Fuerza mayor global: una posibilidad jurídica y económica para la Argentina – Parte I

A partir de este nuevo contexto internacional de emergencia, los Estados Nacionales vuelven a tomar decisiones soberanas, independientemente de los dogmas privatistas y liberales, el desafío es animarnos a recuperar ese poder soberano para construir comunidades libres que definen su propio destino, en una integración ordenada por el bien común y el cuidado de nuestro medioambiente.

Por Ariel Duarte – Abogado UBA

Poco a poco tomamos conciencia que la Historia puede escribir un nuevo capítulo de sus épocas.

Todas las disciplinas, trabajos y saberes concurren hoy en preguntas sobre el futuro, planteos filosóficos, el por qué de las cosas, todo con la esperanza y persistencia de corroborar si efectivamente las crisis pueden significar oportunidades.

El qué hacer jurídico reflexiona sobre un lenguaje que rige nuestra vida en comunidad: un cauteloso amontonamiento de reglas que, en una simbiosis entre quienes escribieron las leyes y quienes las hacen regir, nos confirma una vez más que la Historia la escriben los que ganan.

Como oportunidad es lo que buscamos, tratamos de no detenernos en este escepticismo que tanto paraliza voluntades de transformación.

La pregunta que queremos hacer es la misma que el arte de Puerto Rico nos advierte: ¿queremos volver a la normalidad o estamos ante la oportunidad de hacer algo nuevo?

Los recovecos legales de una realidad social injusta son el perfecto motín que desde el Derecho podemos construir en esta Pandemia.

Con esto no se quiere decir que el Derecho es lo protagónico, en estos tiempos lo único que vale es cuán organizada está una comunidad para sobrevivir a lo que viene, si disponemos y estamos preparados para garantizar nuestro abastecimiento de bienes y servicios suficientes para garantizar una digna calidad de vida, cuestión que desde hace décadas viene siendo una deuda de la democracia.

En esta carrera, nuestra disciplina es uno de los tantos jinetes desde los cuales debemos buscar la mejor montura para cabalgar la evolución hacia lo que viene.

El presente trabajo intentará abordar una causal de revisión de contratos e incumplimiento de obligaciones, la Fuerza mayor, que emerge en esta coyuntura con un carácter global y sanitario, como punto de partida para poder comenzar a discutir y redefinir ciertos parámetros extranjeros utilitarios y financistas a los que nuestro ordenamiento jurídico se ha sometido durante décadas, subsumiendo a nuestra comunidad a una decadencia sin precedentes.

La exclusión: una pandemia de siempre amenaza con perpetuarse

La Organización Mundial de la Salud y la Organización de Naciones Unidas fueron contundentes: desde el comienzo del año hasta el 28 de mayo de 2020 en el mundo fallecieron 362 mil personas por Covid19, y en el mismo periodo 4,5 millones murieron por hambre (1), 12 veces más, en un mundo que produce tres veces lo que necesita para que la población se alimente.

Por otra parte, la ONU ya había advertido en un informe en 2019 que 113 millones de personas morirían de hambre el año pasado por falta de alimentos, mientras que 143 millones de personas sufrían una desnutrición severa que estaba a un paso de ese destino (2).

En el mundo, la desnutrición aguda alcanza a más de 820 millones de personas, mientras que en América Latina a 4,2 millones (3). Esta vieja pandemia no se condice con un mundo con un nivel tecnológico y científico capaz de clonar seres vivos, satélites que pueden montar la conexión de una red digital de velocidad de 10 gigas por segundo (5G), y misiles capaces de eliminar la vida humana en cuestión de segundos. Hay algo que no cierra…

Ahora bien, frente a la nueva pandemia del Covid19, los gobiernos del mundo decidieron comenzar una nueva política de Estado que ya algunos tecnócratas piensan en su efectividad para atender la cuestión ambiental (4): el aislamiento preventivo y obligatorio.

El problema es que frente a la desnutrición no existe aislamiento que valga, todo lo contrario, la crisis económica desatada llevó a que la ONU y UNICEF estimaran que en América Latina la inseguridad alimentaria pasará a 14 millones de personas, 4 veces más que el año anterior. En el caso de Argentina, estimaron que entre niños, niñas y adolescentes habrá 756 mil nuevos pobres, alcanzando los 7,7 millones, mientras que de ellos los indigentes, es decir, los que no alcanzan a alimentarse, pasaran de 1,8 a 2,1 millones, 300 mil personas más (5).

