A 130 años del nacimiento de Carlos Gardel

Escrito por German Duarte

Es hijo malevo, tristón y canyengue. Nació en la miseria del viejo arrabal. Su primer amigo fue un taita de lengue. Su mina primera vestía percal. Recibió el bautismo en una cortada y fue su padrino un taita ladrón. Se ganó el lao flaco de la muchachada, que en una quebrada le dio el corazón. Tango argentino sos el himno del suburbio y en jaranas o disturbios siempre supiste tallar. Y, en los patios con querosén alumbrados, los taitas te han proclamado el alma del arrabal.

“Tango argentino”, grabado por Carlos Gardel el 11-12-1929.

Como todos sabemos, nuestro país tiene 210 años de Historia, los cuales son muy pocos si tenemos en cuenta los miles de años de Historia de la Humanidad. Siendo que en 1810 hacía miles de años que los seres humanos venían generando cultura y considerando que después de ese año el resto de los pueblos del mundo también siguieron produciéndola , cabría preguntarse: ¿cuántas posibilidades tenía nuestra Nación de generar algo nuevo? ¿Cuánta magnitud podría tener nuestra cultura? ¿Nuestra influencia en la cultura universal puede ser más que una simple huella?

Uno de nuestros máximos poetas nacionales, Homero Manzi, se formuló preguntas semejantes, añadiendo el hecho de que la población originaria de nuestro continente fue sometida y su cultura considerada inferior: “Nuestra pobre América, a la que parecía no corresponderle otro destino que el de la imitación irredenta. No podíamos intentar nada nuestro. Todo estaba bien hecho. Todo estaba insuperablemente terminado. ¿Para qué nuestra música?”. Sin embargo, Manzi plantea una superación de esta suerte de karma, que parecía estar en nuestra esencia: “Todo lo que cruzaba el mar era mejor y, cuando no teníamos salvación, apareció lo popular para salvarnos. Instinto de pueblo. Creación de pueblo. Tenacidad de pueblo (…) Mientras tanto, lo antipopular, es decir lo culto, es decir lo perfecto, rechazando todo lo propio y aceptando lo ajeno, trababa esa esperanza de ser que es el destino triunfador de América”.

Hacemos esta introducción para dimensionar la verdadera epopeya popular que significó el tango, el cual no es solo un género musical o un estilo de baile, sino más bien el principal movimiento cultural de nuestro país, además de ser nuestra marca indeleble, nuestro mayor aporte a la cultura universal. Sin dudas el héroe de esa epopeya es un hombre surgido de un barrio humilde, quien batalló contra todos los obstáculos puestos por la sociedad oligárquica a los sectores populares y a sus expresiones artísticas, para llegar a una dimensión universal: Carlos Gardel, cuya voz fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en el año 2003, reconocimiento que comparte con, por ejemplo, las partituras de Mozart y las pirámides de Egipto.

El tango existía antes de Gardel. Era una expresión que combinaba un género criollo como la milonga, con influencias africanas (incluso la palabra “tango” viene del nombre de un tambor africano llamado “tangó”) y europeas. En esa época, previa a la reproductibilidad técnica del arte sobre la que teorizó Walter Benjamin, la música se difundía a través de partituras, para ser ejecutadas por cualquier intérprete. El tango, que sonaba sobre todo en los conventillos y en los ambientes prostibularios, que abundaban en el Buenos Aires de aquel entonces, era solo instrumental, agregándose generalmente a las partituras títulos picarescos, humoradas relacionadas con la sexualidad y la prostitución. Carlos Gardel fue el creador del tango-canción, es decir, aquello que todos pensamos cuando oímos hablar de “tango”, lo cual difiere completamente de lo que era a fines de siglo XIX y principios del XX. Carlos Gardel conoce a Pascual Contursi, quien le agregó letra a uno de esos temas instrumentales, el tango “Lita” de Samuel Castriota. El tango “Mi noche triste”, el primer tango canción, introduce los parámetros líricos y musicales del tango, destacándose la melancolía del pueblo argentino en esos tiempos de cambios y el uso del lunfardo, del lenguaje callejero e incluso delictivo.

En 1917, Carlos Gardel descubre ese tango en una velada arrabalera, en un bar de mala muerte, lo graba y da inicio a un prolífico movimiento artístico, donde músicos y poetas populares hacían todo lo posible para llegar a él y para lograr la grabación de sus obras con la voz del zorzal criollo, quien llegó a grabar más de 800 temas, generando el canon que seguirían después todos los intérpretes y compositores posteriores.

Sin embargo, Gardel no solo fundó un movimiento cultural, sino que además le dio el carácter universal del que hablábamos antes. Triunfó en París, considerada entonces la meca de los artistas del mundo, y en Hollywood, donde ya se estaba consolidando la principal industria cinematográfica del planeta. En ese período, Gardel se destaca no solo como compositor de decenas de tangos, sino también como actor y estrella del cine internacional. Tal es la fama de esas composiciones que incluso pueden verse en películas como “Perfume de mujer” y “Mentiras verdaderas”, a Al Pacino y a Schwarzenegger bailando los tangos de Gardel. Es también un pionero del film sonoro, habiendo estrenado la primera película sonora de Latinoamérica en 1931, “Encuadre de canciones”.Gardel, además de recorrer todo el Viejo Mundo, también recorrió Latinoamérica, “dispuesto a defender nuestro idioma, nuestras costumbres y nuestras tradiciones, con la ayuda del film sonoro argentino”, como él mismo dice en la película mencionada. El reconocimiento internacional del tango ha hecho que nuestra oligarquía, que siempre lo había despreciado, lo acepte, aunque quizás quitándole la frescura popular que lo caracterizó en sus orígenes. Como cantaba el propio Gardel en el tango citado al comienzo de estas notas: “¿qué quieren aquellos jaileifes del centro, que te han disfrazo y te han hecho un bacán? Serás siempre extraño en tu aristocracia, en cambio sos hijo allá en tu arrabal”.

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