca un dominio absoluto sobre las demás criaturas. Es importante leer los textos bíblicos en su contexto, con una hermenéutica adecuada, y recordar que nos invitan a «labrar y cuidar» el jardín del mundo (cf. Gn 2,15). Mientras «labrar» significa cultivar, arar o trabajar, «cuidar» significa proteger, custodiar, preservar, guardar, vigilar. Esto implica una relación de reciprocidad responsable entre el ser humano y la naturaleza.Cada comunidad puede tomar de la bondad de la tierra lo que necesita para su supervivencia, pero también tiene el deber de protegerla y de garantizar la continuidad de su fertilidad para las generaciones futuras”.

[19] Si bien podemos observar críticas al consumismo, que el capitalismo, ya en aquella época, había extendido a la clase obrera, esta crítica está más vinculada al concepto de “hombre unidimensional” de Marcuse, que a una preocupación por el futuro del planeta Tierra.

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