Hablamos de personas menores de 18 años que heredaron una situación social sobre la cual no tuvieron ninguna posibilidad de decisión. Ni que hablar de la situación social que se vive en los 4.228 barrios en situación de emergencia, con falta de cloacas y agua corriente, donde viven 4 millones de argentinos y argentinas.

La conclusión es evidente: estamos ante la consolidación de una pandemia que ya se arrastra desde hace años, y hoy comienza a estructurar un modelo de exclusión que descarta a casi la mitad de la población en la satisfacción de las necesidades básicas, y a 1 de cada 9 personas en el planeta, sin contar el Covid19, las condena a una muerte inmediata por falta de comida.

Algunos relativizan la miseria en cuanto a su problema endémico e histórico. Lo que no observan es que el grado de desarrollo humano desde la infancia tiene consecuencias irreversibles en la persona y en la sociedad en la que se inserta. Toda su integridad se ve dañada, desde lo humano, lo espiritual, lo cultural, su salud, la esfera de sus sentimientos y emociones, la posibilidad de ser libre en la construcción de un proyecto de vida digno.

La injusticia social y el hambre son la incubadora perfecta de la incultura del sálvese quien pueda, del crimen organizado, el odio, el resentimiento y la violencia. Nos obliga a ser sobrevivientes que desconfían del que está al lado, de mirar a un costado frente al problema del otro porque nuestro tiempo está puesto en salvar el día a día, nunca poder constituirnos como fuerza humana artífice de un destino común.

La solidaridad ya no es sólo un espíritu de vida, sino también una actividad necesaria e insustituible para poder sobrevivir al dolor de la exclusión y el abandono. Los rostros de quienes deben aguantar el hambre, así como las filas en comedores populares que no dan abasto, son la cara de una violencia humana que se cultiva cada jornada en los hogares argentinos.

La desnutrición es un problema que precisamente no se atiende porque no le toca sufrirla a los que pueden resolverlo: pocos son los que tienen poder de decisión y que al mismo tiempo conocen el dolor de huesos por pasar frío, o bien los dolores de panza y cabeza de una persona mal nutrida.

Las políticas de Estado necesarias a implementar son conocidas por quienes toman las decisiones. Por eso el hambre siempre es un crimen, porque es evitable.

Las Naciones Unidas estiman que con 10 mil millones de dólares anuales puede resolverse la alimentación de los desnutridos del mundo (6), cifra que embronca a los corazones cuando vemos que representa sólo el 0,56% de la fortuna de los 62 multimillonarios más ricos del mundo.

Foro de Davos, World Economic Forum – ex Comisión Trilateral

Una desigualdad inhumana se construyó al calor de las reglas financieras globales

Vale la pena ilustrar tal desigualdad con un recorte de Ámbito Financiero de 2016:

“… En las manos del 1% de los habitantes del planeta se concentra el mismo monto de riqueza que se reparte en el restante 99%. De esta manera, sólo 62 multimillonarios acaparan un patrimonio equivalente al de cientos de millones de personas. Tan sólo en los cinco últimos años, el patrimonio de los 62 más ricos, entre ellos 53 hombres, aumentó en un 44% a USD 1,76 billón. Al mismo tiempo, el patrimonio conjunto de la mitad más pobre de la población se redujo en alrededor de USD 1 billón (…) Unos 7,6 billones de dólares de patrimonios de personas están en paraísos fiscales fuera de los países de origen y si pagaran impuestos a la renta se generarían USD 190.000 millones más para los gobiernos cada año, estimó Gabriel Zucman, profesor asistente de la Universidad de California, Berkeley… En Estados Unidos, corazón del imperio global, 20 de los multimillonarios más acaudalados –entre los cuales filántropos del calibre de Bill Gates, Warren Buffett, Mark Zuckerberg, Jeff Bezos, Michael Bloomberg o los hermanos Koch- se reparten el equivalente de todos los bienes y dineros poseídos por el 50% de sus compatriotas, 152 millones de almas, según un estudio del Institute for Policy Studies.” (7)

A dichos magnates, paradójicamente, se los denomina filántropos, ya que donan una ínfima parte de sus fortunas por medio de sus propias ONG y fundaciones que les permiten deducir impuestos en sus países de origen, así como inmiscuirse con carta blanca en la política interna del resto de las naciones del mundo.

