Jesus, amigo de los pueblos.

En esta fecha tan especial te traemos la historia de un gran amigazo de los pueblos, del que probablemente conozcas algo, ya que se trata de uno de los personajes más influyentes y relevantes en la historia de la humanidad. 

Hace aproximadamente dos mil años, tal como lo indica el calendario que nos rige año tras año, nacía en un humilde pesebre de la ciudad de Belén alguien que cambiaría el curso de la historia: Jesús. 

Aunque historiadores, académicos y teólogos discuten si la fecha es la exacta, cada 25 de diciembre en todos los rincones del mundo donde se profesa las distintas ramas del cristianismo, se celebra el nacimiento de Jesús en lo que popularmente se conoce como la Navidad. 

 Si bien en las últimas décadas el consumismo imperante en la sociedad posmoderna en la que vivimos parece camuflar y correr el eje de esta festividad, reemplazando a nuestro amigo como protagonista por la simpática figura de Papá Noel o Santa Claus, y con ello desvirtuando el significado original de la Navidad, hoy preferimos centrarnos en la figura de Jesús. 

Por aquel entonces, el pueblo del que provenía nuestro amigo se hallaba bajo sometimiento del Imperio Romano, así como gran parte de lo que hoy conocemos como Europa y Medio Oriente, pero encontraban la esperanza de ser libres en la llegada del Mesías, profetizado en lo que hoy conocemos como el antiguo testamento. 

En el contexto de la época, muchos creían que éste vendría en forma de un guerrero santo que los liberaría a punta de espada de la dominación romana, y no como un niño, nacido entre animales y con oficio de carpintero.  

Son muchas las cosas que podrían catalogar al homenajeado de hoy como “amigo de los pueblos”, pero el objetivo de este texto no es escribir un tratado teológico-político propio de los pensadores del inicio de la Edad Moderna, sino reflexionar sobre cómo un joven de no más de 30 años revolucionó a los habitantes de Palestina, no mediante la violencia sino a través del amor y la comunión entre pares.  

De esta manera, nuestro amigo no solo hablaba sobre lo que se debía hacer, sino que constantemente predicaba con el ejemplo; sus hechos se condecían con las ideas que pregonaba. Allí donde había exclusión y discriminación, Jesús estaba con los leprosos, las prostitutas y los publicanos (probablemente los sectores más detestados por la sociedad de aquel entonces), ayudaba a los pobres, sanaba a los enfermos y consolaba a los afligidos. A pesar de  las críticas y cuestionamientos que esto le conllevaba,  él hizo caso omiso a quienes eran consideradas las autoridades religiosas portadoras de la supuesta verdad en la comunidad de su época.

Durante los años de esplendor del Imperio Romano fueron muchos los estallidos sociales que se dieron, como por ejemplo, la célebre rebelión de los gladiadores comandados por Espartaco, que pregonaba ideas de libertad e igualdad y que hizo tambalear las puertas de Roma. Pese a la conmoción que ésta generó, en definitiva no se diferenció de otros levantamientos que tuvieron a la violencia como método. A diferencia de ellos, Jesús no solo nunca levantó una espada, sino que, como ningún otro, predicó el amor hacia el prójimo, sin importar que fuera un enemigo. 

Mediante la prédica del amor, fueron miles los que comenzaron a seguirlo; aquellos excluidos y dejados de lado encontraban a su lado un lugar donde ser parte, donde ser tratados como iguales. Esto  provocó el recelo de la cúpula eclesiástica y de Roma que miraba aterrorizada como cada día era más la gente que seguía a nuestro joven amigo., lo que llevó a su persecución y crucifixión, ya que consideraban que matándolo y persiguiendo a sus seguidores podrían apagar la fuerza de su mensaje y condenarlo al olvido, pero como suele decirse por estos pagos “el amor vence al odio”.

A la distancia, y desde nuestra época, podríamos decir que el éxito de su mensaje se basó probablemente en que inició buscando a “los de abajo”, a quienes nadie quería o tenía en consideración, y fue desde allí que comenzó a construir. Les encomendó a sus seguidores que hicieran discípulos en toda la tierra y así fue, está a la vista. El mensaje de Jesús, movido por el amor, logró difundirse hasta los confines del mundo, volviéndose hoy una fe de las más profesadas en el mundo.

En definitiva, esta fecha trasciende el hecho de creer o no en Jesús como profeta o salvador, independientemente de la fe y los credos personales,  ya que se ha vuelto una festividad popular; pero si la Argentina donde vivimos nos duele, al ver tantos hermanos y hermanas sumergidos en la pobreza, el desamparo y la más cruel exclusión, resulta importante retomar el carácter de Jesús como revolucionario pacífico, abocando por la empatía y el amor hacia el otro y sobre todo por su vocación de ayudar y estar con los sectores que son repudiados y rechazados por la sociedad. 

Es urgente que finalmente llegue el día en que a nadie le falte un pan para compartir y, sobre todo, alguien a quien demostrar cariño, más allá de lo material. Que sea el amor y la paz el camino para terminar con la injusticia y la explotación; y que este 25 vuelva a nacer la esperanza para el pueblo argentino y para todos los pueblos oprimidos del mundo.

 Pese a que fueron muchas las atrocidades que se cometieron en nombre de la cruz, lo que aquí se intenta rescatar es el mensaje de amor hacia el otro que predicó este amigo de los pueblos, que entre sus tantas enseñanzas  nos dijo “ama a tu prójimo como a ti mismo”; el cual en la opinión de quien les escribe no está muy lejos de “la patria es el otro”.

3 Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.

4 Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación.

5 Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad.

6 Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados.

7 Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.

8 Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios.

9 Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios.

10 Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.

11 Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo.

12 Gozaos y alegraos, porque vuestro galardón es grande en los cielos; porque así persiguieron a los profetas que fueron antes de vosotros.

Evangelio según San Mateo 5:3-12

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