El significado de la Cuenca del Plata

Por Justo Arias y Fausto Estefanell Pradás – Facultad de Derecho UNLP

Cuando pensamos nuestra soberanía, un lugar para explorar fundamental es la Hidrovía Paraná-Paraguay. ¿Qué vamos a hacer con el río por el cual se comercia el 70% de las exportaciones?

Al hablar de “hidrovía” nos referimos al corredor natural de transporte fluvial que excede los 3.400 km de largo, a través de los ríos Paraná y Paraguay, que permite la navegación entre los puertos de Argentina, Brasil, Bolivia, Paraguay y Uruguay.

Para quedarse con la navegación del Paraná también nos importaron un negocio de nuevo lenguaje. Los gringos inventaron una palabra española que no existía: Hidrovía.

La Cuenca del Plata -su verdadero nombre- es considerada una de las reservas hídricas más importantes del planeta, no sólo por el caudal de los ríos que desaguan en él, sino por la diversidad biológica del área y por la riqueza de los territorios, convirtiéndose en un eje central para el funcionamiento de la economía de nuestra Nación; puesto que a través de ella son transportados productos de exportación como soja, maíz, trigo, cebada, colza, sorgo, arroz y maní y sus derivados, harinas, pellets y aceites.

Datos objetivos de la Bolsa de Comercio de Rosario dan cuenta de la importancia de la Hidrovía:

  • Moviliza el 82% de los despachos de exportación de granos, harinas y aceites;
  • Opera cargas que equivalen al 23% del movimiento total anual de cargas en nuestro país;
  • Concentra el 91% del movimiento de cargas contenerizadas del país;
  • Ingresa el 60% de los buques metaneros que mediante los cuales importamos Gas Natural Licuado que realiza ENARSA;
  • Operan desde Rosario hasta el Océano casi 4.500 buques por año; Moviliza más de 600.000 automóviles;
  • El movimiento de pasajeros en el Puerto de Buenos Aires es de casi 313.000 personas al año.

Su funcionamiento en pos del interés nacional es esencial, sin embargo, el detalle que tendenciosamente se omite, radica en que, desde 1995, es controlada y gestionada por dos empresas privadas, una de ellas extranjera; donde pareciera que su manejo no configura -per se- un agravio a la soberanía argentina.

La conducción del comercio exterior constituye una de las aristas principales de la soberanía, como también la recuperación de las islas Malvinas, la histórica deuda externa en moneda foránea, entre otras causales de dependencia, que -directa o indirectamente- afectan la posibilidad de que el Pueblo argentino decida sobre los destinos de su Patria.

En efecto, intereses que no son otros que la acumulación por medio de la desposesión, que a su vez, corre los límites de la soberanía -achicándolos- en perjuicio de los grupos más vulnerables.

La magnitud de su potencialidad para el desarrollo económico y la defensa de nuestra soberanía, es proporcional a la desregulación y al saqueo por parte de los consorcios a cargo de dichas empresas, que, con la aquiescencia y complicidad de los gobiernos de turno, ejecutaron desde la década del ‘90 hasta la actualidad.

En 2020, mediante el Decreto N° 949/20, el presidente Alberto Fernández manifestó su voluntad de volver a licitar esta vía navegable, continuando con lo que constituye, a esta altura, “una política de Estado».
Como si los motivos expuestos fueran insuficientes, la concesión de la Cuenca está plagada de violaciones a la Ley, siempre en beneficio de las empresas privadas:
Renegociación del contrato siete años antes del plazo estipulado, cuando este aún se encontraba vigente.
Tarifa dolarizada por decreto del Poder Ejecutivo a pesar de la vigencia de una ley sancionada por el Congreso que pesificaba todos los contratos de obra pública;

Aumentos permanentes de las tarifas sin estudios previos y sin tener en cuenta los costos reales de explotación;
Falta de creación de un organismo de control independiente que permita contar con información veraz sobre el estado de la obra, las ganancias y los costos de la empresa concesionaria;

En la renegociación y nueva concesión realizada en 2010 se suprimió la mención del “riesgo empresario y sin avales del Estado”, lo que implicó necesariamente que todos los trabajos que se realizaran serían a riesgo y con el aval del Estado.
En virtud de las razones esbozadas debemos preguntarnos:

¿Por qué dos empresas privadas, ajenas a los intereses del Pueblo y que no se encuentran sometidas a la Ley nacional, controlan las aguas que concentran un amplio sector de nuestro comercio exterior?
Gran parte de los recursos naturales se hallan en el agua, siendo que nuestro país se compone más de agua que de tierra y, aun así, carecemos de una flota naval nacional. En este estado de cosas, si no tenemos control sobre ellas, tampoco lo tendremos sobre nuestros recursos.

La situación no es novedosa; en 1845 Gran Bretaña y Francia aspiraban a controlar nuestras aguas, bloqueando los puertos y abriéndose paso a través de ríos interiores. Precisamente, en honor a la resistencia que ocasionó la Batalla de la Vuelta de Obligado, cada 20 de noviembre se conmemora el Día de la Soberanía Nacional.

Sin embargo, es paradójico recordarlo en honor a un combate que tuvo como objeto las aguas que actualmente son controladas desde hace décadas por dos empresas privadas, una de ellas foránea, con el beneplácito de los últimos gobiernos constitucionales.

Avivar la conciencia se vuelve una necesidad imperiosa, para dar cuenta de quiénes son -o intentan ser- los verdaderos mandamases, titulares del poder real, que no van a elecciones ni son sometido a juicio de residencia, y para poder decidir acerca de nuestro destino sin ningún tipo de injerencia ajena en los intereses propios.

Tal asunto, no es otra cosa que la libertad misma.

No te pierdas el informe completo realizado por el gran Alejandro Olmos Gaona, para conocer más sobre la Cuenca del Plata y la complicidades en la pérdida de soberanía sobre nuestro principal río.

Informe completo:
http://repliegue.com.ar/el-negocio-de-la-hidrovia-y-la-complicidad-de-los-funcionarios-publicos/

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