Siguiendo con los estudios de Davos, la congregación anual de los 2000 financistas y tecnócratas más grandes del mundo (ex Comisión Trilateral), la investigación de Oxfam en enero de 2020 calculó que“si alguien hubiese ahorrado 10.000 dólares diarios desde la construcción de las pirámides egipcias, hoy seguiría siendo un 80% menos rico que los cinco multimillonarios más ricos del mundo” (8).

En el mundo existe una desigualdad muy grande y una acumulación de dinero humanamente irreal, se trata de miles de millones de dólares creados mediante la financiarización de la economía, que ya no coloca el ahorro en función de la inversión productiva, sino en instrumentos financieros especulativos. El dinero financiero pasó de ser el 2% en 1966 de todo el dinero asociado a bienes y servicios de la economía real, a ser 10 veces su valor en la actualidad –el 1000%- (ver Ugarteche y Martínez-Ávila, 2013; y Prelooker, 1996).

Melinda y Bill Gates en el Foro de Davos

Los que tienen el dinero para terminar con la desnutrición y el desempleo optan por la limosna

Frente al Covid19, un magnate como Bill Gates prometió que donaría 100 millones de dólares para ayudar a las naciones en problemas y 750 millones para producir la vacuna, hablamos del 0,78% de su fortuna -95 mil millones- (9).

Su riqueza fue construida a partir de las patentes informáticas –IBM, Microsoft- contratadas masivamente con Estados del mundo, a partir de software que ya operaba en el área militar, todo ello de acuerdo a los compromisos crediticios (Reforma del Estado) del boom neoliberal y globalista de los 90’ con el Banco Mundial, que obligaban a informatizar la gestión pública mediante tales licencias y privatizar los servicios esenciales, siendo Estados Unidos el portavoz geopolítico de la nueva tecnocracia privatista del poder.

Tales operaciones de licencias luego le significaron el fundamento para potenciar las acciones bursátiles que vendían en los mercados de Wall Street, así como la venta de otros instrumentos financieros, todo ello con la promesa de grandes negocios que le generaba la colocación de sus patentes, garantizados con los pagos dolarizados de los Estados del mundo (nuestros impuestos).

La naturaleza de la pandemia del hambre

Queremos creer que la desnutrición es un tema más complejo que un virus como el Covid19, que se inició a partir de un murciélago que sería imposible capturar.

Frank Snowden, uno de los mayores expertos de la historia de las epidemias, sostiene que las epidemias permiten entender la humanidad y la historia. Tocan las fibras más intima de nuestra naturaleza humana. Nos plantean preguntas de vida o muerte y nuestra actitud hacia ambas. Nos muestran si nuestro mundo se preocupa por la gente más necesitada. Las epidemias son como mirarse en el espejo de la humanidad… El coronavirus es la primera gran epidemia de la globalización”. Unas líneas más para la curiosidad:

“Primero debemos comprender cómo comenzó, en un contexto de 8000 millones de personas, ciudades enormes, una deforestación que ejerce una presión insostenible sobre los hábitats de los animales, que los lleva a trasladarse a otros lugares y a cruzarse con humanos, con los que nunca habían interactuado antes. Así comenzó el Ébola, por ejemplo. Segundo, debemos comprender cómo se transmite, que es por el aire, en un contexto de megaconcentración humana en centros urbanos, potenciando su propagación. Tercero, comprendamos cómo se expande, que es a través del transporte aéreo masivo, de modo que un virus que se desata en Jakarta por la mañana puede estar en Buenos Aires, Nueva York o Roma por la noche. El Coronavirus no se puede entender sin la globalización, es un producto de esta era de la humanidad… ¡Estamos lidiando con organismos vivos que requieren ciertas condiciones para prosperar y somos nosotros quienes les damos esas condiciones!… Ahora no se trata de ir contra la globalización, que ya es un hecho, sino que se trata de cómo la manejamos de un modo que nos beneficie y corregimos lo que debamos corregir. Sólo así tendremos futuro como humanidad. La definición de “estupidez” según Einstein, es seguir haciendo las mismas cosas y esperar un resultado distinto (10).”

