Dios atiende en Fiorito

Publicado el Por Repliegue

Por Ariel García

Transcurridos tres días desde ese miércoles maldito, lo que todo el mundo esperaba que suceda no aconteció. Es que hasta los textos bíblicos se rinden ante la grandilocuencia del destino.

Maradona no está más entre nosotros, al menos en estado físico. El ícono se volvió mito, y con él miles de pasiones en forma de grito se apoderaron del paisaje dialéctico de todas las ciudades alrededor del globo.

Al llanto de millones de que colmaron calles y estadios, se sumó la voz de los detractores de su figura, cuestionándolo por su calidad de persona y los eventos de su esfera privada que trascendieron durante su vida. Pero entonces:

¿Qué es Diego Armando Maradona? O mejor dicho, ¿qué es el Diego?

Emprender la tarea de comprender a Maradona desde la hemeroteca, desde el pulso académico es profanar el sentido. Como decía Gramsci: “El elemento popular siente, pero no siempre comprende o sabe, mientras que el elemento intelectual sabe pero no comprende o no siente. El error del intelectual consiste en creer que se pueda saber sin comprender y, especialmente, sin sentir ni ser apasionado.” 

A veces por juzgar las acciones bajo el prisma de la corrección política nos olvidamos que juzgado y juzgador compartimos la misma condición de ser: seres humanos.

Como si el sol no se levantara para luego ponerse, alabamos las luces incandescentes, pero solo para luego señalar las sombras. “Era el mejor con la pelota, pero en su vida personal…”. Estos absolutismos desde la certeza de que todos sabemos cuál es el camino moralmente aceptable para la sociedad, son nuestro propio laberinto. 

Estos policías del sentimiento señalan al que elige creer y pretenden censurar el dolor popular, mientras ellos mismos no pueden reconciliarse con sus propios fantasmas. Esta pretendida vara desde la cual medimos parámetros de ética esconde la mayor de las hipocresías. 

Se asumen como apóstoles de la igualdad de derechos y esgrimen pretendidas defensas a favor de los pobres y desvalidos que no tienen oportunidad de elegir, al mismo tiempo que son implacables con el pibe humilde que logró consagrarse al calor del techo de chapa y pifió algún que otro penal. Escriben a diario salmos de 150 caracteres marcando en un lado y en el otro donde están la izquierda y la derecha, y son el mismo paradigma conservador que no muestra piedad con el que crece con la estómago vacío, exigiéndole más que a los afortunados.

Las contradicciones son intrínsecas al ser humano como entidad, individualizar el problema en una sola persona es negar una realidad estructural, social y cultural.

Para entender al Diego es preciso adentrarse en las profundidades del ser humano, para ver lo humano de la profundidad.

No comprenden que como todos, Pelusa está hecho de ángeles y demonios, de barro y champagne, de la cruz y del pecado, de la misa y la barbarie, de errores y aciertos, de virtudes y carencias, de amor y odio, de la gloria eterna y la derrota categórica. Esa mixtura sui generis hace a nuestra idiosincrasia; nos hace lo que somos.

¿Apología del fanatismo? No. O más bien, como decía Eva “El fanatismo que convierte a la vida en un morir permanente y heroico es el único camino que tiene la vida para vencer a la muerte”. 

Live is Life.

Maradona es el beso a mamá. Es el pibe que duerme abrazado a la pelota, es el abrazo con el amigo con el que te peleaste a muerte. Es el padre con el tobillo hinchado que se vuelve a levantar para salir a la vida y traer el pan a la mesa familiar. Es caer en la tentación y pifiarla fuerte hasta hundirse. Es luchar para salir de vuelta. Es pelearla contra eso que no te dejar vivir. Es no dar ninguna pelota por perdida. 

Además de todo eso, es el mejor jugador de todos los tiempos del deporte más popular del mundo. Eso es lo que lo hizo trascender y lo hace eterno.

Del mismo modo que fue futbolista, pudo haber sido maestro, taxista, obispo, militante, secretario general de un gremio, general de ejércitos o jefe de Estado. Puedo haber sido cualquier cosa, porque por sobre todas las cosas, era argentino.

No importa qué, cuándo o en dónde. Maradona expresa la esencia, eso que cada quien forjado al sol de estas llanuras lleva dentro. 

Es la pasión, la tenacidad por las causas imposibles, el orgullo de sabernos los mejores por el sudor de nuestra frente, la humildad de los grandes, la entrega por los nuestros, la lealtad a los orígenes, la esencia de lo auténtico, la opinión sin “caretearla”, el llegar a la cima para caer y volver a levantarse, la convicción y la lucha inclaudicable por las pulsiones del corazón, la rebeldía contra el opresor.

“Rebelde es la semilla que aprisionada, desde el mismo silencio revienta y se alza, rebeldía es la sangre que enardecida se libera del surco de las heridas”, reza Larralde.

Es el genoma. La unidad molecular del ser nacional. Es pueblo. Sos eso Diego.

De la misma forma que José de San Martín cruzó los Andes para hacernos libres, vos también lo hiciste pelusa. En 10:06 segundos la agarraste de atrás de mitad de cancha y recorriste 52 metros de terreno invasor para meterte con bandera y todo adentro del arco. Ahí plantaste el pabellón y nos dijiste a todos que se puede. Con un giro de cintura y mil gambetas eludiste el destino y le mostraste el horizonte a un millón de pibes argentinos.

Rompiste las cadenas más gruesas, esas que no se ven. Las cadenas del colonialismo cultural. Nos hiciste libres.

“Y Jesús dijo me voy, de tácticas ya no hablo pero un consejo les doy: la pelota siempre al 10”, dijo un cantautor.

Es que el Diego siempre supo bien cuáles eran los partidos importantes. Abanderado de las causas nobles. Dios terrenal de los descamisados, máxima expresión de la emoción popular. La rebeldía del Sur discriminado contra los poderosos del Norte. La organización de los trabajadores del fútbol y la creación de la herramienta sindical. La espada más fiel de Latinoamérica. El tren de la soberanía de los pueblos y el destierro del ALCA. La corrupción de la FIFA. La venganza por los pibes de Malvinas. La bandera de la solidaridad con los más humildes. El compromiso con las Abuelas y mil batallas más.  

Siempre del lado del oprimido, de los sin voz, de los que no tienen justicia. Desde Fiorito a Bangladesh, de Cartagena a Nairobi, de La Habana a Nápoles; tu puño levantado se convirtió en emblema, en ícono mundial. 

Diego Armando Maradona, el Diego, pelusa. Hoy nos toca ser guardianes de tu legado eterno, paladines de tu mensaje, custodios de tu memoria, pero sabiendo que no podemos apropiarnos de lo que ya no nos pertenece.

Hoy te volviste mito, y como tal, patrimonio de todos los pibes y pueblos del mundo que luchan por ser libres.

“El pueblo no olvida a quien no lo traiciona”.

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