Frank Snowden

De este virus llamado injusticia social conocemos que la desigualdad y la falta de distribución de las riquezas que se producen son sus causas, que las soluciones estructurales pasan por el trabajo estable y que en el corto plazo es urgente frenar con el genocidio social del hambre.

Ahora bien, así como el aislamiento agravó la pandemia social que ya se venía instaurando hace décadas, amenazando con consolidar un modelo de exclusión de descarte del 25% de la población mundial, también trajo algunas consecuencias económicas y sociales inéditas, que generan las condiciones idóneas para que, en términos jurídicos, se contribuya a comenzar un humilde motín que posibilite un nuevo comienzo, una nueva normalidad más justa.

Una nueva circunstancia global de emergencia, desde el ámbito jurídico, propicia una causal de fuerza mayor que, mediante la decisión soberana de los Estados, puede rediscutir los términos desiguales en los que se rige nuestra economía desde hace décadas.

El Derecho no es todo, pero cómo ayuda

La Pandemia del Coronavirus vino a aportar una inédita y global causal de fuerza mayor y de emergencia pública sanitaria.

El efecto multiplicador de las políticas públicas soberanas de emergencia resultó un nuevo virus que comenzó a replicarse en todas las naciones del mundo.

En un principio, la enamoradiza bandera globalista rápidamente hizo su flameo: si es un problema mundial se requiere una solución global. Así es que el nuevo Estado parecía ser la OMS, curioso organismo imparcial preocupado por la salud del ser humano para que se aísle, vacune y delate a los incumplidores, pero que al momento de opinar sobre agrotóxicos, antenas de telefonía celular y neurotecnología por implantación, prefiere mirar a un costado.

Sin embargo, de cara a lo que se suponía ser un concierto del cual sólo el inocente organismo global sanitario iba a dirigir, comenzamos a observar cómo los Estados Nacionales, que parecían dormidos en el sueño de la extranjerización, la tecnocracia, el utilitarismo y la irresponsabilidad permanente, encontraron que el viejo camino del Estado de Bienestar era imprescindible para salir adelante.

La emergencia sanitaria se hizo carne en cada rama del Derecho, ramas que tiemblan ante la posibilidad de un nuevo bosque que crece delante de nuestros ojos: todo el statu quo jurídico que conocemos, que consolidaba un orden social de desnutridos y desempleados, por las propias reglas que le hemos otorgado y frente a esta inédita fuerza mayor mundial, puede ponerse en jaque y desmoronarse.

Bastaba que un país de Europa, como Alemania, decidiera imprimir dinero sin autorización de la Banca Central Europea, el Fondo Monetario Internacional y la Comisión Europea (11), para que también un conjunto de países desoyera el histórico y jurídico mandato de no atreverse a disponer de su moneda sin autorización de la troika financiera de Bruselas. También dos países de Europa, como Serbia o Italia, decidieron acudir a la Federación Rusa y la República Socialista de Cuba, frente a la desatención total sanitaria y económica de la Unión Europea, e inmediatamente España, Portugal, Grecia, entre otros, comenzaron relaciones con dichos Estados, históricos enemigos de la OTAN y vetados de cualquier geopolítica internacional amistosa en occidente.

Cuba es el caso más paradigmático, pues sufre de parte de los mismos Estados que ayuda un bloqueo que ya lleva más de medio siglo en vigencia. Sin embargo, suman casi 50 mil los médicos cubanos que prestan servicios en el mundo. Lo que comenzamos a observar en los últimos meses es inédito: miles de cubanos y cubanas especialistas en salud bajando de aviones en la Europa occidental que, hasta ahora, actuaba de hija y rehén del calor anglosajón de posguerra.

Asoma su potencia el talón de Aquiles jurídico de un sistema mundial que parece viejo y oxidado, porque suponía ser un motor de crecimiento, desarrollo y buen vivir, y hoy se vanagloria de querer reemplazar trabajadores por robots y mandar a la gente a trabajar desde su casa a destajo, por demanda de producción y no según una jornada. Un sistema que pasó de pretender la abundancia de todos a sólo consolidar y profundizar los privilegios excesivos de muy pocos.

Comienza una nueva sinergia que pone en la misma vereda diversas especialidades que hasta ahora parecían aisladas, como el Derecho del Trabajo, el Derecho público administrativo, el Derecho económico y de las finanzas públicas y el Derecho internacional privado.

Alimentar a la población y garantizar un sistema productivo que promueva el pleno empleo y el bienestar sanitario y social implica nuevos horizontes en la metodología que hasta ahora entendíamos como común.

¿Cuánto tiempo tardaremos en que la Ley de Contrato de Trabajo se derogue tácitamente en un país de millones de desocupados, hambrientos y trabajadores precarizados mediante aplicaciones? Para tener vacaciones, aguinaldos y jubilaciones pagas, con un movimiento obrero organizado que garantice tales conquistas, es necesario también tener trabajo registrado y un sector productivo que permanentemente requiera fuerza de trabajo. Todo ello implica una ingeniería económica y social que compromete a diversas ramas jurídicas, que deberán concurrir para pensar nuevos ordenamientos más justos y en los que la verdadera fuente de riqueza, el trabajo humano, sea el componente central de toda política pública.

Quizá llegaron los tiempos en que la producción deje de entenderse en términos financieros y utilitarios, y que los trabajadores organizados de la comunidad sean parte de la orquesta de un nuevo proyecto de desarrollo con justicia social, permanente y sustentable con la casa común que habitamos.

Un nuevo estado de excepción: las pandemias sanitarias y emergencias ambientales de carácter global

La práctica jurídica se encuentra frente a un nuevo tipo de estado de excepción. Hasta ahora la concepción era conocida por muchos. Giorgio Agamben y Naomi Klein hicieron su trabajo y en vastas latitudes de habla latina se estudiaron sus escritos sobre este tradicional oficio: el estado de excepción o el shock como armas predilectas para el avance de las tiranías sobre los derechos humanos.

El filósofo italiano planteaba que “El totalitarismo moderno puede ser definido, en este sentido, como la instauración, a través del estado de excepción, de una guerra civil legal, que permite la eliminación física no sólo de los adversarios políticos sino de categorías enteras de ciudadanos que por cualquier razón resultan no integrables en el sistema político”. Agregaba que “la creación voluntaria de un estado de emergencia permanente (aunque eventualmente no declarado en sentido técnico) devino una de las prácticas esenciales de los Estados contemporáneos, aun de aquellos así llamados democráticos”. Por último, concluía en que:

“Frente a la imparable progresión de eso que ha sido definido como una «guerra civil mundial», el estado de excepción tiende cada vez más a presentarse como el paradigma de gobierno dominante en la política contemporánea. Esta dislocación de una medida provisoria y excepcional que se vuelve técnica de gobierno amenaza con transformar radicalmente -y de hecho ya ha transformado de modo sensible— la estructura y el sentido de la distinción tradicional de las formas de constitución. El estado de excepción se presenta más bien desde esta perspectiva como un umbral de indeterminación entre democracia y absolutismo” (Agamben, 2005).

Giorgio Agamben

La doctrina del estado de excepción se configuró como una cotidiana práctica para ejercer el poder en tiempos de supuesta calma y paz mundial. Son amenazas permanentes que el sistema político guarda en forma celosa a fin de ampararse en ellas para doblegar los derechos humanos de los pueblos.

Por su parte, Klein afirmó que “En momentos de crisis, la población está dispuesta a entregar un poder inmenso a cualquiera que afirme disponer de la cura mágica, tanto si la crisis es una fuerte depresión económica como sí es un atentado terrorista” (Klein, 2007).

La periodista canadiense ubica al shock como constantes circunstancias de las cuales se ha servido el sistema político norteamericano, con habitual y metodológica persistencia desde la caída de las torres gemelas en adelante, a los fines de pergeñar un estado de emergencia en el que la supervivencia humana de toda la comunidad está en juego, por lo que los derechos de las personas –entre ellos los laborales y los de la libertad- pasan a un segundo plano.

Naomi Klein

Hoy día nos encontramos ante un nuevo shock o estado de excepción, el Coronavirus, con la novedosa particularidad de su globalidad simultánea e incontrolable, que lo convierte en una causal de fuerza mayor global.

La fuerza mayor es una circunstancia imprevisible e inevitable que altera las condiciones de cualquier compromiso u obligación. Si efectivamente el Covid19 no fue creado por nadie y no queda otra que padecerlo, entonces es una fuerza mayor de carácter internacional y sanitario. No tiene un enemigo con nacionalidad, etnia, religión o sistema político económico determinado, no es el terrorismo, la subversión, el narcotráfico, el fascismo o el fundamentalismo islámico, no hay ideología a la cual inculpar más que a las propias reglas que nos hemos dado: la salud y el bienestar eran supuestamente un costo impagable y nos costará mucho no haberlos cuidado.

El sistema, que endiosó el dinero y la rentabilidad a cualquier costo, generó una masa de excluidos a la cual el Coronavirus intenta tomar de rehén para que algunos pretendan consolidar una sociedad injusta.

Es información el hecho de que avanzan planes a nivel global para ejercer un control “sanitario” sobre la población, mediante los denominados contact tracing o certificados digitales que concentren la información sanitaria de una persona y su adscripción total a los calendarios de vacunación. También se han anunciado públicamente aplicaciones móviles para el control de las cuarentenas, o bien los famosos chips que desarrolló la compañía Neuralink del magnate financiero Elon Musk(12)… Nuestro país, en efecto, adoptó en mayo un sistema de contact tracing por recomendación de la OMS, mediante la Aplicación CUIDAR.

Elon Musk en su presentación de Neuralink

Sin embargo, fueron muchas las horas y pochoclos frente a los escenarios distópicos de la gran pantalla. Todos sabemos que a pesar de la mesa chica que planifica y dirige, el ser humano siempre guarda en sí la parte divina y trascendente que lo va a potenciar en su deseo de libertad y dignidad. A fuerza del arte cinematográfico, aprendimos que la magia de la tecnociencia debería ser ayudar a que trabajemos menos horas, con menos esfuerzo físico y en mejores condiciones, todo eso para disponer de tiempo y salud psicofísica para el cultivo de otras actividades humanas.

Desde ya que para muchos trabajar menos no terminó siendo por las horas, sino por perder los trabajos y cada vez vivir peor. En la vieja ecuación futurista que conocimos en las películas, la que en realidad siempre había operado en cada presente, los desplazados por la tecnología se convertían en sobrevivientes que debían ayudarse construyendo comunidad para salir adelante. Por eso, en estos presentes tan distópicos, los gobiernos y los pueblos del mundo también comienzan a poner en discusión el predominio brutal de las finanzas por sobre las decisiones políticas y económicas.

Los análisis conspirativos no funcionan porque lo único que sirve es lo que hacemos cada día para dignificarnos como seres vivos, únicos e irrepetibles. El primer paso para que podamos ser libres va a ser la renuncia cotidiana a ser esclavos de nuestra propia resignación. La decadencia nunca es inevitable porque cada día podemos tomar la decisión de construir en grande y que no decaiga la magia de estar acá, vivos.

En estos temas de hacer lo imposible, todos los días es “El” día.

Desde este punto de vista, en un orden social injusto donde pocos tiene privilegios desmedidos y muchos carencias extremas, la tecnología y los nuevos acontecimientos de la integración global naturalmente serán parte de la planificación de las oligarquías para cabalgar esa evolución en la perpetuidad de su poder, lo que no quita que los pueblos también la cabalguemos y tengamos, de igual modo, la posibilidad de servirnos de esa tecnología e integración, para tender puentes que nos potencien y nos dignifiquen como comunidades libres de cualquier tipo de explotación humana.  

Prioridades de toda comunidad frente al ordenamiento jurídico

Cuando el estado de excepción se convierte en una fuerza mayor invisible y mundial, podemos poner en discusión todo lo que hasta ahora era una verdad jurídica revelada, pues ese statu quo del liberalismo global nos ha desprotegido ante una epidemia que desde hace años muchos aventuraban (13).

¿Qué es más importante: la vida de millones de personas por un sistema sanitario ya colapsado, o que Pacta sunt servanda (los pactos están para ser cumplidos) y non venire contra factum propium (la doctrina de los actos propios)?

¿Es más importante la vida y el sistema sanitario o, paradójicamente, pagar los 30 mil millones de dólares sólo de intereses, a pagar este año 2020 por parte de Argentina a acreedores externos? ¿Es más importante proteger el salario y el poder adquisitivo de millones de personas frente a un país parado, o bien que cualquier multinacional puede cerrar y fugarse del país con las indemnizaciones de las personas y el trabajo acumulado por décadas? ¿Es más importante alimentar a la población, o bien que el conjunto de la producción agropecuaria se siga orientando a la demanda internacional y orquestada por 5 grandes compañías exportadoras extranjeras (14)?

En un mundo que cierra sus fronteras, lo único que condiciona nuestro deber histórico es el terror confeso de la dirigencia a las consecuencias por no cumplir con las reglas financieras y económicas globales. Un pánico tácito en toda democracia occidental frente a la propiedad privada del dinero como dogma religioso del campo jurídico.

A partir de este nuevo contexto internacional de emergencia, los Estados Nacionales vuelven a tomar decisiones soberanas, independientemente de los dogmas privatistas y liberales, y el desafío es animarnos a recuperar ese poder soberano para construir comunidades libres que definen su propio destino, en una integración ordenada por el bien común y el cuidado de nuestro medioambiente.

En este concierto, el jurista ya deja de ser el mecánico que viene a arreglar las clásicas y eternas fallas de la maquinaria social injusta: nos convertimos en potenciales artistas a los cuales nos piden que, a partir de la situación heredada y al compás de la fuerza mayor, creemos nuevas alternativas para afrontar la emergencia.

En una próxima entrega, se seguirá trabajando sobre el diagnóstico y las posibilidades concretas de construir desde la fuerza mayor un nuevo comienzo.

Se adjunta a continuación el trabajo completo.

Bibliografía

Agamben, Giorgio. Estado de excepción. Homo sacer, II, I. Adriana Hidalgo Editora. Buenos Aires: 2005.

Klein, Naomi. La doctrina del Shock. El auge del capitalismo del desastre. Paidós Ibérica ediciones. Buenos Aires: 2007.

Prelooker, Mauricio. La economía del desastre. Grupo Editor del Encuentro. Buenos Aires: 1996.

Ugarteche y Martínez-Ávila, La gran mutación: el capitalismo real del siglo XXI, Editorial Brevarios de Investigaciones Económicas, 2013

Notas

  1. Estadísticas de la United Nations World Food Programme, World Health Report – World Health Organization (WHO), The State of the World’s Children – United Nations Children’s Fund (UNICEF), en www.worldometers.info. Ver también: “Un niño menor de 15 años muere cada cinco segundos en el mundo, según un informe de la ONU”. En Unicef: https://www.unicef.org/es/comunicados-prensa/un-ni%C3%B1o-menor-de-15-a%C3%B1os-muere-cada-cinco-segundos-en-el-mundo-seg%C3%BAn-un-informe.
  2. “Más de cien millones de personas pueden morir de hambre”. Publicado el 02/04/2019, en Naciones Unidas: https://news.un.org/es/story/2019/04/1453791. “Día Mundial de la Alimentación: 2,8 millones de niños mueren al año por causas relacionadas con la desnutrición”. Publicado en UNICEF: https://www.unicef.es/noticia/dia-mundial-de-la-alimentacion-28-millones-de-ninos-mueren-al-ano-por-causas-relacionadas.
  3. “El hambre en el mundo lleva tres años sin disminuir y la obesidad sigue creciendo”. Publicado el 15/07/2019 en Organización Mundial de la Salud: https://www.who.int/es/news-room/detail/15-07-2019-world-hunger-is-still-not-going-down-after-three-years-and-obesity-is-still-growing-un-report
  4. Guadagni, Alieto Aldo. “Hacia una nueva globalización”, publicado en Ámbito financiero, el 15/05/2020. Ver también: “El beneficiario inesperado del coronavirus: el planeta”. Publicado el 17/03/2020, en CNN: https://cnnespanol.cnn.com/2020/03/17/hay-un-beneficiario-poco-probable-del-coronavirus-el-planeta/. “El parate mundial por el Covid-19 limpió los cielos y redujo el calentamiento global”. Publicado el 22/03/2020 en Infobae: https://www.infobae.com/economia/2020/03/22/el-parate-mundial-por-el-covid-19-limpio-los-cielos-y-redujo-el-calentamiento-global/
  5. “Frente al aumento de la pobreza infantil, UNICEF llama a fortalecer la protección social. Informe en el marco de COVID-19”. Publicado el 20/05/2020 en UNICEF: https://www.unicef.org/argentina/comunicados-prensa/Covid19-pobreza-desigualdad-infantil-2020
  6. “La ONU alerta sobre el Mapa del Hambre”. Publicado en La Vanguardia, el 17/01/2020: https://www.lavanguardia.com/internacional/20200117/472922349545/hambre-africa-emergencia-climatica-onu-programa-mundial-de-alimentos-yemen-ayuda-alimentaria-hambruna.html
  7. “Sólo 62 personas tienen la mitad de la riqueza mundial”, publicado en Ámbito Financiero, 19/01/2016.
  8. “Piden (en Davos) más impuestos para los ricos”, publicado en Ámbito Financiero  el 21/01/2020.
  9. “Bill Gates prometió donar 100 millones de dólares para combatir el coronavirus”. Publicado en Clarín el 05/02/2020: https://www.clarin.com/tecnologia/bill-gates-prometio-donacion-millonaria-combatir-nuevo-coronavirus_0_p4MqRyvE.html. “Coronavirus: Gates aportó 750 millones de dólares al proyecto de vacuna de Oxford”, publicado en Página 12, el 05/06/2020.
  10. “Frank Snowden. ‘Las epidemias son como mirarse al espejo de la humanidad, y puedo decir que no todo es bello’”. Publicado en La Nación el 29/03/2020.
  11. “Alemania rescata a sus grandes multinacionales (y sus acciones repuntan)”. Publicado en Ámbito financiero el 27/03/2020.
  12. “Las autoridades de 23 países en cinco continentes han buscado acceder a la tecnología de seguimiento de contactos de Apple Inc. y Google de Alphabet Inc., anunciaron ayer las compañías en el lanzamiento de la versión inicial del sistema. La tecnología de Apple y Google permitirá a los gobiernos que enfrentan al Covid 19 publicar aplicaciones móviles en los próximos días, que las compañías dijeron podrán registrar de manera confiable a los usuarios que mantienen proximidad física por al menos cinco minutos. Un usuario que posteriormente se infecte con el virus podría usar la aplicación para notificar de manera automática y anónima a sus contactos recientes. Algunos gobiernos han aplaudido el sistema, que podría ayudarlos a examinar y aislar individuos potencialmente infectados de forma eficiente que mediante las consultas que buscan que recuerden sus interacciones recientes”, publicado en Panorama Bursátil de Ámbito financiero el 21/05/2020. Ver también: GATES, Bill. “31 questions and answers about COVID-19”, publicado en su portal web personal Gates notes el 19/03/2020: https://www.gatesnotes.com/Health/A-coronavirus-AMA. “Crece la presión internacional para que la vacuna contra el Covid19 sea bien público mundial”, publicado en Ámbito financiero el 19/05/2020. “El retorno de los desconocidos de Siempre”, escrito por Walter Graziano para Ámbito financiero, el 05/05/2020. “Elon Musk says there’s a chance his AI-brain-chip company will be putting implants in humans within a year”,publicado en Business insider el 07/05/2020: https://www.businessinsider.com/elon-musk-neuralink-brain-chip-put-in-human-within-year-2020-5
  13. No sólo lo hizo Bill Gates en una charla TED en 2015, sino que un estudio de 2015, dirigido por Ralph Baric y el grupo de científicos norteamericanos que venían abordando el virus del SARS (síndrome respiratorio agudo severo) proveniente de los murciélagos de herradura chinos, advertían la inminente posibilidad de un nuevo brote. En 2002 y 2003, el SARS, que se originó en estos mamíferos voladores, se extendió por China y otros países, cobrándose la vida de unas 800 personas. El estudio de hace cinco años, sugería «un riesgo potencial de la reaparición del SARS-CoV de los virus que circulan actualmente en poblaciones de murciélagos» y subrayó que el nuevo virus sería capaz de transmitirse directamente de murciélagos a humanos. En aquel entonces, Baric dijo: «Los estudios han pronosticado la existencia de casi 5.000 coronavirus en poblaciones de murciélagos y algunos de estos tienen el potencial de emerger como patógenos humanos». Por último, concluyó en 2015 que «Esta no es una situación de ‘si’ habrá un brote de uno de estos coronavirus, sino más bien cuándo aparecerá y qué tan preparados estaremos para abordarlo».
  14. Las grandes multinacionales que manejan el comercio internacional de productos de origen agropecuario: Cargill, ADM Agro, Bunge, Dreyfus y COFCO. Ver “En 2018, cinco exportadoras concentraron el 54,4% de las ventas de granos y subproductos, las primeras 10 lo hicieron en un 90%”, publicado en La Nación el 27/02/2019.

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